Por: María Jesús Palma Sainz
Los amantes de la repostería tradicional estamos de enhorabuena durante la Semana Santa. Es el momento en que el aroma a incienso de las procesiones se funde con las fragancias de canela, anís, matalauva o limón que emanan de pastelerías y hogares. Pero si hay un dulce por excelencia en las mesas de Cuaresma, ese es, sin duda, la torrija.
Un origen entre fogones romanos
Este postre, basado en una rebanada de pan empapada en leche, rebozada en huevo, frita y aromatizada con almíbar o azúcar, es uno de los dulces más antiguos de los que tenemos constancia. La primera referencia a un plato similar aparece ya en el siglo I d.C., en la obra De re coquinaria de Marco Gavio Apicio, considerado el primer gourmet de la historia.
El "alimento de las paridas"
Curiosamente, durante siglos la torrija no estuvo vinculada a la religión, sino a la vida. En el siglo XV, comenzó a ligarse a los nacimientos de bebés. Se creía que, al estar empapadas en leche, estas rebanadas estimulaban la secreción láctea en las mujeres. Era costumbre obsequiar a las parturientas con pan, leche, huevo y dulce, ingredientes considerados altamente energéticos para la recuperación tras el parto. Esta herencia sobrevive hoy en la etimología popular:
● Menorca: Se conocen como sopes de partera.
● Galicia: Se denominan torradas de parida.
● Diáspora sefardí: Reciben el nombre de reBanadas de parida.
Incluso en 1705, el Diccionario nuevo de las lenguas española y francesa definía las torrijas como las rebanadas fritas con miel que se daban a las mujeres recién paridas en España.
El salto a la Cuaresma
¿Cómo pasó un dulce de bautizo a ser el estandarte de la Pasión? La respuesta está en el siglo XIX. Al abaratarse materias primas como el azúcar de remolacha, la torrija pasó de ser un postre refinado a uno considerado humilde.
A partir de la segunda mitad de ese siglo, comenzó su vínculo con la Semana Santa al integrarse en los menús de vigilia. Al estar compuestas por ingredientes compatibles con el ayuno y la abstinencia, servían para "alegrar" la estricta dieta cuaresmal y aportar las calorías necesarias para que los campesinos no desfallecieran en el campo.
Simbolismo y Resurrección
Más allá de su aporte nutricional, la torrija adquirió un profundo significado místico relacionado con la Resurrección de Jesús:
● El pan: Identificado con el cuerpo de Cristo.
● La fritura: Representaba el sufrimiento de la Pasión.
● La leche y la miel: Símbolos del resurgir y la esperanza.
Hoy, afortunadamente, podemos disfrutar de este manjar todo el año. Por mi parte, aprovecharé estos días para honrar la tradición con la receta heredada de mi bisabuela, quien sabe si inspirada en aquellas antiguas "torrijas de parida".