Tipos de códice
Existen tipos de códices que varían en su contenido para los que fueron hechos, comencemos aclarando con:
Rituales-calendáricos
Aquí destacan los cuatro códices mayas que después hablaremos de ellos, el grupo Borgia y el Códice Borbónico. Una vez que las autoridades eclesiásticas se dieron cuenta de la grave equivocación cometida al quemar la mayor parte de estos códices, intentaron en algunos casos subsanar encargando la elaboración de otros nuevos con explicaciones sobre religión y rituales indígenas. Entre ellos cabe señalar el grupo Magliabechiano, formado por este documento y los Códices Tudela, Ixtlilxochitl y Veytia y el compuesto por los Códices Telleriano-Remensis y Vaticano A. La diferencia entre el contenido de los códices religiosos prehispánicos y coloniales es enorme. Por ejemplo, en los códices que conforman el Grupo Borgia la descripción sobre la asociación de los días con las distintas deidades, agüeros, destinos, etc., es ingente y poco comprensible para los investigadores actuales. Por el contrario, en los códices religiosos coloniales como el mencionado Grupo Magliabechiano las informaciones son muy sencillas.
Históricos.
Donde detallan eventos históricos mediante una secuencia cronológica, con lo cual el valor de estos también es imprescindible para conocer la historia de los pueblos que habitaron la zona, máxime si tenemos en cuenta que permiten comparar su información con la aportada por los distintos cronistas, al igual que sucede en el tipo anterior. Entre esta clase de Códices destacan los de origen mixteco prehispánico, que describen la vida de los señores que gobernaban en el área, como el Códice Nuttall, aunque no se conserva ninguno de clara adscripción nahuatl. Los manuscritos históricos coloniales del centro de México, por norma general, se presentan en forma de anales, es decir, crónicas que exponen año por año los sucesos acontecidos. Merecen ser destacados la Tira de Tepexpan, la primera parte del Códice Mendoza, el Códice Boturini y los Anales de Tula. En otros códices los hechos históricos se mezclan con genealogías cartográficas. Muchos de estos documentos sirvieron para ilustrar textos escritos en la tradición europea como es el caso del Códice Florentino y la Historia Tolteca-Chichimeca. Da la impresión de que los colonizadores intentaron que la historia indígena fuese plasmada en los códices de una forma lineal y año por año, mientras que en época prehispánica los indígenas no tenían este concepto, sino un cíclico del tiempo, no resultando esencial en su cultura datar específicamente los acontecimientos. Dicho esto, cabe añadir que los glifos de los años, fueron añadidos con posterioridad a las pinturas. El pintor que fechó los distintos acontecimientos conforme al calendario indígena, tuvo que escribir las fechas en los espacios que le quedaron libres, con lo cual, éstos se disponen de una forma totalmente aleatoria por las imágenes.
Genealógicos.
Presentan sucesiones dinásticas o familiares y están muy relacionados con los históricos, de forma que muchos códices pueden ser incluidos en ambos grupos, por ejemplo varios de los códices mixtecas como el Nuttall y el Viena; la primera parte del Códice Mendoza, el Xolotl, etc. Los manuscritos que se limitan exclusivamente al tema genealógico provienen de la época colonial y fueron realizados en defensa de los derechos hereditarios, tan comunes en los litigios posteriores a la conquista. Ejemplos de este tipo de códices son la Genealogía de la familia Mendoza Moctezuma, la Genealogía de los Señores de Etla, o la Genealogía de los Reyes Chichimecas. La diferencia entre los códices genealógicos prehispánicos y coloniales está precisamente en que en los primeros no se pintaban genealogías puras como en nuestra cultura. Las listas de descendientes prehispánicos se enmarcaron en los códices históricos y estaban unidas a distintos acontecimientos. En época colonial, cuando se exige a la nobleza indígena que demuestre su descendencia aparecen los clásicos árboles genealógicos, tan comunes en Europa, si bien en el caso indígena se pinta generalmente una figura principal con su glifo de escritura logosilábica al lado, y partiendo de ella una línea que une a los distintos descendientes.
4. Cartográficos y Cartográfico-históricos
Estos tratan de mapas de una región particular. Suelen incluir datos históricos y genealógicos, ya que la mayoría de ellos se originaron en disputas por la propiedad o asuntos jurisdiccionales. Los manuscritos que se conservan de este tipo proceden del Valle de México, de la región maya, de Puebla y de Oaxaca. Su interés radica en que aún en el siglo XVII son los códices que conservan varios rasgos característicos de la pintura prehispánica, como la composición circular, el uso de huellas de pie para significar caminos y la representación de colinas y flujos de agua. A ello, también podemos añadir que muchos de ellos no están norteados, sino estados, puesto que en la cultura indígena prehispánica el este se encontraba en la parte superior y el norte a la izquierda. Como ejemplos importantes de este tipo destacan el llamado Plano en Papel de Maguey (curioso que era hecho en papel de amate), que se cree puede representar una colonia de Tenochtitlan o Tlatelolco y el Mapa de Coatlinchan que muestra 68 cabeceras y estancias con sus nombres jeroglíficos. Los manuscritos que además de cartografía incluyen información histórica y genealógica en una sola hoja o lienzo, siguen un patrón prefijado: en los bordes de la hoja se colocan los glifos de lugares que representan los límites de una aldea, apareciendo el nombre de ésta dibujado casi siempre en el centro de la misma. Alrededor de este signo central aparece la genealogía de la familia reinante y escenas históricas para establecer así la legitimidad de su gobierno.
5. Económicos
Los primeros cronistas de la conquista de México refieren en sus escritos la existencia de libros de caracteres donde los administradores de Motecuhzoma recogían los tributos que los pueblos conquistados estaban obligados a pagar anualmente. Los ejemplos más claros de estas obras son la Matrícula de Tributos, posiblemente de origen prehispánico, y la segunda parte del Códice Mendoza. De los códices que recogen los tributos que después de la conquista se debía pagar a la Corona española, destacan el Códice Chavero, el Códice Kingsborough y el Códice Mariano Jiménez, que constituyen la muestra más palpable de cómo los colonizadores permitieron que la escritura indígena prehispánica se mantuviera durante muchos años con el fin de poder exigir de una manera efectiva el tributo a los indígenas.