"Iba de regreso a mi casa, cuando exactamente a las 21:43 me llamó un amigo, el inspector Gabriel Richard del SSMI. Él era muy extraño, a esa hora estaba de guardia y los dos trabajábamos en cuerpos diferentes de la policía, yo en la UCLAT (Unidad de coordinación de lucha anti-terrorista), y él en el SSMI (Servicio de seguridad del ministerio de interior).Contesté el teléfono y casi me dió un infarto. Tres minutos atrás, se habían registrado varios ataques, supuestamente terroristas, el peor de todos: un ataque en el Bataclán, una conocida sala de conciertos, a la que había ido varias veces. Inmediatamente luego de escuchar la noticia, di vuelta en “U” y me dirigí lo más rápido posible a la sala de conciertos.
Al llegar, el ambiente era el peor, cadáveres al por mayor en la vereda, decenas de heridos, algunos en el suelo y otros en las pocas camillas que habían de las ambulancias que iban y venían. El lugar estaba lleno de policías, todos apuntando a los atacantes. Entonces alguien me dijo..."