"En Chile en el año 1909 en la Región Metropolitana Santiago, estaba descansando en mi casa, comiendo papas fritas y siendo las siete de la tarde, sonó el timbre de la puerta, me asomé escondido por una ventana y vi a mi asistente llamado José. Nos conocimos en la academia policial y fuimos compañeros hasta que nos retiramos de la academia. Allí en la academia me llamaban “el genio”, por resolver casos que ningún otro inspector podía resolver. José me contó que, el sábado cuatro de mayo, la embajada fue quemada por un hombre en un extraño suceso. Fuimos a investigar, por curiosidad, puesto que quería ver cómo se había quemado. Nos subimos a mi carruaje, llegamos al lugar donde estaba la embajada y el primer hecho que vi, fue que cuando llegué a la escena del crimen, observé que Guillermo Beckert estaba quemado y carbonizado, al igual que todo el lugar".