Entre polvo, piedras, recuas y viajeros: la arquitectura del Camino Real en el Altiplano potosino
Ramón Moreno Carlos, INAH - ICOMOS
Los caminos novohispanos, entre ellos el Camino Real de Tierra Adentro, fueron rutas de exploración que, en muchos casos, siguieron recorridos prehispánicos, sobre todo en aquellas regiones densamente pobladas por grupos indígenas. En el caso del Altiplano potosino, si bien no podemos hablar de grandes asentamientos prehispánicos, la presencia de indígenas nómadas también dejaba su huella en el territorio, aunque difusa y difícil de ubicar. Quizá su rasgo más distintivo se observaba en la toponimia de los lugares y sirvió como una forma de interpretación para los exploradores españoles.
La trascendencia de esos caminos se adquirió no sólo por su uso y trayecto, sino también por cómo fueron tomando parte en la vida cotidiana de las distintas poblaciones por las que cruzaban y, por ende, incidiendo en la construcción de una diversidad de edificios que servían a los caminos, tales como haciendas, misiones, presidios, mesones o garitas; y, desde luego, la propia fábrica y construcción de los caminos y su infraestructura de puentes, desagües o pasos de ganado.
Así, podemos advertir que estudiar caminos como el de Tierra Adentro, nos ayuda a encontrar claves de interpretación sobre la conformación de los territorios, no sólo en San Luis Potosí sino en cualquier parte. Sin dejar de lado que, al cabo de los siglos, el Camino Real no fue uniforme en todas sus secciones, ni en cuanto a su acondicionamiento, ni tampoco en su trazo; incluso abriéndose ramales y abandonándose algunos de sus recorridos, en razón de los auges y decadencias económicas de los asentamientos que servían como paso, origen o destino.
Estas transformaciones del Camino Real de Tierra Adentro estuvieron presentes en los tramos que van de Querétaro a Zacatecas, cuya extensión abarca más de 400 kilómetros, y fueron producto de los auges mineros de Zacatecas, San Luis Potosí y Guanajuato; por ello, el estudio que se haga de esta ruta debe contemplar la importancia de los ramales secundarios y los que cayeron en desuso, para reconsiderar el trazado de la vía principal, muchos de ellos producto, además de los aspectos mencionados, de temas ambientales, como el de lluvias o de secas.
Por lo anterior, este texto trata de mostrar las posibilidades de una interpretación del territorio enmarcado en el Altiplano potosino, a partir de la asimilación del Camino Real como parte de la cotidianidad social y presentar, como uno de sus productos materiales más significativos, la arquitectura que se construyó, con base en los requerimientos, las necesidades, los anhelos y las tradiciones de los sitios que fueron paso, destino u origen del Camino Real de Tierra Adentro, y poder determinar la conformación de una tradición constructiva, asociada a ese itinerario, en el Altiplano potosino.
Lo Real de un camino…
Los caminos reales no seguían una ruta fija, ni tampoco eran siempre los mejor trazados, ni necesariamente los que utilizaban las mejores técnicas, “[…] ya que a menudo eran rutas que alternaban tramos con calidad de calzadas, con otros de herradura y algunos con miserables veredas”, analiza María Luisa Pérez González (2001). Para el caso, Pérez González nos advierte que un Camino Real recoge el bagaje legal, peninsular y americano: la aspiración tradicional de la monarquía por consolidar el poder real, y por eso, en el caso de América, los caminos reales tienen un valor añadido, ya que consolidaban la colonización como una empresa real, y esto fue aprovechado tanto por sus beneficiarios como por las autoridades que representaban a la corona (Pérez, 2001).
Las ordenanzas de descubrimiento, nueva población y pacificación de las Indias de 1573, establecían en su artículo 37 que las nuevas poblaciones tuvieran buena salida por mar y por tierra, con buenos caminos y navegación “para que se pueda entrar fácilmente y salir y comerciar y gobernar, socorrer y defender” (Pérez, 2001).
Las minas y los caminos para comunicarlas fueron un proyecto regio, pero de explotación privada. La corona simplemente definía las regalías sobre las minas y legislaba para proteger el tráfico en el camino; sin embargo, los problemas que se dieron en las diferentes rutas, por ejemplo como lo expone Bakewell (en Pérez, 2001) al abordar la consolidación del Camino Real a Zacatecas, que en razón de las peticiones de mineros, sacerdotes y otras personas, se estableció una Cédula Real en 1577, que disponía medidas para proteger a los mineros y las vías de comunicación, con el coste de dos tercios de tales operaciones, pagado por los colonos; y la Real Hacienda, sólo una tercera parte.
El Camino Real es un concepto que va más allá de su materialidad porque, en el caso del de Tierra Adentro, se trataba de mantener una flexibilidad en cuanto a buscar continuamente rutas alternativas, más seguras, cómodas o cortas, y se conservaba la denominación real para que su flexibilidad se respetase, situando a los caminos como un bien público, por encima de los intereses privados. Este carácter se adecuó en muchas ocasiones a la realidad topográfica del camino y, en el caso de la Nueva España, esto se logró hasta después del siglo XVIII.
Así, las obras que se ocupan de los caminos en América, desde finales del siglo XVIII, establecen ciertas características para su construcción o refacción. Entre ellas, y siguiendo lo descrito por Diego Panes (en Pérez, 2001) en su “Relación sobre el camino de Veracruz”, destacan las medidas establecidas para su ancho, las cuales debían ser de 12 varas; en contraste con las de un camino de travesía, que podía tener de ocho a 10 pies.
En el caso del Altiplano potosino, se tienen pocos testigos materiales que den evidencia de la aplicación de estos criterios, pero se podría tomar como referencia lo que se ha encontrado al cabo del trabajo de campo realizado por arqueólogos/as y arquitectos/as del Centro INAH de San Luis Potosí, en las cercanías del poblado de Escalerillas, que corresponde al itinerario entre la Ciudad de San Luis Potosí y Ojuelos, y que por su fábrica coincide con el ancho de las 12 varas, en su trazo principal, y algunas veredas alternativas con la de los 10 pies de ancho.
Asimismo, y en contraste con lo encontrado in situ, con referencias documentales tales como las del reporte y relación de labores fechados del 6 al 12 de junio de 1880, sobre los trabajos en la construcción del camino San Luis Potosí-Tampico, y en el que podemos encontrar una descripción sobre el proceso constructivo o de refacción de estos caminos, que en sus etapas presentaban: el desmonte del trazo caminero, la construcción de una mampostería de mortero, medida por yarda en piedra, la excavación en roca, medida por yarda en tierra, el acarreo y la partición de piedra, la construcción de terraplén y el relleno de piedra, hasta llegar al revestimiento o empedrado y, finalmente, la cuneta de desagüe. Este trabajo era realizado por cuadrillas que, según el reporte, constaban de un mozo y cinco peones¹.
Además, sobre este camino en particular (el próximo a Escalerillas), hemos encontrado la evidencia de cómo los grupos beneficiados y con poder económico participaban no sólo en su construcción, sino en su mantenimiento y, desde luego, en la administración de sus peajes. Así lo demuestra un documento que bajo el sello de la Agencia del Ministerio de Fomento de San Luis Potosí, presenta el informe que sobre el camino de Escalerillas le dirigió el presidente de la Junta a los accionistas del camino, en el que se da cuenta de una sociedad conformada por 14 personas, con un total de 15 acciones, con un valor de $1,200 pesos cada una; así como de una lista de prestamistas para el camino, de ocho personas, con aportación de $1,466 pesos cada una².
En cuanto a la administración de los caminos, para quienes transitaban por los caminos reales ya en el siglo XIX, tenían una diversidad de usos, que conllevaba diferentes pagos de peaje. Así, por ejemplo, tenemos que una diligencia con nueve asientos y tirada por seis bestias, pagaba un peso con cuatro reales; en contraste con un carretón de dos ruedas, que sólo pagaba cuatro reales. En ese tenor, los coches tirados hasta por ocho cabalgadores pagaban un peso, y el carro de transporte de cuatro ruedas, tirado hasta por ocho bestias, pagaba tres pesos, y por cada bestia de más, medio real; por cada mula o caballo con carga o jinete, se pagaba medio real, y por cada burro o jinete, un octavo de real. Estos costos nos hablan de la diversidad de productos, mercancías y enseres que transitaban por esos caminos y su importancia dentro de la economía, de los lugares asociados con ellos³.
Hasta aquí, podemos apreciar cómo el Camino Real y sus diferentes ramales y rutas que cruzaron el Altiplano potosino, fueron determinantes en la configuración de un territorio que, si bien marcado por los intereses mineros, posteriormente y con el paso no sólo del tiempo sino de las condiciones de auge y de decadencia mineral, albergó también entre sus piedras el tránsito de un mercado y comercio intenso, además de tradiciones culturales y religiosas. En ese sentido, la importancia de los caminos se puede leer desde la participación económica de sus beneficiarios, no sólo para financiar su construcción y mantenimiento, sino también para la administración de sus peajes, y cómo desde el Virreinato hasta el México independiente hubo un interés, seguimiento y control, lo mismo de las autoridades nacionales que locales, dando cuenta de su importancia económica y política, y su trascendencia en los lugares de paso, origen y destino.
¹ Archivo Histórico del Estado de San Luis Potosí. Fondo Secretaría General de Gobierno, Año de 1880, “Reporte y Relación sobre Trabajos y Operarios que laboraron en la construcción del camino San Luis Potosí-Tampico”.
² Archivo General de la Nación. Fondo Caminos y Puentes. Año 1853, Tomo 98, Documento No. 1: “Informe de la Gente del Ministerio de Fomento de San Luis Potosí sobre el Camino de Escalerillas”.
³ Archivo General de la Nación. Fondo Caminos y Puentes. Año 1853, Tomo 98, Documento No. 2: “Informe al respecto de las Tarifas de peaje del camino de Escalerillas”