Talleres de reflexión sobre el Camino Real de Tierra Adentro en el Altiplano potosino
Antrop. Hugo Cotonieto Santeliz
En el marco del proyecto financiado con el recurso federal AIEC 2023, la Secretaría de Cultura de Gobierno del Estado de San Luis Potosí, a través de la Dirección de Patrimonio Cultural, llevó a cabo talleres de reflexión y documentación en torno al Camino Real de Tierra Adentro y sus diversos ramales antiguos, destacando sus múltiples manifestaciones culturales y significados.
El 28 de julio de 2023, uno de esos talleres de verano se realizó en las instalaciones de la ex hacienda La Góngora, en Charcas, San Luis Potosí, coordinado por quien esto escribe. El taller, titulado “Expresiones y usos sociales del patrimonio” estuvo integrado, principalmente, por cronistas de diversos municipios de la zona Centro y Altiplano potosinos, así como sus similares de municipios colindantes del estado vecino de Zacatecas. El taller se realizó en un espacio amplio del recién restaurado casco de la ex hacienda, donde se dispuso de un cañón de proyección y de mesas para trabajo en equipo.
Luego de una presentación breve, se trazaron los objetivos y alcance del taller: Reflexionar en torno a los diversos patrimonios de los territorios asociados al CRTA y los caminos históricos, en particular de sus patrimonios vivos; sus valores y significados, así como documentar, mediante la dinámica grupal, las diversas expresiones del patrimonio inmaterial asociado a los patrimonios materiales y naturales.
Como antecedente, contamos con la siguiente definición de Patrimonio Cultural Inmaterial (PCI):
[…] los usos, representaciones, expresiones, conocimientos y técnicas –junto con los instrumentos, objetos, artefactos y espacios culturales que les son inherentes– que las comunidades, los grupos y en algunos casos los individuos reconozcan como parte integrante de su patrimonio cultural. Este patrimonio cultural inmaterial, que se transmite de generación en generación, es recreado constantemente por las comunidades y grupos en función de su entorno, su interacción con la naturaleza y su historia, infundiéndoles un sentimiento de identidad y continuidad y contribuyendo así a promover el respeto de la diversidad cultural y la creatividad humana […] (Convención para la salvaguardia del patrimonio Cultural Inmaterial, París, 2003).
El taller abordó, a partir de seis ángulos o ejes temáticos, algunos de los principales aspectos a destacar acerca de las manifestaciones culturales presentes en su propio municipio o zona. De este modo, se reflexionó acerca de: 1) los conocimientos locales, 2) el sistema ritual y festivo, 3) la memoria e historia local, 4) la gastronomía, 5) la producción artesanal y, 6) los lugares de memoria y emblemáticos.
Respecto a estos temas, se puntualizó en cada de uno de ellos, poniendo de relieve, por ejemplo: en el eje 1, el ciclo agrícola (calendario, tipos de cultivo, usos); las técnicas agrícolas; la ganadería y cría doméstica; caza y recolección; la medicina tradicional (partería, herbolaria, curanderas/os), las nociones locales del tiempo y del espacio, así como las costumbres y tradiciones ancestrales. En el eje 2, se abordaron las celebraciones y rituales; el calendario festivo; las danzas y músicas; las peregrinaciones y sus rutas. El eje temático 3 se refirió a los cuentos y leyendas; la referencia a personajes relevantes; los acontecimientos significativos locales; la historia oral; los mitos, así como los archivos locales y memorias. En el eje 4 se habló de los alimentos y la gastronomía: los ingredientes; las temporalidades de los platillos; las técnicas de preparación; las formas de conservación; las bebidas. Respecto al eje 5, se reflexionó acerca de las artesanías en términos de sus materiales; técnicas; tipos de objetos; la vigencia de sus prácticas; quiénes las elaboran (hombres, mujeres, niños, ancianos, etc.); sus usos (doméstico, venta, intercambio). Finalmente, en el eje 6, se abordó el tema de los caminos; puentes; parajes, cerros (geosímbolos); estaciones de tren; minas y sus instalaciones; fábricas locales; ex haciendas; las localidades antiguas; los lugares sagrados; la toponimia.
A partir de esos temas y subtemas detonantes de la reflexión y participación, la dinámica consistió en la organización de seis equipos compuestos por al menos cinco integrantes de los diversos municipios de la zona centro y Altiplano de San Luis Potosí, de ahí que hubiera representación de cronistas de Tierra Nueva, Villa de Reyes, Mexquitic, Ahualulco, Charcas, Moctezuma, Matehuala, Villa Hidalgo, Salinas y los municipios zacatecanos de Pinos, Noria de los Ángeles y Villa González. Para esta actividad se tuvo el apoyo de funcionarios de la Secretaría de Cultura y del INAH, quienes estuvieron a cargo de cada una de las mesas.
La dinámica del trabajo de registro de la información aportada por todos los participantes estuvo orientada por una persona responsable de anotar cada contribución; para ello, se dispuso de hojas rotafolio y plumones y tuvieron libertad de hacer las anotaciones según sus propios criterios (algunos equipos realizaron cuadros, otros esquemas y unos más enlistaron y describieron). De este modo, todos los participantes contribuyeron en cada tema y mesa, pues fueron rotando e integrando su información en seis ocasiones; al final, se llevó a cabo una plenaria donde cada equipo, responsable de un tema, expuso lo que ahí se registró y se enriqueció con los comentarios del resto de los equipos.
Además de la dinámica del taller en sí mismo, que tuvo el interés de reflexionar y poner de relieve las manifestaciones culturales de su propio territorio, fue muy interesante la comunicación y colaboración continua entre todos los participantes, pues representó un espacio privilegiado para compartir, dialogar y destacar tanto lo que tienen en común, como aquello que destaca como propio de su municipio y zona.
Entre las principales reflexiones que destacaron los propios cronistas, está aquella referencia a cierta continuidad y vinculación entre los municipios del centro-sur del estado, respecto tanto a una historia común, a ciertas prácticas culturales, así como la gastronomía y el uso social del paisaje semiárido. Aspectos que fueron contrastados con aquella zona conocida como Altiplano, que va de Venado y Charcas a Salinas de Hidalgo, pasando por los municipios vecinos de Zacatecas; esta zona destaca por ser un paisaje semidesértico, con presencia de cierta flora y fauna que le da un carácter particular.
De este taller participativo, el diálogo e intercambio fue central. Ahí se vertieron, principalmente, los saberes locales en torno al territorio; saberes construidos a partir de la propia experiencia, así como de aquello que han integrado de su tarea como cronistas. Las distintas fuentes de información y conocimiento enriquecieron y complementaron una visión más amplia de la zona, como un rompecabezas cuyas piezas sueltas cobran sentido cuando se articulan con el resto.
Una rica y amplia información se vio vertida en esos rotafolios escritos por los propios participantes; recetas de plantas medicinales que son utilizadas desde tiempos antiguos por los abuelos, senderos que cruzan arroyos y cerros donde se recuerdan narraciones y leyendas que dan un significado especial a los lugares, peregrinaciones tan antiguas como los mitos de origen de los wixatitari (huicholes) por estas tierras semidesérticas potosinas donde crece el cactus sagrado hikuri, gastronomía que refleja los gustos, técnicas y pensamientos de una población que sabe aprovechar los frutos de las biznagas en botones llamados cabuches, o de las chochas que emergen de los izotes del semidesierto, y aquel ancestral alimento que los antiguos habitantes chichimecas ya procesaban: la vaina de mezquite para la elaboración de masa que se cuece en un comal (semejante a una tortilla o pan), de la miel, el atole, el queso; a su vez, la chinche de mezquite o “tantarria”, que sirve como alimento humano.
En estos antiguos caminos −algunos tramos de ellos formaron parte del Camino Real de Tierra Adentro que conectó a San Luis Potosí con el norte, por el rumbo de Zacatecas− se establecieron haciendas, pueblos y rancherías, donde la toponimia es reveladora respecto de las características del paisaje; de sus arroyos, cerros, barrancos, peñascos, flora y fauna, y gran variedad de narrativas que se fijaron en la geografía: ahí aparecen, por ejemplo Charcas, Salinas, Venado, Los Catorce, Peñón Blanco, Cerro del Salteador, Mexquitic, Yoliatl, Coyotillos, El Tuzal, Charcas Viejas, Laguna Seca, Cañón de Lajas, Picacho de Lajas, Laborcilla, Descubridora, Tiro General, Estanzuela, Cortes, Valle Umbroso, Alhóndiga, Los Charcos, Cerro Prieto, Bellavista … nombres todos ellos que revelan no sólo una descripción de su entorno, sino, también, de un significado profundo que se vuelve referente de identidad para sus moradores.
Y así como se comparte cierta tradición culinaria respecto del asado de boda o la elaboración de tamales o gorditas, como las “gorditas de horno”, “gorditas de maíz quebrado”, “gorditas de cuajada con chicharrón de res” o las típicas “gorditas ferrocarrileras” altiplanenses, también destacan aquellos alimentos muy propios de frutos del nopal, como el colonche de tuna, el queso de tuna y los orejones (rodajas de tuna secadas al sol), o la preparación de la rata de campo en caldo o la víbora de cascabel asada o en guiso como remedio para algunos padecimientos corporales, así como la carne de zorrillo para contrarrestar males asociados a las vías respiratorias. Algunos gusanos y larvas de hormiga, provenientes de algunas plantas como los magueyes, son tan apreciados que en la actualidad se consideran de acceso limitado por su alto costo, es el caso de los chinicuiles (que se consumen, principalmente, asados al comal) o los escamoles que, fritos en mantequilla, son altamente valorados.
En la zona del semidesierto, las flores en sus diversas variedades son un alimento muy valorado, como aquellas que se obtienen de palma o yuca, la flor de maguey y la de sábila, o la recolección de malvas silvestres, el “cerrajo” (planta silvestre de flor amarilla), o la amplia gama de quelites, del cual el “quelite cenizo” es considerado de un sabor muy agradable. El maguey es otra planta que es aprovechada en su totalidad, ya sea en la fabricación de pulque, el uso de las pencas para preparar barbacoas, el horneado del quiote o la obtención de aguamiel (del que se prepara a su vez un “atole de aguamiel con pinole”, representativo en esta zona). Del izote o yuca también se recolecta el fruto dulce del dátil que, al igual que otros frutos silvestres o cultivados, son susceptibles de transitar por una técnica muy particular de conservación mediante el secado al sol, obteniendo así “orejones” (que, tras el secado, las frutas y diversas hortalizas puede conservarse por varios años). Sobre estas formas de preservación de alimentos, en toda la zona destacan los “huachales”: elotes hervidos y secados al sol que pueden durar por mucho tiempo hasta su consumo.
Asimismo, la rica tradición oral refleja profundos conocimientos del tiempo y el espacio que ha llevado a sus habitantes a “leer” el paisaje y sus formas, la dirección de los vientos, las fases de la luna o el comportamiento de plantas y animales; lo que les permite cultivar la tierra cuando se anuncia la lluvia, al “leer” las nubes y la dirección de donde provienen los vientos, así como para la recolección de plantas y frutos del monte o la cacería de ciertos animales que complementan la dieta cotidiana.
De las actividades que permean toda la zona del Camino Real Tierra Adentro, en su tramo del Altiplano potosino, la cría de ganado caprino es central; los rebaños cubren los amplios campos del semidesierto, y son base de la economía y la alimentación de sus habitantes; su carne y leche se procesan tanto en guisos y asados, como en la elaboración de dulces de leche de cabra y cajetas, fabricación de quesos y requesón, entre otros. Del carnero, además de aprovechar su carne, su lana sirve para el hilado de fibras con las que se fabrican gabanes, y con su carne se elabora un platillo tradicional de la zona llamado “jigote”, guiso de sangre y vísceras del carnero, frito con el cebo del mismo animal.
En este breve recorrido por los caminos y senderos del altiplano potosino, es posible notar un Camino Real de Tierra Adentro que dejó una impronta en su población, que integró en su vida cotidiana ciertas formas de vinculación con el medio y la reproducción de un conjunto de saberes que se han heredado por generaciones y que les han permitido mantener viva su historia, tradiciones y costumbres.