Nació en Oaxaca el 27 de febrero de 1882. Fue hijo de Carmen Calderón Conde y de Ignacio Vasconcelos Varela, un empleado de aduanas que trabajaba en la frontera mexicana con Estados Unidos.
Siendo muy joven, su familia se mudó a Piedras Negras, en Coahuila. Estudió en una escuela de Texas llamada Eagle Pass. Allí aprendió a hablar inglés con fluidez.
Vasconcelos tuvo que hacer frente al rechazo de sus compañeros de clase norteamericanos desde muy temprana edad, lo que provocó que en sus primeros años fuera un férreo defensor de los derechos de los indígenas y que rechazara todo aquello que tuviese que ver con Estados Unidos.
Continuó su educación en el Instituto Científico de Toluca y el Instituto Campechano. A finales del siglo (1898), se inscribió en la Escuela Nacional Preparatoria, donde terminó sus estudios secundarios. De allí pasó a la Escuela Nacional de Jurisprudencia, donde se licenció en Derecho en 1907.
En 1921, Vasconcelos fue designado como el primer Secretario de Educación Pública en México. En esa posición estuvo encargado de la reforma educativa, que tuvo como rumbo el nacionalismo cultural del país.
Algunas de las principales acciones reformistas fueron la popularización de la educación, la creación de infraestructura en áreas rurales, la publicación de obras y la difusión cultural en el país.
Este proyecto educativo fue comparado con una evangelización cultural de la nación, puesto que la idea de Vasconcelos era que cada persona que supiera leer y escribir debía asumir un rol alfabetizador.
No aceptaba la segregación educativa de los indígenas, pues pensaba que se debía crear un plan a través del cual se los preparara para integrarlos en el sistema educativo nacional.
Para Vasconcelos fue primordial la creación de infraestructura que pudiese servir a los propósitos culturales para los mexicanos de cualquier estrato social, tanto de escuelas de todos los niveles, como de bibliotecas y recintos dedicados al arte.
El pensamiento filosófico de Vasconcelos es rico y original, abarca diferentes ámbitos, entre ellos, la estética, la metafísica y el mexicanismo en sí mismo.
Se oponía fervorosamente al positivismo, por eso propuso cambiar el nombre de la Secretaría de Instrucción Pública a Secretaría de Educación Pública.
Sin embargo, su planteamiento filosósfico principal y más conocido es el que expone en su obra La raza cósmica. En ella plantea que en Latinoamérica se dará el surgimiento de una quinta raza que será la unión de las otras cuatro, pero con características propias.
Allí expone que la selección natural hará que las características menos deseables, tanto estéticas e intelectuales como de comportamientos, sean desechadas por los nuevos individuos, que serán los únicos capaces de lograr la construcción de una nueva civilización en su etapa más avanzada.
Las mayores contribuciones de Vasconcelos se dieron en el área de la educación, y también en las artes, por robustecer la cultura en general.
Desde la Secretaría de Educación inició un plan que revolucionó las instituciones como se conocían en México hasta entonces.
Para eso se centró fundamentalmente en la creación de escuelas, rurales y urbanas, en el fortalecimiento de las instituciones educativas en todos los niveles y la democratización de la educación, es decir, que estuviese al alcance de todos los mexicanos.
También promocionó la literatura y la lectura como un ejercicio necesario para la difusión cultural. Prestó apoyo a muchos artistas plásticos, especialmente a aquellos que fueron parte del movimiento del renacimiento del muralismo mexicano.
La música también fue parte de los proyectos que arropó el plan reformador de Vasconcelos. Un ejemplo fue la creación de la Orquesta Sinfónica de México, fundada por Carlos Chávez con el apoyo de Vasconcelos.
OBRAS
Pitágoras (1919).
El monismo estético (1919).
La raza cósmica (1925).
Indología (1926).
Metafísica (1929).
Pesimismo alegre (1931).
Estética (1936).
Ética (1939).
Historia del pensamiento filosófico (1937).
Lógica orgánica (1945).
Falleció el 30 de junio de 1959, a los 77 años. Se encontraba en la colonia Tacubaya, en Ciudad de México, trabajando en Letanías del atardecer, que sería publicada póstumamente. Antes de morir, dejó su voluntad expresa de no ser sepultado en el Panteón de las Personas Ilustres.