Su nombre completo fue Gabino Eleuterio Juan Nepomuceno Barreda Flores y nació en 19 de febrero de 1818 en Puebla. Los primeros años de formación los realizó en su ciudad natal.
Al finalizar sus primeras etapas educativas fue a Ciudad de México, donde ingresó en el Colegio de San Ildefonso. Empezó a estudiar Jurisprudencia, pero pronto se impusieron sus preferencias por las ciencias naturales y cambió esa carrera por la de Química en el Colegio de Minería. Tras esto, continuó su formación en Medicina, en 1843.
Como a muchos mexicanos de esa época, a Barreda le tocó defender a su país durante la intervención estadounidense en 1846. Durante la Batalla del Molino del Rey fue hecho prisionero por las tropas enemigas.
REFORMA EDUCATIVA
El primer Secretario de Justicia e Instrucción Pública del gobierno de Benito Juárez, Antonio Martínez de Castro, mandó llamar a Barreda para reformar el sistema educativo mexicano. Fruto de esos trabajos, el día 2 de diciembre de 1867 se promulgó la ley correspondiente.
Entre sus puntos más destacados se encontraban la creación de la Escuela Preparatoria y la obligatoriedad de la etapa de primaria. Esta, según la nueva ley, pasaba a ser gratuita y laica.
Después de esto, Barreda pasó a ocupar el cargo de director de la Escuela Nacional Preparatoria. El político y filósofo condujo las riendas de este organismo aplicando los principios emanados del positivismo; su lema fue “Amor, orden y progreso”. Mantuvo el cargo hasta 1878.
Todos los historiadores coinciden en que su labor fue el germen de la futura fundación de la Universidad Autónoma de México.
Mientras ocupó el cargo de director de la Escuela, Barreda no dejó de su cátedra de Patología General. Además, tenía una importante participación en la vida política del país.
Así, ocupó puestos como la presidencia de la Comisión de Instrucción Pública del Congreso. Más tarde, durante el gobierno de Porfirio Díaz, fue nombrado embajador en Alemania.
Viendo las bases del pensamiento positivista, se entiende mucho mejor la aportación de Barreda a la educación.
Previamente a la reforma de las leyes —de la que fue protagonista—, la religión era la base sobre la que giraba el sistema de enseñanza. Por eso, Barreda proclamó la necesidad de emanciparse de esa influencia.
Para el filósofo, la educación no debía adoctrinar sino liberar. En su pensamiento se trataba de poner la enseñanza en el eje social para lograr el progreso del Estado.
También dentro del ámbito educativo, Barreda fue pionero en darle la máxima importancia al sistema de enseñanza dentro de la sociedad. Como elemento liberador y de progreso, debía ser accesible para todos.
Por esta causa, bajo su ley de educación la etapa primaria pasó a ser gratuita, laica y, como punto principal, obligatoria para todos los niños mexicanos.
Barreda también proclamó varios principios filosóficos aplicables en la práctica educativa. En sus trabajos ordenó el proceso de adquisición de conocimientos en los siguientes pasos: raciocinio puro, observación racional y, finalmente, observación y experimentación. De esta forma aplicó la teoría cientifista a la enseñanza.
Barreda estuvo 3 años en la embajada en Alemania. Regresó en 1881, estableciendo su residencia en la capital mexicana. Poco después de su vuelta, el 20 de marzo de 1881, Gabino Barreda falleció en su casa.
Los restos mortales del filósofo y político mexicano se llevaron a la Rotonda de Personas Ilustres el 22 de enero de 1968.