Proteínas animales magras. Pollo, pavo, pescados grasos como el salmón y atún (ricos en ácidos grasos omega-3), huevos y productos lácteos bajos en grasa.
Proteínas vegetales. Legumbres (lentejas, garbanzos, frijoles), tofu, tempeh, edamame, frutos secos y semillas (como almendras, nueces y chía).
Granos integrales ricos en proteínas. Quinoa, avena y amaranto.
Desarrollo muscular. Las proteínas son esenciales para reparar y construir tejido muscular, especialmente importantes si realizas ejercicio físico.
Sensación de saciedad. Contribuyen a sentirte lleno por más tiempo, lo que puede ayudar a controlar el peso.
Metabolismo. Consumir proteínas acelera el metabolismo debido al efecto térmico de los alimentos (la energía necesaria para digerirlos).
Apoyo inmunológico. Componentes clave en la formación de anticuerpos y otras moléculas del sistema inmune.