Farah Fernanda Martínez Hernández tiene 20 años y es originaria de Guadalajara, Jalisco, donde actualmente vive y sigue construyendo sus sueños artísticos. Aunque se dedica de lleno a la actuación, también colabora en un negocio familiar junto a sus padres para solventar los gastos que implica perseguir una carrera en el arte escénico. Tiene claro que, más adelante, le gustaría complementar su formación con otra carrera profesional, pero por ahora su enfoque está completamente en actuar.
Su primer acercamiento al mundo artístico fue a través del canto y la música. Desde pequeña, cantaba con pasión las canciones de divas del pop como Lady Gaga y Katy Perry. Disfrutaba tanto interpretar que, sin saberlo, ya estaba conectando con ese universo creativo que más tarde se convertiría en su vocación. Fue a los 15 años cuando la actuación se cruzó en su camino, impulsada por su amor por el cine. Le gustaba aprenderse los textos, emocionarse con las escenas, preguntarse cómo funcionaba todo detrás de cámaras. Esas preguntas, que antes nacían de la curiosidad, hoy encuentran respuesta en su experiencia como actriz.
Farah ha participado en tres cortometrajes hasta la fecha, dando vida a personajes diversos: desde chicas populares y estudiantes hasta personajes con problemas de adicción o trastornos emocionales. "Trastornadas, jajaja", comenta con humor, sabiendo que cada papel es una nueva posibilidad de explorarse y crecer. Próximamente, dará vida a un personaje llamado Eli en un nuevo proyecto que aún guarda con reserva.
Uno de los aprendizajes más valiosos que ha obtenido del cine es el trabajo en equipo: “Todos tienen un porqué y todos somos muy importantes en una producción”, afirma. En cuanto a las diferencias entre el cine y el teatro, Farah señala que, en cámara, cada gesto cuenta y todo se percibe de manera más íntima, mientras que el teatro exige energía desbordada: “En teatro, mientras más escandaloso, mejor”, dice entre risas.
Cuando se le pregunta cuál medio le parece más desafiante, responde que ambos lo son, pero el verdadero reto aparece al cambiar de uno a otro. Después de hacer teatro, por ejemplo, cuesta moderar el cuerpo y la voz para la cámara, y viceversa. Por eso cree que lo ideal es combinar ambas experiencias: “En teatro se vive la experiencia de que no hay cortes, todo es en el momento”.
Actualmente, Farah se prepara para interpretar a Roxie Hart en el musical Chicago, un reto que la emociona profundamente porque reúne sus tres grandes pasiones: canto, actuación y baile. La preparación ha sido intensa, guiada por sus coaches y sustentada en la retroalimentación constante. “Cuando ya tienes el guion bien aprendido, ya se empieza a disfrutar y ponerle su jugo al personaje”, comenta con entusiasmo.
El proceso no ha estado exento de dificultades. A veces, admite, los regaños del director pueden hacerla dudar de sí misma. Pero rápidamente recupera el enfoque: “Si te eligieron para el papel, es por algo. Solo es cuestión de pulir esos errores. Los ensayos son para eso”.
Su ritual antes de salir al escenario es mental: evitar el autosabotaje y canalizar la ansiedad como emoción positiva. “Estoy ansiosa porque ya me lo sé, porque todo está listo, no por lo contrario”, afirma.
Cada maestro y maestra que ha tenido le ha dejado enseñanzas valiosas. En especial, recuerda con cariño a una profesora que le inculcó la importancia de llevar una bitácora de aprendizajes, algo que hasta hoy sigue haciendo. También cree firmemente en que todo dentro del arte está conectado: la danza, el canto, la actuación. “Un actor debe nutrirse en todo”, dice, y remata con una frase que resume su visión multifacética: “Para un actor nunca es suficiente; mientras sepas hacer circo, maroma y teatro, todo funciona”.
Cuando se le pregunta qué le gustaría seguir aprendiendo, responde con una sonrisa que lo quiere todo: “Lo que me gusta de esto es que puedes vivir diferentes vidas y aprender disciplinas de esas vidas… ser un médico, un pianista, una madre… ¡todo!”. No se obsesiona con el futuro, prefiere estar abierta a lo que venga y no tener prisa. Sabe que comerse el mundo lleva tiempo.
Farah también tiene un mensaje claro para quienes desean dedicarse a actuar: “Ya tienes el no, pero hay un sí que puede cambiar tu vida. No te desanimes y pa’ delante”. Y recomienda hacer castings incluso mientras se estudia, pues ahí es donde realmente se adquiere experiencia.
Finalmente, cuando se le pregunta cómo le gustaría ser recordada como actriz, su respuesta es sencilla pero poderosa: quiere dejar cosas buenas en el mundo y demostrar que los sueños sí se cumplen.