Pocos directores tienen una firma tan marcada como la de Wes Anderson. Sus filmes cuentan con un estilo icónico y aparentemente rígido, pero sobre todo detectable. Cuando un espectador acude a ver una de sus obras, puede saborear de forma instantánea la riqueza de sus planos perfectamente diseñados, su paleta de colores y el amplio repertorio de actores reconocidos.
No obstante, The Phoenician Scheme parece llevar a otro nivel el perfeccionismo de Anderson. Es bien conocido que el mencionado director crea escenarios sumamente pensados, en los que predominan la simetría y el balance de los tercios.
Aunque, en efecto, esta película es muy bella en cuanto a sus planos y al diseño escenográfico, se perciben pequeñas rupturas intencionadas en cámara. Un ejemplo muy presente es la aparición de los personajes en toma.
Cuando se trata de lo estandarizado en el uso de los tercios en el cine, hay ciertas reglas que los grandes directores siguen rigurosamente. Dentro de estas está el no cortar ciertas partes del cuerpo al momento de presentar a un personaje. En el caso de The Phoenician Scheme, lo que parece un error puede tratarse de una intencionalidad del autor.
Durante la película, en algunas ocasiones se presenta la aparición de personajes cortados en la toma o planos aparentemente “terroríficos” para un cinéfilo; por el contrario, parece que la madurez de Anderson ha llegado a tal nivel que puede permitirse romper con ciertos estándares del cine, convirtiéndolos en algo bello para el ojo humano.
Dentro de sus supuestas rupturas en los planos, en algunos casos coloca líneas físicas en medio de la pantalla, también utiliza círculos para generar enfoque en algunos momentos de la trama y genera una especie de cuadrícula en el icónico baño del fenicio, colocando todos los objetos alrededor de la toma de forma equilibrada.
Profundizando en cuanto a la trama, se pueden percibir ciertos sellos del autor, como lo es un plan de acción creado por el personaje principal. Lo que hace especial a los planes de acción del director es que parecen planeados por el personaje pero, a su vez, son espontáneos.
Es decir, en el caso de este filme, el personaje presenta su plan pero mantiene ocultos ciertos aspectos que, más que estar escondidos, aparentan ser desconocidos incluso para su propio autor. Por ello, el personaje se convierte en un ser fuerte y aventurero.
Además de eso, otro sello presente es el uso de un personaje adulto guiando y siendo inspiración para un joven. En este caso, lo es un padre con su hija. En otras películas se ve presente de otra forma, como en The Grand Budapest Hotel o Fantastic Mr. Fox.
En efecto, este filme es un producto de Wes Anderson que tiene su marca personal muy presente en distintos ámbitos y ángulos que pueden ser analizados: aspectos técnicos, narrativos, sonoros y visuales.
Es un excelente filme para quien disfruta de las películas del director Wes Anderson, y es bastante disfrutable por su perfeccionismo y colores, al igual que por la variedad de grandes actores que han estado presentes en muchos de sus productos.