Cynthia Jeannette Pérez Antúnez
En esta primera postal me sitúo al principio de mi viaje, en el verano del 2015, cuando antes de mudarme a la ciudad de Mérida, Yucatán, México, para comenzar mis estudios en el Doctorado en Ciencias Antropológicas de la UADY, pedí asesoría a dos queridas amigas de la Maestría en Investigación de la Danza, Olinka Huerta y Areli Falcón, con las que tuve el gusto de estudiar en el CENIDI Danza José Limón del INBA como parte de la primera generación 2011 – 2013 de dicha maestría. Ellas son especialistas en danzas folclóricas mexicanas, así que como mi objetivo al iniciar el doctorado era explorar todas las danzas que se practicaran en Mérida, qué mejor que aprender, a manera de introducción, un poco de la más representativa de esta región: la jarana. Mis amigas, en una clase de zapateado en el entonces Distrito Federal me mostraron cómo se bailaba, incluso una de ellas tarareaba una de las canciones jaraneras para lograr materializar los pasos en su memoria corporal.
La postal sonora continúa ya en Mérida, Yucatán, en una de las representaciones de la vaquería que sin falta cada lunes se da lugar en los bajos del Palacio Municipal a las 9:00 pm. “¡Comienza la Vaquería!”, dice entusiasmado el orador, para dar paso a los gritos, chiflidos y algarabía de los jóvenes bailarines que con su atavío y destreza nos entregan una profesional jarana, cuyos zapateados se escuchan muy levemente ya que sin tarima es imposible volver a escuchar la percusión de pies que mis amigas tan claramente pudieron reflejar en el salón de danza con duela. La orquesta jaranera en cambio se escucha en todo su esplendor y, casualmente, toca la misma jarana que mi amiga tarareaba al principio. Estos sonidos nos sitúan sin duda en la llamada Ciudad Blanca, quien haya estado aquí no me dejará mentir.
No obstante, la jarana no es lo único que se baila en Mérida, muchas otras danzas se practican en esta ciudad, comenzando por la salsa cubana, que deja sentir toda la influencia caribeña en esta tropical capital yucateca. Por lo tanto la postal sonora incluye sonidos de una clase de salsa cubana en una escuela ubicada en Paseo Montejo donde eventualmente he asistido como alumna. En este audio se dejan escuchar aplausos relacionados con pasos específicos de los muchos asistentes en clase (hombres y mujeres por igual), indicaciones de los profesores y, obviamente, la música representativa.
Después, representando la inmensa variedad de otras danzas que podemos encontrar, tenemos cerrando los sonidos de esta postal a una agrupación de gipsy jazz llamada Swinga tu Madre, que amenizaba uno de los lugares de esparcimiento más concurridos y de más tradición en la ciudad, La Negrita Cantina, en la cual la gente bailaba sin entender muy bien lo que estaba bailando pero disfrutándolo mucho.