El biogás es un combustible generado a partir de la degradación de materia orgánica en ausencia de oxígeno. Esta materia puede ser de distintos tipos y orígenes, pudiendo generarse a partir de desechos agrícolas, de aguas industriales o incluso de los lodos de depuradoras.
La transformación de residuos en gases combustibles de baja huella de carbono permite reducir el volumen de basura que se deposita en los vertederos, lo que genera un impacto positivo en el medioambiente, que es una parte del proceso de economía circular, y que es el efecto buscado en la utilización del biogás.
Es, según el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía de España, “la única energía renovable que puede usarse para cualquiera de las grandes aplicaciones energéticas: eléctrica, térmica o como carburante”.
El biogás es el resultado de la descomposición de la materia orgánica, y, por ello, se necesitan instalaciones en las que se puedan almacenar los residuos y las bacterias puedan trabajar.
Esto se lleva a cabo en plantas de biogás específicas (como podría ser, por ejemplo, la que una asociación de granjas crearía para la eliminación de sus residuos y aprovechamiento propio) o directamente en complejos para la gestión de residuos (como podría ser una depuradora de aguas residuales). Sean más grandes o más pequeñas, todas las plantas comparten unos espacios y funciones básicas.
1. Receptores.
Es el lugar en el que se recibe y almacena la biomasa, compuesta principalmente por residuos orgánicos, antes de transformarla. Es el espacio donde se encuentra la materia prima, también conocida como sustrato, procedente, por ejemplo, de ganaderías y vertederos urbanos.
La mayoría de las plantas trabajan con un solo tipo de sustrato. Existen investigaciones que buscan cómo optimizar la mezcla de residuos para obtener más energía.
2. Fermentadores o biodigestores.
Aquí, el sustrato se introduce en una especie de cámaras oscuras sin luz ni oxígeno, a una temperatura estable de 40ºC.
El sustrato puede permanecer en el biodigestor durante unos dos meses. Además, según el tipo de instalación podemos encontrar sistemas de biodigestión discontinuos o continuos.
En los discontinuos, se carga todo el material de una vez y se deja durante un tiempo sin añadir más hasta que termine el proceso.
En los continuos, todos los días se añade una cantidad nueva de sustrato y se retira una cantidad equivalente del material ya procesado.
3. Almacenamiento.
Una vez terminado el proceso, se obtiene por un lado biogás y por otro un producto secundario, el digestato, que puede aprovecharse para producir fertilizantes orgánicos.
Tanque de alimentación abierto de algunas plantas
Imagen de biodigestores
Hay diferentes formas de tanques dependiendo de si almacena digerido líquido o sólido.