El desarrollo de nuevos medicamentos a lo largo del último siglo y su capacidad para erradicar o paliar una larga lista de enfermedades ha permitido el avance de nuestra sociedad, mejorando la calidad de vida y alargando su esperanza, estableciendo en España la media en 83 años de acuerdo con los datos recogidos el pasado 2018 por el INE (Instituto Nacional de Estadística), lo cual nos sitúa en la cima del ranking mundial referido a este tema.
La problemática planteada a lo largo de este proyecto emerge del reverso de estos avances, o lo que es lo mismo, de las consecuencias derivadas del desecho de estos fármacos, tanto con los residuos orgánicos generados por el individuo como a través de los medicamentos caducados o sobrantes tras el tratamiento de una enfermedad, que un gran porcentaje de la población afirma tirar a la basura o al váter en lugar de llevarlo al punto SIGRE de una farmacia para que se elimine mediante un procedimiento especializado.
El impacto negativo sobre el medio ambiente de este procedimiento se ha comenzado a estudiar hace tan sólo unas décadas, al suponer y especular haciendo uso de distintas teorías y procedimientos físico-químicos, que algunos de los compuestos derivados de estos medicamentos no conseguirán ser eliminados en el proceso al que son sometidos a su paso por la depuradora, y que por tanto deben regresar de algún modo al entorno natural, ocasionando distintas respuestas del mismo al respecto.
A día de hoy se están llevando a cabo múltiples estudios con el objetivo de comprobar la viabilidad de esta teoría, analizando el comportamiento de las partículas a lo largo de su paso por la depuradora y potabilizadora, comprobando si también a esta última podrían llegar algunos de los compuestos mencionados, y su eliminación o vuelta a las aguas superficiales como posibles soluciones; estableciendo qué químicos consiguen resistir, dónde se acumulan y qué impacto pueden tener sobre los diversos ecosistemas que integran la biosfera.
Partiendo de esta hipótesis iniciamos nuestro proyecto de investigación, el cual se ha basado en un intento de clarificar y estudiar la situación actual referida a este tema a través de la visita a la EDAR Murcia-Este y a la ETAP de la Contraparada. Hemos conocido los distintos procedimientos a los que son sometidas las aguas que llegan a ambas instalaciones, así como los productos químicos empleados en cada una de ellas; con el objetivo de comprender y poder acercarnos desde una visión más científica y analítica al foco del problema en estudio y sugerir algunas soluciones al respecto; comparando las iniciativas adoptadas a nivel europeo, así como los estudios desarrollados por entidades especializadas en el tratamiento de aguas, residuos y medio ambiente. Así mismo, hemos constatado la efectividad de los distintos tratamientos empleados en múltiples depuradoras explicando el motivo de la misma, y hemos desarrollado los problemas que esta práctica podría ocasionar sobre la fauna y la flora, estudiando con especial interés el caso del ser humano.
En base a los resultados obtenidos, podemos afirmar que:
-Los medicamentos de uso diario, cuya comercialización se ha incrementado durante los últimos años, no son totalmente metabolizados por nuestro organismo y se desecha una pequeña parte que llega junto con los restos orgánicos procedentes de la defecación y la excreción a las EDARs. Esta realidad lleva latente ya varias décadas, pero ha sido en los últimos años principalmente, cuando se ha comenzado a detectar la presencia de estos compuestos farmacológicos en las aguas residuales que pasan por la planta depuradora, gracias al uso de una maquinaria más especializada externa a la empleada en el proceso de tratamiento de aguas.
-Algunos de estos químicos son eliminados en los tratamientos primarios por adsorción a partículas, mientras que otros permanecen en la fase acuosa, y se acumulan mayoritariamente en los lodos, siendo este el caso de los CFA, entre los que cabe destacar los antibióticos. Dichos lodos se emplean directamente como abonos, siendo absorbidos los compuestos farmacológicos que los tratamientos de la depuradora no ha conseguido eliminar, por las plantas. En consecuencia, afectan al crecimiento de estos vegetales o son almacenados, y se filtran a acuíferos motivados por las precipitaciones, incorporándose con ello al ciclo integral del agua a pesar de que las concentraciones de las sustancias en cuestión sean bajas.
-La peligrosidad de estos químicos no se fundamenta en su impacto directo sobre el medio, sino que por el contrario, su efecto se ve reflejado a largo plazo, cuando se acumulan en vegetales y animales que forman parte de una cadena trófica en la cual el ser humano es en la mayoría de casos el último eslabón, ingiriendo por ello concentraciones significativas de medicamentos en su dieta habitual que suponen un riesgo para su sistema inmunitario al alterar el modo de combatir enfermedades bacterianas, necesitando ingerir una dosis mayor del mismo fármaco. Del mismo modo, se pueden acumular determinados compuestos que de forma individual no supondrían un riesgo significativo, pero de forma conjunta pueden resultar dañinos para el sujeto que los alberga.
-El regreso de los compuestos farmacológicamente activos al medio natural, se debe a la ausencia de una legislación que reconozca estas sustancias como prioritarias y que consecuentemente exija su ausencia en las aguas depuradas o potabilizadas. Por tanto, la maquinaria utilizada en ninguna de las plantas está preparada para su eliminación, a pesar de que muchos de estos compuestos consiguen ser destruidos a lo largo de los tratamientos. En la actualidad, el Real Decreto 817/2015 del 11 de septiembre clasifica algunos de los fármacos en cuestión dentro de la lista de observación, por lo que se está estudiando el impacto que pueden tener sobre el medio ambiente, y las medidas a adoptar en consecuencia.
-Una de las soluciones propuestas para acabar con este problema es la aplicación de un tratamiento terciario en la depuración (cloración, ozonozación, radiación ultravioleta). Sin embargo, diversos estudios han comprobado que las sustancias empleadas en la coloración, la cual es el principal tratamiento aplicado en aquellas depuradoras que cuentan con tratamiento terciario, si bien lograrían romper estos compuestos, podrían ocasionar la aparición de otros aún más dañinos, conocidos como subproductos de degradación.
-En relación a la potabilizadora, el estudio detallado sobre los tratamientos y etapas de desinfección llevadas a cabo, se debe a que una de las consecuencias que tratamos de estudiar con esta investigación es si ciertos compuestos derivados de medicamentos, al no ser eliminados en la depuración, podrían regresar a las aguas superficiales y llegar a la planta potabilizadora. Sin embargo, en el caso del municipio de Murcia el agua potabilizada en la Contraparada procede del trasvase Tajo-Segura, por lo que no se puede comprobar este aspecto de la hipótesis. En caso de recibir la potabilizadora las aguas de la depuradora, sí podría estudiarse esta teoría, aunque sería necesario un instrumental muy preciso, motivo principal por el que ningún estudio reconoce explícitamente que se cumpla.
-La ausencia de una educación ambiental por parte de la mayoría de la población, así como la automedicación, constituyen dos grandes catalizadores en la propagación de compuestos farmacológicos en el medio natural como consecuencia de un consumo descontrolado y excesivo de fármacos, lo cual se ve facilitado por la larga lista de medicinas que se pueden adquirir sin receta médica, viéndose incrementado con ello la concentración de estos compuestos eliminados por el organismo y el índice de fármacos desechados a través del váter o la basura.
-Es necesario mejorar la Guía para la evaluación del impacto medioambiental de los medicamentos de uso humano de la EMA, revisando también el impacto medioambiental de aquellos medicamentos comercializados antes del 30 de octubre de 2005 a la hora de renovar la autorización de comercialización; y permitiendo la denegación de aquellos fármacos de uso humano que supongan un riesgo para el entorno natural, a través de un procedimiento similar al aplicado en el caso de los medicamentos de uso veterinario.
-Nuestra hipótesis queda en parte confirmada, aunque todavía no se sabe con certeza en qué medida afectan las concentraciones de los medicamentos encontrados en las aguas sobre los seres humanos, al ser necesarios más estudios que analicen a largo plazo esta problemática, dado que actualmente hay muy pocos, puesto que se trata de un dilema cuya existencia se conoce desde hace poco tiempo, y consecuentemente es ahora cuando se están empezando a tener en cuenta los riesgos de estos químicos.
Atendiendo a los resultados obtenidos, podemos afirmar que el reciclaje de un medicamento impacta de forma directa sobre la salud humana poniendo en riesgo la seguridad alimentaria nombrada en el segundo objetivo del reto propuesto a través de dos mecanismos distintos:
Por un lado, al tirar un fármaco a la basura o al váter en lugar de llevarlo al punto SIGRE, ubicado en todas las farmacias, es canalizado a través de la red de alcantarillado hasta la EDAR, donde el procedimiento empleado para purificar el agua no es capaz de eliminar un porcentaje de los químicos que componen estos fármacos, regresando con el efluente al río y siendo consecuentemente ingeridos por peces que los van a acumular y transmitir al ser humano tras su consumo. Por otro lado, la mayoría de los residuos químicos que no son eliminados se acumulan en los lodos, donde reside el mayor problema de este tema, ya que dichos lodos no son sometidos a ninguna desinfección y se emplean directamente como abonos en los cultivos. Estos químicos son acumulados por plantas, impactando negativamente sobre la calidad de los cultivos y poniendo en riesgo la diversidad biológica, ya que posteriormente serán ingeridos por otros seres vivos , pasando de un eslabón a otro de la cadena trófica afectando negativamente a diversas especies hasta llegar al ser humano, que de forma aislada no va a percibir la presencia de estos químicos, pero su acumulación a largo plazo puede ser responsable de problemas de salud. Entre ellos destaca el aumento de resistencia de ciertos microorganismos y la necesidad de ingerir dosis mayores de medicamentos para hacer frente a ciertas enfermedades microbianas, eliminando además de los microorganismos perjudiciales a algunos beneficioso, como los presentes en la flora bacteriana autóctona del intestino grueso, lo cual repercute directamente sobre su sistema inmunitario y por tanto, en la salud. Lo mismo ocurre en el caso de la automedicación, ya que al llevar a cabo esta práctica el sujeto elimina un residuo químico en mayores concentraciones a las aguas residuales, que multiplicado por los miles de habitantes que integran nuestro municipio y millones de personas del mundo, ocasiona que llegue un cantidad superior de compuestos derivados de medicamentos a las EDARs.
Es por ello que en efecto, podemos afirmar que la presencia de medicamentos en el agua, al ser ésta un elemento clave en la pirámide alimenticia, condiciona directamente la calidad de la dieta y su impacto sobre la salud de un individuo, viéndose reducida esta calidad al llevarse a cabo un reciclaje incorrecto de los fármacos.