La presente investigación desarrollada a lo largo del curso escolar 2018-2019 analiza el impacto medioambiental y en concreto en el ser humano de fármacos desechados incorrectamente o tras ser excretados una vez metabolizados.
En el año 2000 los países con mayor consumo de antibióticos eran, en este orden, Francia, Nueva Zelanda y España. Quince años después, Turquía, Túnez y de nuevo España lideraban este ranking. De acuerdo con un estudio llevado a cabo por la revista científica PNAS, la mayoría de los países europeos han reducido en los últimos años el consumo de estos medicamentos salvo España, que por ello contrario ha incrementado su uso en un 35% desde el 2000.
Al tirar un fármaco a la basura o al váter, así como al ingerir continuamente este tipo de sustancias, se liberan residuos químicos en las heces (defecación ) y orina (excreción), que viajan a través de la red de alcantarillado y llegan junto con la materia orgánica a una estación depuradora en la que se aplica un tratamiento destinado a eliminar otro tipo de contaminantes, de índole biológica principalmente. Consecuentemente un pequeño porcentaje de los antimicrobianos regresa a las aguas superficiales y el resto queda retenido en los lodos, que se utilizan directamente como fertilizantes, incorporándose de nuevo al medio ambiente.
La ausencia de una normativa a nivel europeo que regule la presencia de estas sustancias en el agua se debe a que al ser contaminantes emergentes, a pesar de que su aparición no ha sido espontánea y llevan muchos años produciendo efectos perjudiciales sobre nuestro entorno, han sido detectados en un pasado relativamente próximo gracias a una maquinaria más precisa. No obstante, la ausencia de instrumental especializado en la detección de esta clase de químicos no ha permitido que a día de hoy haya una solución definitiva a este problema, que todavía se encuentra en proceso de estudio.
Por otra parte, los lodos no son sometidos a ninguna clase de parámetro físico químico debido al desconocimiento de estas sustancias emergentes, y durante décadas se han utilizado como fertilizantes vertiéndose sobre cultivos para estimular el crecimiento de unas hortalizas cuyas propiedades naturales se han visto cada vez más alteradas debido al creciente aumento en el consumo por parte de la población, de medicamentos como antibióticos, principales culpables de esta perturbación. Así mismo, además del impacto directo que puedan causar sobre los vegetales, no hemos de olvidar las filtraciones producidas tras el riego de la tierra o debido a caudalosas precipitaciones, dando lugar a que los compuestos en cuestión pasen a las aguas subterráneas.
Partiendo de la hipótesis de que el consumo reiterado de agua del grifo puede producir un impacto negativo en los seres humanos, aumentando las probabilidades de contraer ciertas enfermedades a largo plazo como consecuencia de la presencia de químicos, derivado del desconocimiento por parte de la población; iniciamos esta investigación con la finalidad de comprobar su veracidad y determinar el destino de los compuestos presentes en los medicamentos, así como las consecuencias que esto puede conllevar y posibles soluciones o estudios relacionados con este tema.