Tras este proceso de secado, cabe preguntarse si las frutas pierden sus propiedades, se mantienen o, por el contrario, se incrementan. E
l contenido en nutrientes es similar al de la fruta fresca, aunque con un contenido más concentrado. Al reducir su contenido en agua “se concentran todos los nutrientes como el azúcar, las vitaminas y los minerales.
Es importante tener en cuenta que “conservan todos los nutrientes de las frutas frescas a excepción de las vitaminas hidrosolubles, como la vitamina C, que se reduce casi en su totalidad tras el proceso de deshidratación”.
P
or su alto contenido en fibra (aportan desde 5 gramos de fibra por cada 100 gramos de alimento en el caso de las uvas pasas hasta 18 gramos por 100 gramos en el caso de las ciruelas) “pero si comemos mucha cantidad, esto podría propiciar un aumento de peso”.
Según esto, las frutas deshidratadas serían “una excelente opción para personas deportistas, ya que tienen un alto contenido energético, y unos 100 gramos aportan entre 250-300 kcal”.
La nutricionista también recomienda su uso en niños, lactantes y embarazadas, “puesto que, al someterse al proceso de secado, se aumenta su seguridad”. Y, aunque parezca contradictorio, también los recomienda en dietas de adelgazamiento, eso sí, “teniendo en cuenta la cantidad consumida y la actividad física diaria realizada de cada persona”.
En el caso de los diabéticos, Luengo desaconseja un consumo sin control de las frutas deshidratadas, por el riesgo de consumir más azúcar del necesario, pero, aclara: “Si se van a consumir, lo ideal es hacerlo acompañando el consumo de proteína y grasa para que la digestión sea más lenta y su vaciado en el estómago también. De esta forma el páncreas puede secretar de forma más progresiva la insulina”.
En cuanto a la cantidad diaria recomendada , se aconseja consumir “en torno a 25-50g, lo que equivale a unas 50-70 kcal”. “No se recomienda más cantidad por la concentración de nutrientes y de azúcar, aunque todo dependerá del nivel de actividad de cada persona”. También se podría aumentar esta cantidad en “personas que quieran ganar peso o en los que tengan un gasto energético muy elevado”.
"Hay que recordar que deben ser limitados y en lo posible no superar el 10% de las calorías totales consumidas".
El mejor momento del día para su consumo sería “como tentempié en una media mañana o una merienda, ya que además de ser una opción muy nutritiva, es ideal para trasladar y consumir entre horas, de manera que puede constituir o ser parte de un buen snack saludable”.
También, serían una buena opción para un desayuno antes de un entrenamiento, “puesto que este tipo de frutas aportan energía de forma inmediata”. Además, “pueden ser un buen reemplazo para reducir el uso de azúcar en la cocina, ya que un puré de dátiles o de uvas pasas aportan humedad, sabor y mucho color a un plato, sin necesidad de agregar endulzantes calóricos y poco nutritivos”.
En el caso de la cena, la experta aconseja limitar su consumo, “ya que esa energía extra que suponen no se va utilizar y nuestro organismo la almacenaría en depósitos de reserva (depósitos de grasa)”.
Por su parte, Luengo aconseja “tomarlas antes o después de un entrenamiento deportivo o como snacks a media mañana o media tarde” y advierte: “Aunque sean ricos en calorías y saciantes no son sustitutos de las comidas principales. Si se hiciera esto, se desplazaría el consumo de otros alimentos más interesantes como verduras y legumbres”.