El origen de las fuentes está en la Edad Antigua. En el siglo IV a.C comienzan a darse los primeros usos. En la Edad Media, la cultura islámica incluyó fuentes en el interior de palacios, jardines, patios y mezquitas.
La historia de las fuentes tiene su momento clave en Europa, en concreto, durante el Renacimiento. Los artistas y constructores no buscaban la funcionalidad de las fuentes, sino que alcanzaban la perfección estética características de todas las construcciones del momento. Las fuentes pasaron a convertirse en elementos de alto valor paisajístico.
Más allá de cualquier teoría, tener una fuente de agua en el hogar aporta una sensación de bienestar y frescura. En temporadas de altas temperaturas, ese aporte de bienestar se multiplica con el sonido del agua que corre.