Desde hace muchos años nuestra propuesta de trabajo se basa en la delimitación de problemáticas sociales y culturales propias del contexto donde habitan los/las estudiantes, factibles de ser abordadas a partir de una concepción integrada de los saberes, superando visiones fragmentadas y atomizadas. Entendemos el trabajo entre pares y desde el aporte colaborativo de los saberes de diferentes campos disciplinares como una oportunidad para repensar la dinámica del nivel secundario, desde la complejidad y la resolución de problemas, construyendo y mirando la vida en sociedad con perspectiva de género y diversidad y sosteniendo un encuadre que piensa a la educación y a la escuela pública como garante de derechos.
El río como eje articulador del proyecto.
La vida cotidiana de la ciudad transcurre en ambientes urbanos que los ciudadanos reconocemos como característicos y que construyen referencia e identidad. Nuestra ciudad, ubicada en el encuentro del
río Salado con el sistema del río Paraná genera extensos frentes y entornos fluviales tanto por el este como por el oeste de la planta urbana. Costas bajas, anegadizas y bañados le dan forma material y simbólica a los bordes, verdaderas interfaces entre la ciudad y el agua. En ese marco, se ha desarrollado la vida social a lo largo del
tiempo y ha experimentado variadas formas de organizarse y relacionarse con el entorno. Vivimos inmersos en una cultura que remite al río de múltiples formas, por eso es factible que nos pensemos -en medio de tanta llanura- atravesadxs por él, tal como lo supo expresar Juan L. Ortiz:
(…) Corría el río en mí con sus ramajes.
Era yo un río en el anochecer,
y suspiraban en mí los árboles,
y el sendero y las hierbas se apagaban en mí.
Me atravesaba un río, me atravesaba un río!
En 2022 comenzamos a trabajar en el proyecto que nombramos “Cuando la escuela fue refugio” en el marco del 20 aniversario de la Inundación del Río Salado y específicamente de cuando la escuela de un día para otro se convirtió en refugio. De ese tiempo que parece haber puesto pausa a la cotidianidad, cuando las aulas ya no
recibieron estudiantes que se sentaran en sus pupitres con sus carpetas y cartucheras, donde los pizarrones dejaron de escribirse y la cantina dejó de vender el alfajor y la coca, los caramelos y chupetines. De un momento a otro la escuela se transformó en un centro de evacuados, o refugiados, como dijera una de sus
protagonistas.
Si bien vivimos en una ciudad rodeada de agua, cuando la furia de la naturaleza no puede ser prevista o atenuada, se vuelve suceso político. Que un tercio de la ciudad se haya inundado, y que esa agua
podrida, infectada de cadáveres y basura haya quedados durante días en una gran cantidad de barrios, nos habla de una serie de acciones no llevadas a cabo antes, durante y después.
¿Cómo nombrar el dolor? Hay quienes dicen crimen hídrico, catástrofe natural o previsible. En cada caso está presente la desidia y el abandono político. A más de 20 años sin responsables condenados, algunos incluso han gozado de la inmunidad política por sus cargos, y hoy varios ya no están.
Desde un primer momento consideramos el abordaje de este trabajo a partir de la voz de sus protagonistas: damnificadxs/inundadxs, colaboradores, responsables del establecimiento, familias, estudiantes.
De qué modo se trae hoy la voz de un hecho, sobre todo cuando muchxs no habían nacido?
Mirar el pasado desde este presente. Recordar a través de los relatos que, en cierto modo, nos constituyen. Somos, en parte, a partir de las narrativas de otres. Podemos escribir nuestra historia a partir de quienes hoy nos hablan, y de esas voces que traemos y las hacemos parte de nuestra existencia a partir de ese ejercicio de memoria, tan necesario para salvar del olvido, que a veces es peor que la muerte.
Presentar en la Noche de los Museos esta experiencia tan vívida en nuestra memoria, se vuelve fundamenta para que por siempre recordemos lo que nos pasó y cómo la escuela acompañó, fue protagonista, y de ese modo exigir memoria, verdad y justicia para que más ocurra.