La obra American Progress, realizada por John Gast, permite observar con claridad la diferencia que se quería transmitir a través de esa teoría expansionista, queriendo representar el Destino Manifiesto. La pintura divide el espacio en dos zonas muy marcadas y opuestas entre sí.
En la parte derecha aparece una zona bien iluminada, muy recurrente en la pintura para simbolizar lo bueno, lo puro. En ese lado se aprecia un gran desarrollo tecnológico y material con ciudades, puertos, barcos y puentes, junto al ferrocarril, un elemento muy importante para la expansión hacia el oeste. También se representa el cultivo de la tierra, mostrando un territorio productivo.
En contraste, la parte izquierda presenta un paisaje dominado por montañas en lugar de infraestructuras. Estas montañas transmiten una sensación de incomodidad, de espacio agreste y poco desarrollado. La oposición entre ambos lados refuerza la idea de una frontera entre dos mundos diferentes: uno moderno y civilizado frente a otro atrasado y salvaje.
Los indígenas aparecen situados en la zona más oscura, relacionándolos visualmente con lo negativo. Ninguno de ellos está calmado, sino alterado, como si fueran hostiles al contacto. Además, están representados junto a animales considerados hostiles, como osos o búfalos, estableciendo una asociación entre los pueblos indígenas y la naturaleza salvaje, como si formasen parte de ella y no de una sociedad organizada. También se observan elementos simbólicos como una oveja blanca atravesada por una flecha, así como otra oveja al fondo siendo comida por zorros. Estas imágenes vinculan todavía más a los indígenas con lo hostil, al mostrarlos indirectamente como amenaza para aquello que se presenta como puro e inocente.
Otro aspecto llamativo es que ninguno de los hombres del lado civilizado parece mirar hacia los indígenas, como si solo les interesaran las tierras y no las personas que ya las habitaban. En cambio, los indígenas sí miran hacia los hombres, mostrando sorpresa o rechazo ante su presencia, clave para crear una figura de enemigo.
La figura central de la obra es un ángel femenino que avanza hacia el oeste, tambien conocida como Colombia, el espíritu femenino de Estados Unidos. Es una joven claramente blanca, protagonista absoluta del cuadro. Lleva un libro escolar y la electricidad, símbolos del conocimiento y del progreso tecnológico. De esta manera se transmite la idea de que quienes avanzan llevan únicamente cosas positivas y civilizadas al territorio, mientras que los indígenas reaccionan con temor ante esa llegada.
La pintura también sugiere una secuencia del progreso: los indígenas huyen, precediendo a los buscadores de oro euroamericanos, quienes a su vez preceden a agricultores y colonos. Se representa así la idea de que el desarrollo avanza desde el este hacia el oeste mediante sucesivas oleadas de población.
En conjunto, la obra muestra una frontera entre el bien y el mal, entre el progreso y la barbarie. También plantea una frontera destinada a construir la identidad del hombre estadounidense, diferenciando quién pertenecía a la nación y quién no. Al mismo tiempo, representa fronteras terrestres vinculadas a la ocupación y transformación del territorio. La obra no representa simplemente el proceso de expansión, sino que lo justifica, presentándolo como algo necesario y positivo. De este modo, la pintura construye una frontera no solo territorial, sino también ideológica, al definir quién es considerado parte de la nación y quién queda excluido.
¿Sabías que Columbia, la figura femenina que aparece en la obra, era el símbolo de Estados Unidos en el siglo XX pero luego sería sustituida por la Estatua de la Libertad?
Preguntas para reflexionar:
¿Quién decide dónde empieza y termina una frontera?
¿El progreso justifica la desaparicion de otras culturas?
¿Puede existir una frontera sin violencia?