A finales del siglo XIX y principios del XX, Rusia era una nación en una encrucijada. Por un lado, se aferraba a la tradición de la dinastía Romanov, un imperio autocrático con 300 años de historia. Por otro, una creciente marea de descontento alimentaba una fuerza revolucionaria que buscaba derribarlo todo. En el corazón de este conflicto se encontraban dos hombres que encarnaban estas fuerzas opuestas: el Zar Nicolás II, heredero de un poder divino, y Vladimir Lenin, un revolucionario forjado en la tragedia personal. Su enfrentamiento no fue solo ideológico; fue una batalla profundamente personal que redefiniría el destino de Rusia y el mapa político del mundo.
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Los entornos formativos de Nicolás y Lenin no podrían haber sido más distintos. Uno fue criado para gobernar un imperio sin cuestionamientos, mientras que el otro fue empujado hacia la rebelión por una tragedia familiar que cimentó un odio implacable hacia ese mismo imperio.
1.1. Nicolás II: La Pesada Carga de una Corona
La juventud de Nicolás II estuvo marcada por una preparación inadecuada para la inmensa responsabilidad que le esperaba. Tres factores clave definieron su camino hacia el trono:
1. La Sombra del Padre: Su padre, el zar Alejandro III, era un hombre "gigantesco" y de carácter enérgico que menospreciaba a su hijo, llamándolo despectivamente "ne mitad". Esta represión y falta de confianza lo dejaron sintiéndose poco preparado para la "pesada carga de la monarquía".
2. Una Educación para la Autocracia: Nicolás fue educado bajo la creencia inquebrantable del "derecho divino de reinar". Su formación se centró en la obligación de gobernar como un autócrata, sin dejarle espacio para comprender o aceptar las ideas democráticas que florecían en el resto de Europa.
3. El Trauma de Japón: Durante un viaje a Japón en 1891, fue atacado por un policía local que le hirió en la cabeza con una espada. Este evento, conocido como el Incidente de Otsu, no solo le dejó secuelas físicas como fuertes dolores de cabeza, sino que también forjó en él un profundo desprecio hacia los japoneses, a quienes empezó a llamar "macacos" (monos) y se convenció de que eran inferiores.
1.2. Lenin: La Creación de un Revolucionario
Mientras Nicolás era moldeado para la corona, Vladimir Ulyanov (quien más tarde adoptaría el nombre de Lenin) era moldeado por la rebelión y el resentimiento personal.
El Origen: Contrario a la creencia popular, Lenin no provenía de los "desposeídos y los hambrientos". Nació en una familia de clase media de funcionarios, lo que le dio acceso a una buena educación y, con ello, a las ideas radicales que circulaban en los círculos intelectuales.
La Tragedia Familiar: El evento catalizador de su vida fue la ejecución de su hermano mayor, Alexander "Sasha" Ulyanov, en 1887. Sasha fue ahorcado por conspirar para asesinar al zar Alejandro III. Este hecho transformó una inclinación política en un odio personal y visceral hacia el régimen zarista.
El Desprecio por la Burguesía: Tras el arresto de Sasha, la madre de Lenin buscó ayuda entre la "clase media liberal" de su pueblo, pero todos le dieron la espalda. Este rechazo personal tuvo un impacto tan profundo en Lenin como cualquier convicción política, cimentando para siempre su desprecio por los liberales.
Así, mientras uno ascendía al trono por derecho de nacimiento, el otro era empujado a la clandestinidad por la venganza, dos caminos que estaban destinados a colisionar violentamente.
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En la década de 1890, las vidas de ambos hombres siguieron rumbos divergentes. Nicolás asumió el liderazgo de un vasto imperio sintiéndose completamente abrumado, mientras Lenin se entrenaba en las sombras, preparándose metódicamente para destruirlo.
La incompetencia de un gobernante reacio y la metódica preparación de un revolucionario profesional pronto chocarían durante la primera gran crisis nacional del siglo XX.
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La Guerra Ruso-Japonesa y la posterior Revolución de 1905 fueron un punto de inflexión. Para Nicolás, fue una demostración de su incapacidad para gobernar. Para Lenin, fue una lección crucial sobre cómo tomar el poder.
3.1. Los Errores Fatales del Zar
Durante esta crisis, Nicolás II cometió una serie de errores que erosionaron fatalmente la legitimidad de su régimen:
1. Derrota Humillante: La inesperada derrota de Rusia contra Japón, una potencia asiática, fue un "duro golpe para el sistema". Destruyó la confianza que la clase media tenía en la competencia del gobierno autocrático.
2. El Domingo Sangriento: La masacre de manifestantes pacíficos a manos de las tropas imperiales en San Petersburgo "echó a perder la reputación del zar para siempre". A partir de ese momento, el pueblo comenzó a llamarlo "Nicolás el Sanguinario".
3. Reforma Falsa: Presionado por la revuelta, Nicolás accedió a la creación de un parlamento, la Duma. Sin embargo, se reservó el poder de vetar cualquier ley, convirtiéndola en una institución impotente y demostrando su incapacidad para aceptar un cambio político real.
3.2. La Lección de Lenin
La revolución de 1905 tomó a Lenin "con la guardia baja". Desde su exilio en Europa, la vio como una "oportunidad de oro" que se había perdido. La lección clave que extrajo fue que un levantamiento popular espontáneo, por más masivo que fuera, fracasaría sin un partido revolucionario organizado que le proporcionara "dirección y un objetivo".
Aunque el régimen sobrevivió a la crisis de 1905, las semillas de su destrucción ya estaban sembradas. La Primera Guerra Mundial sería el catalizador que las haría germinar.
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La Gran Guerra fue el golpe de gracia para la dinastía Romanov. El desastre militar y el caos interno crearon la oportunidad perfecta que Lenin había estado esperando.
4.1. El Fin de los Romanov
Varios factores se combinaron para provocar el colapso final del zarismo:
El Escándalo Rasputín: La dependencia de la zarina Alejandra en el místico Grigori Rasputín para tratar la hemofilia de su hijo Alexei generó un escándalo nacional. Los rumores sobre su influencia "estaban echando por tierra el nombre de los Romanov" y culminaron en su asesinato a manos de aristócratas en 1916.
Un Error Estratégico Garrafal: En 1915, Nicolás tomó el mando personal del ejército, un "tremendo error". A partir de ese momento, ya no podía culpar a sus generales por las desastrosas derrotas; él era "el único al que se puede culpar".
La Abdicación: En febrero de 1917, las protestas masivas en la capital, sumadas al amotinamiento de los soldados, lo dejaron sin apoyo. Obligado a abdicar, Nicolás creyó que estaba haciendo "un gran gesto para salvar a Rusia".
4.2. El Retorno del Revolucionario
Mientras el viejo orden se desmoronaba, Lenin vio su momento. Desde el inicio de la guerra, había adoptado una postura radical, afirmando que "es mejor que este país pierda". Con la ayuda del alto mando alemán, que buscaba desestabilizar a su enemigo, cruzó Europa en el famoso "tren sellado". A su llegada a la Estación de Finlandia en Petrogrado, no perdió un segundo: desafió al recién formado Gobierno Provisional y lanzó su consigna, exigiendo "todo el poder para los soviets".
El colapso del viejo régimen había dejado un vacío de poder que Lenin estaba decidido a llenar por la fuerza.
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El desenlace del conflicto entre estas dos figuras y los mundos que representaban fue rápido y brutal. Lenin aplicó las lecciones aprendidas mientras el destino de la familia Romanov llegaba a un final trágico.
5.1. La Táctica de Lenin y la Revolución de Octubre
La genialidad táctica de Lenin fue comprender que no necesitaba un apoyo mayoritario para tomar el poder. Su creencia fundamental era que "lo importante no eran los números en el apoyo popular, sino paralizar el país ocupando los puntos clave": estaciones de tren, centrales telefónicas, oficinas de correos. No hubo un gran desencadenante para la Revolución de Octubre; fue simplemente la insistencia de Lenin en que el poder estaba "en las calles" y que era "nuestra oportunidad" para tomarlo.
5.2. El Fin de la Dinastía
Mientras Lenin consolidaba su poder, la familia Romanov permanecía prisionera. En la noche del 17 de julio de 1918, en un sótano de Ekaterimburgo, el zar, la zarina, sus cinco hijos y sus sirvientes fueron ejecutados por un pelotón bolchevique. El evento fue un cierre espantoso y personal a un conflicto que había comenzado décadas atrás con la ejecución del hermano de Lenin.
Quien se podía imaginar que esos niños inocentes iban a ser asesinados por eso fue tan espantoso cuando sucedió... las tornas habían cambiado y los Romanov dejaron de existir.
Aunque no hay documentos, la visión predominante es que la masacre "nunca hubiera sucedido sin su consentimiento [de Lenin]".
Con la familia Romanov eliminada y Lenin al mando, Rusia se embarcó en un nuevo y brutal capítulo de su historia como el primer estado comunista del mundo.
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El choque entre Lenin y Nicolás II fue el choque entre la voluntad de hierro y un destino no deseado. Nicolás fue un hombre "pasivo y resistente" que "no debía haber sido zar", un líder inadecuado para los tiempos turbulentos que le tocaron vivir. En contraste, Lenin fue un líder hábil, despiadado, un mentiroso consumado y un organizador brillante, impulsado por una convicción inquebrantable y un resentimiento personal. Al final, las decisiones, los defectos de carácter y las convicciones de estos dos individuos no solo decidieron el resultado de una guerra civil, sino que también "reconstruyeron el mapa ideológico del mundo" para el resto del siglo XX.