Oh mi niña, tal como amé a mi Hijo, desde el momento en que miré Su hermoso Rostro, así amo a todos los hijos de Dios como míos propios.
Yo soy la Madre de Dios, pero también soy la Madre de todos los hijos de Dios, ya que me comprometí a ayudarlos en su momento de salvación final. Mi Hijo, cuando me coronó en mi Coronación en el Cielo, me dio la autoridad de convertirme en la Madre de las doce tribus – las doce naciones en la Nueva Jerusalén. Antes de que ese día amanezca, yo, como la Madre de la Salvación, saldré a la búsqueda de almas en todas partes y las atraeré hacia mi Hijo. Lo ayudo en esta pesada tarea y al igual que mi Corazón está entrelazado en el Suyo, está también entrelazado dentro de los corazones de aquellos que verdaderamente aman a mi Hijo... Continuar la lectura.
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