La palabra no es sustancia comunicable.
Hay otros sonidos que lo son,
pero la vibración de la palabra es menor que su quietud.
Por eso retorna siempre a la boca de la que surgió
y casi con el mismo peso de su nacimiento.
Sólo ha dejado aquí o allí
la nostalgia de una forma común,
la única que podría aligerarla.
Condenada a su carga,
condenada a su origen,
pájaro vegetal,
agua diferente cercada por el mar,
su mordido itinerario es la constancia decisiva
de que uno no es suficiente para dos.