Se trata de una especie de diario, crónica o, simplemente, recuerdos de los primeros cien días de sacerdocio. Cada página invita a vivir la propia existencia con pasión, pero también a dejarse sorprender por todas aquellas personas y circunstancias que pasan cotidianamente a nuestro alrededor.
«Ser sacerdote era ser mediador entre Dios y los hombres. ¡Casi nada! Mediador, es decir, escogido por Dios para hablar con los hombres y escogido por los hombres para comunicarse con Dios. Mediador entre Dios y el mundo, es decir, hombre de Dios y hombre del mundo, con mucho de hombre y otro mucho de Dios».
«Nada de libro importante éste que tienes en tus manos, amigo. Nada de literatura. Lo más sencillo nació de mi pluma, lo más casual, diría.
Fue así: Hace tres años, los que hacen PPC, me pidieron que escribiera unas páginas que iban a titularse “Yo he llegado a cura”. El título no me gustaba, no me sonaba bien. Me enfurecía, además, escribir “a pedido”. Pero uno, que en el fondo es un buen chico, lo hizo.
Y vino el asombro: el folleto se vendía, no me daba -¡milagro!- disgustos. Recibía, en cambio, muchas cartas agradeciéndomelo. [...]
Me dejé llevar y escribí el segundo. Luego el tercero. Y… dieciséis en tres años. Y seguían asustándome las cifras, hasta llegar a esa tan bonita de seis números que llamamos millón. Uno se sorprende, sonríe, acepta. Y comprende.
[...]
Y así fue como los folletos acabaron siendo libro. [...] todos ellos fueron escritos desde el mismo mirador: el de la sencillez, el de la pequeña bondad, el del milagro pequeñito, el de la religión en calderilla. Por eso vino a presidirlos, y con todo derecho, mi amigo “San José García”. Y es que ni una sola de estas páginas fue escrita para las personas importantes, para los coleccionistas de belleza, ni siquiera para esos santos gordos en que algunos sueñan convertirse.
Libro, pues, para los Pepes, para los Rodríguez, para las Carmenchus o las Doñas Rosarios. Para cuantos sueñan ser “santos-garcía” o “santos-gonzález”, amar a Dios sencillamente, y sencillamente servirle».
Por un mundo menos malo es una recopilación de 48 artículos que Martín Descalzo había publicado, previamente, en la revista sacerdotal ‘Incunable’ y, sobre todo, en la sección ‘Cosas de Dios’ del periódico El Norte de Castilla de Valladolid, entre los años 1956-1959.
El título está inspirado, como él mismo confiesa, en el movimiento Por un mundo mejor del jesuita P. Lombardi, al que había escuchado predicar durante sus años de estudio en Roma. En el prólogo hace toda una confesión íntima y poética de su vocación de escritor: “Y mientras caminaba descubrió algo muy importante para él: y es que su misión no era darle la vuelta al mundo como a un calcetín sino poner un par de minucias en su sitio; decir; ‘ese cuadro está torcido’ o abrir una ventana para que entrase un poco más de luz. Descubrió su misión de hombre sin importancia: caminar hacia un Mundo Menos Malo. A la hora de proyectar y soñar hablaba aún de aquel Mundo Mejor, a la hora de dar unos pasos rebajaba un poquitín la puntería. […] Y así fue como cogió la pluma y lo dijo, en periódicos, en revistas, en púlpitos. Precipitadamente siempre, un poco sobre la marcha: lo mejor que aquel muchacho por entonces sabía”.
«Porque aquel día comprendí por vez primera que no era cierto que Cristo muriese «en aquel tiempo», que Judas vendiese hace 20 siglos, que Pilatos se lavase las manos siendo emperador César Augusto.
Comprendí que a Pilatos, a Herodes, a Caifás, te los encuentras todos los días y en cualquier calle del mundo, y que, si uno vive con los ojos abiertos, ve brotar calvarios en cualquier esquina, a todas horas.
Comprendí hasta qué punto es verdad que «Cristo continúa en agonía hasta el fin de los siglos» y hasta dónde los hombres «completamos en nuestra carne lo que falta a la Pasión de Cristo».
Ya desde entonces sentí la necesidad de contar esto: que nada sucedió «en aquel tiempo». Que todo sucedió ayer, Hoy. Porque siempre es Viernes Santo».
«Este libro nace de una tristeza: La de quien, al llegar entusiasmado del Concilio, se encuentra un clima católico que ha vivido en una dulce indiferencia aquello que uno había juzgado entusiasmante.
[...]
Pero nace también de una alegría: la de ver con qué ojos era uno escuchado cuando contaba cosas conciliares al regreso de Roma. Grupos de amigos, seglares, sacerdotes, aquí, allá, escuchaban con miradas ávidas horas y horas, siempre querían saber más, más, más».
«Este volumen recoge los textos y discursos con los que Juan XXIII y Pablo VI han comentado la preparación y vida del Vaticano II. ¿Qué interpretación del concilio más autorizada e imprescindible que ésta?
[...]
Decidimos, así, concluir nuestra selección en el 11 de octubre de 1966, fecha en que se cerró la “vacatio legis” de los decretos conciliares y que dio fin a la primera etapa poscociliar propiamente dicha, dejando, en cierto modo, sellado el círculo del Vaticano II.
Ahora sólo nos resta esperar que la serenidad y luz de estos documentos pontificios aporten a nuestro catolicismo esa serenidad de la que parece estar hoy tan necesitado».
«Quien sepa ver en las páginas que siguen esa suave sonrisa que quieren contener no sólo pasará un buen rato recorriéndolas: verá, además, al trasluz de la ternura tantas y tantas cosas como hemos tragado en estos años condimentadas con vinagre. Y aprenderá a reformar sonriendo.
Que hay mucho que cambiar en nuestra Iglesia, ¿hay quién lo dude? Pero no parece que sea obligatorio aceptar la amargura como precio de la renovación. Sería un precio demasiado alto. Muchos -yo desde luego- preferiríamos un cristianismo triste. Pero, ¿por qué no conseguir una Iglesia joven a la vez que divertida?»
«Pero, sin ironías, lo cierto es que no siempre es fácil entender esta Iglesia en que vivimos. Y ahí el curioso oficio que a algunos nos ha tocado en suerte o en desgracia: tratar de ayudar a entender lo que está pasando. ¡Casi nada!
Este es el intento de las páginas que siguen. Las más existieron antes como artículos, en una serie de colaboraciones publicadas en varios periódicos de Argentina, Chile, Venezuela, Colombia y Méjico. Semana tras semana traté de interpretar para millón y pico de lectores lo que había «detrás» de los sucesos. Y hoy me parece que toda esa serie de «meditaciones» reunidas aportan una cierta visión, no demasiado incompleta, de la Iglesia que vivimos.
He dudado en agruparlas por temas para ofrecer así una visión «más orgánica». Pero ¿no sería esta organización algo artificial? ¿Qué mayor organicidad que la que da la vida misma? Yo no soy hombre de definiciones y sistemas. Si alguien me pregunta: ¿Qué es la Iglesia? no le respondo aquello de «Es la congregación de fieles cristianos cuya cabeza…» Quede esto para los teólogos y los catecismos. Yo tengo mi modo de responder: levanto mi dedo y digo: «La Iglesia es… eso, esos…»
Algo así es este libro: no un manual de sapientísimas respuestas, sino un amigo que se sienta a tu lado y comenta en voz baja, con el mínimo posible de dogmatismos, las cosas que ve y tal y como las ve. Si te sirve de algo…».
«José Luis ofrece en estas páginas un relato rigurosamente histórico de su vida y su honda espiritualidad, adelantada en nada menos que dos siglos a muchas ideas que creemos hoy. Coincide esta publicación con el segundo centenario del nacimiento de María Rafols y con la feliz reapertura de su proceso de beatificación, que se viera interrumpido hace cuarenta años por el citado aluvión de las fantasías.
Esta obra contribuirá sin duda a devolver a la fundadora de las Anas su rostro verdadero y magnífico».
«La verdad es que yo no me reconozco en ese «mito Tarancón» que por ahí se han creado. Y tampoco en lo del «taranconismo» que no sé muy bien lo que significa. Me han hecho aparecer ante los ojos de muchos como una persona muy distinta a la que soy en realidad.
[…]
Y lo más gracioso es que ese «mito Tarancón» ha ido formándose con juicios contradictorios. Las diatribas de la extrema izquierda contra mí (y algo parecido contra la misma Conferencia Episcopal) coincidían con frecuencia y eran tan fuertes e inmisericordes como las de la extrema derecha. Para unos yo era un avanzado peligrosísimo, para otros un terrible conservador que se camuflaba de avanzado. Unos me acusaban de antifranquismo, otros de no romper con el franquismo… La verdad es que a esta altura de los setenta y cuatro años no puedo mirar todas esas caricaturas sin una cierta sonrisa entre desconcertada y divertida…
Cuando el cardenal Tarancón me dice estas palabras llevamos un buen montón de horas charlando, a lo largo de varias semanas, mientras el pequeño magnetofón traga y traga cintas. Hemos fumado juntos algunos pequeños Montecristos —«me los regalan, eh, no vayas a creer que yo compro puros tan caros»— y nos hemos reído recordando historias y revolviendo viejos papeles».
Paco y su gata, Ediciones Didascalia, Colección Alfin Delfín 5, Madrid 1983, 79 pp. (Ilustraciones de Roser Rius).
A José Luis le gustaba cuidar de una gata blanquinegra que había recogida herida en la calle, a la que llamaba Reina y que le servirá de base para varios artículos y para un cuento largo que tituló: Paco y su gata. El cuento está escrito en forma de Diario y tiene mucho de autobiográfico. En él un niño llamado Paco cuenta su relación con una gata que como Martín Descalzo encuentra en la calle y a la que también llama Reina. Las aventuras del pequeño felino y las vivencias familiares son la base de este sencillo, tierno y hermoso relato de fácil lectura.
Será la primera y única vez que nuestro autor se acercará a la literatura infantil y lo hace de forma airosa. Su lenguaje es coloquial, de una naturalidad muy grande y tiene una gran sensibilidad para captar lo que pueden ser las vivencias de muchos chicos que aman a los animales domésticos.
Como curiosidad añadir que en 1977 ya había escrito otro cuento titulado “El gato” y que consiguió el premio ‘Hucha de plata’ de cuentos.
«Fui dándome cuenta de cuánta soledad hay en el mundo: descubrí cuántos miles de muchachos no tienen a nadie con quien hablar, cuántas mujeres no conviven espiritualmente con sus maridos, cuantísimos son los que se «dejan vivir» por puro aburrimiento. Y pensé que ayudar a todos estos desesperanzados a descubrir las zonas luminosas de la aventura humana era el más apasionante de los empeños».
«Hace tres años ya empecé este «cuaderno de apuntes» en ABC, y desde entonces no he cesado de sentirme acompañado en mi aventura. Razones para la esperanza, que recogió la primera parte de estas notas, tuvo un éxito —para mí asombroso— que le hace andar ya por su tercera edición en pocos meses. Este segundo hermano prolonga mi testimonio de fe en la vida. En la vida con minúscula y en la gran Vida con mayúscula. Ojalá sea útil para alguien. Ojalá caliente algún corazón. Ojalá ayude a alguno a recuperar la fe en su propia alegría».
«Jesús exige respuestas absolutas. Él asegura que, creyendo en él, el hombre salva su vida e, ignorándole, la pierde. Este hombre se presenta como el camino, la verdad y la vida (Jn 14,6). Por tanto —si esto es verdad— nuestro camino, nuestra vida, cambian según sea nuestra respuesta a la pregunta sobre su persona. ¿Y cómo responder sin conocerle, sin haberse acercado a su historia, sin contemplar los entresijos de su alma, sin haber leído y releído sus palabras?
Este libro que tienes en las manos, es, simplemente, lector, el testimonio de un hombre, de un hombre cualquiera, de un hombre como tú, que lleva cincuenta años tratando de acercarse a su persona. Y que un día se sienta a la máquina —como quien cumple un deber— para contarte lo poco que de él ha aprendido».
[...] «en este tercer volumen entrego las que, en definitiva, son las últimas claves de mi vida. Soñé, a lo largo de mi vida, muchas cosas. Ahora sé que sólo salvaré mi existencia amando; que los únicos trozos de mi alma que habrán estado verdaderamente vivos serán aquellos que invertí en querer y ayudar a alguien. ¡Y he tardado cincuenta y tantos años en descubrirlo! Durante mucho tiempo pensé que mi «fruto» sería dejar muchos libros escritos, muchos premios conseguidos. Ahora sé que mis únicas líneas dignas de contar fueron las que sirvieron a alguien para algo, para ser feliz, para entender mejor el mundo, para enfrentar la vida con mayor coraje. Al fin de tantas vueltas y revueltas, termino comprendiendo lo que ya cuando aún apenas si sabía andar»
«¿Puedo detenerme ahora un minuto en esta introducción y contaros algo que hoy me conmovió hasta las lágrimas? Resulta que uno ha leído cientos de veces el evangelio pero, en cada una de las nuevas relecturas, te encuentras algo que no habías sospechado. Y hoy, leyendo la historia de Pilato, me dije a mi mismo: ¿Te has fijado de «en qué momento» formula el prefecto romano su famosa afirmación cristológica: «He aquí al hombre»? ¡Cuando le ve destrozado de golpes, con el rostro tumefacto de bofetadas, deshecho por la garra del dolor! ¿Es que el hombre sólo empieza a ser hombre cuando ha pasado ya por la criba del dolor?
No me atrevo a contestar tajantemente a esta terrible pregunta, pero sí quiero deciros que a mi el dolor me ha estirado el alma para entender un poco mejor las de los demás y, con ello, otorgarme los mejores gozos de mi vida.
Así pude seguir escribiendo ¡cuatro años más! Y ahora siguen siendo los lectores quienes me empujan a recoger en libro lo publicado. Todo sería imposible, pues haría un tomo cinco veces como el que tienes en tus manos.
Queden aquí, al menos, los artículos que considero más significativos.
Y otra vez espero que este volumen sea el último de la serie. Aunque ya no me atrevo a asegurar nada».
«Este último libro de Martín Descalzo no es fruto de una improvisación oportunista. Lo tenía planeado el autor para cerrar —pensaba él— esta colección de sus «Razones», que tan a gusto acogen infinidad de lectores.
[...]
«Lanzas un pájaro a volar y, de pronto, te encuentras que él solito hace nido en miles de corazones», decía él cuando, al salir Razones para el amor , hablaba de su tercera y última entrega.
Este pájaro póstumo, que hoy inicia su vuelo, encontrará también nido caliente en muchas almas que lo quisieron y admiraron; más ahora, cuando el pájaro solitario emprendió el vuelo definitivo hacia los brazos de Dios, a quien amó apasionadamente».