En la tumba de Antonion MACHADO - Collioure (Francia)
In memoriam
CARTA PARA DON ANTONIO MACHADO
personalmente depositada por el autor en el buzón de la humilde tumba en el cementerio de
COLLIOURE (FRANCIA)
Mi muy querido Sr. Don. Antonio Machado,
He venido aquí, ante tu humilde tumba de Collioure, a depositar mi pobre homenaje, estos sencillos versos que quieren darte las gracias por lo mucho que me has dado durante toda mi vida; siempre fuiste mi mentor, mi consejero, mi compañero también.
Yo no soy ni tu exégeta ni tu hagiógrafo; soy un hombre que, como tú, tengo pasiones y deseos y por eso mi corazón está abierto para entender tus pasiones, tus amores. Creo que, como la tuya, mi natural empatía, sabe ir a tu lado, platicar sobre tus deseos de hombre tan poco agraciado en amores durante tu vida, tú que fuiste discreto pero sublime amante.
He leído todas tus cartas (las pocas que fueron salvadas del puritano fuego de tu intransigente amante) y cuando retornabas de Madrid a Segovia, terminada la cita con tu amante, he sentido tu soledad que el tren engulle de encinar a encinar.
Dirán los expertos que tu Guiomar fue artilugio de poeta; unas cartas, unos versos afirmando una técnica literaria ya dominada. Y lo cierto es que algunos de tus versos parecen darles razón :
Todo amor es fantasía;
él inventa el año y el día,
la hora y su melodía;
inventa el amante y, más
la amada. No prueba nada,
contra el amor, que la amada
no haya existido jamás
Yo prefiero dejarme conducir por el “feeling” de mi corazón sintiendo estos otros versos tuyos:
¡Sólo tu figura,
como una centella blanca,
en mi noche oscura!
…
¡Y en la tersa arena,
cerca de la mar,
tu carne rosa y morena,
súbitamente, Guiomar!
y siempre pensaré que fue tu Guiomar la canción de amor de un hombre ‘humano’ para una bella mujer ‘humana’.
Juan José Asín Orduña
Los dos amores de Antonio Machado
Prólogo.
Últimamente, he dado con un libro del autor Juan de Peraltalaya que pretende seguir la vena de los cancioneros apócrifos que tanto gustaban a Antonio Machado.
La nota que acompaña el libro, entiende despejar algunos datos respecto a este desconocido autor. Esto dice la nota:
Juan de Peraltalaya, poeta, pintor, grabador nació en Peralta, provincia de Navarra en 1924, murió en Castres (departamento del Tarn, Francia) en fecha no mencionada. Conocía la afición de Antonio Machado de embozarse tras poetas apócrifos para más libremente expresar sus sentimientos amorosos y su mundo filosófico. Piensa, Juan de Peraltalaya, que tal vez los Abel Martín, Juan de Mairena y la docena de poetas apócrifos que el Maestro imaginó, no hubieran dicho todo a propósito de su creador; que quedaba por aclarar, en parte, la vida amorosa del Maestro. Así pues, Juan de Peraltalaya, pretende con su libro “Dos Damas para un Romance” hacer un pequeño aporte al coro de admiradores del amado Maestro. Dice también que ha preferido el romance a otros modos de versificación por la eufonía de éste, a la par que por su melopea cantarina, al estilo de muletilla moruna:
“mil veces ciento, cien mil;
mil veces mil, un millón”
y, sobre todo, por su tan castizo uso en la lengua castellana.
A. Machado dice en Los Complementarios :
“Si la poesía es, como yo creo, palabra en el tiempo, su metro más adecuado es el romance que canta y cuenta, que ahonda constantemente la perspectiva del pasado, poniendo en serie temporal hechos, ideas, imágenes, al par que avanza, con periódico martilleo, en el presente”.
El libro se presenta en tres partes:
1- Romance de la Dame de Cœur
2- Romance del alma muerta
3- Romance de la Dame de Pique
Atento al hecho que Antonio Machado fuese profesor y catedrático de francés, dice el apócrifo autor que ha pensado dar los títulos de los capítulos 1 y 3 en dicha lengua, dado el carácter afectivo que se atribuye a las mujeres amadas: la Dame de Cœur siendo la dama que irradió el corazón de su juventud perdida y que como tal fue conocida del público, y la Dame de Pique, mujer amada en el secreto de viajes, plazuelas y paseos, pero sin duda, no menos intensamente amada en sus otoñales horas.
-I- El destino
Que dejaste en El Espino
la rosa la más amada
y en azul vespertino
Dios la llevó a su morada.
¿Y qué sabe Dios de amores
que el hombre en su seno calla?
Breve el gozo, los dolores
ya los servirá mañana.
Era flor de primavera
que el destino te donara,
en esa tierra de Soria,
fría tierra, tierra de alma.
-II- La llegada
Es una pensión humilde,
en una mansión Soriana,
donde el tímido maestro
su leve equipaje instala.
Con sencillez y dulzura
de Ronsard las rosas canta
en un vetusto instituto
de Soria la austera y brava.
A sus alumnos se debe
de darles las bases sanas
de formar su pensamiento,
que no es repetir tonadas.
Ya su deber de docente
terminado, vuelve a casa
donde las hijas del amo
revolotean y cantan.
¿Quién se atreverá a decir
al profesor una gracia,
una palabra francesa,
a él, que conoce tantas?
Leonor la más atrevida
con una sonrisa blanca
intentará; “sil vu plé,
Professoeur…” sonrosada.
Mas sus ojos la traicionan
– lleva su dulce mirada
un brillo de picardía –
y a la par dicen que aman.
El discreto profesor
el sutil destello alcanza,
pues siente en su corazón
que el mismo latido se alza.
Lanzó su flecha Cupido
(bien sabe cómo lanzarla)
ya para herir, sin que el hombre
sintiera el dardo en su alma.
Se llenó su corazón
de una humareda vaga
de aquellas que sin razón
quema el interior y sangra.
¿Que acaso un mozo barbero
su tesoro le robara?
De miedo, una estratagema
debiera parar la alarma:
unos versos olvidados
en la esquina de una tabla
que con angustia esperaba
los leyera la zagala.
Es él ya mozo maduro,
es ella una niña diáfana.
¿Qué van a decir los padres
si al pronto se declarara?
Qué torpe es el corazón
cuando el amor lo traspasa;
nada le parece extraño,
pues sólo su mundo manda.
Es, Leonor, como un lucero
que arrebola la mañana
grácil y maravillosa
que el poeta no esperaba.
-III- El matrimonio
Todo es gozo; es el asombro:
dos almas arrebatadas
por un infinito amor
que relumbra la mirada.
Así van – días felices –
dos almas ensimismadas.
ella, su tierna niñez,
él, su corazón que estalla.
Se les ven por los caminos,
ya trepan por las montañas,
suben lomas, altozanos,
cerros llenos de maraña.
Es descubrir el entorno,
una ocupación lozana
para el poeta y su esposa
que con fervor le acompaña.
Apunta ya en su libreta
estas largas caminatas
que en los “Campos de Castilla”
rezumarán la fragancia.
Una mañana de octubre.
Quiere el poeta, de la alta
cima del Pico de Urbión
ver la silueta parda,
pues sabe que el río Duero
la fuente tiene en su falda,
amado río que en Soria
curva de ballesta traza.
Le sorprende la tormenta;
hay que hacer la retirada;
pasará por la “Laguna
Negra”, de tan mala fama,
“La tierra de Alvargonzález”.
Triste historia le relata
un afable campesino.
Tiene el campo gente mala.
-IV- En París
Una beca ha demandado
para ampliar en Francia
sus estudios de la lengua.
En París, él y su amada.
Cursa la filología
con Bedier. Asiste al aula
de Bergson sobre Los datos
inmediatos – que él proclama –
de la conciencia; es un tuno
este Bergson, dice. ¿Pasa
por las orillas del Sena
el gran Jaurès, prócer alma
del socialismo francés?
Van a la Samaritana.
El se acongoja, y señor,
con bellas prendas la halaga.
Paseos, visitas, citas
con el alma parnasiana
de Darío y más poetas
de la lengua castellana.
¡Dios! Que París es bella,
cuando la ciudad proclama,
con campanas y banderas,
la dicha de estas dos almas.
Es la fiesta nacional.
Con sigilo, la gran Parca
su flechazo de ponzoña
a la joven mujer lanza.
¡Ay! ¡Señor! Hay que partir
hacia otras tierras más sanas,
volver cuanto antes a Soria,
Soria la bien aireada.
V- Vuelta a Soria
Ya la angustia, cada instante,
el corazón atenaza;
¿qué remedios procurar
para librar la batalla?
Vayamos hasta El Mirón;
hay una casita clara
donde los rayos del sol
derraman toda su gracia.
¡Ay! ¡Benditos estos rayos!
Siente que la niña sana;
de la primavera espera
el milagro de la savia.
Mas La Parca, silenciosa,
va cortando las hilachas.
Él llora todo su ser
escondido tras la tapia:
(Sobre versos de Machado)
“Una noche de verano
“abierta mi puerta estaba,
“la muerte en mi casa entró
“y la niña que yo amaba
“en silencio la llevó.
“No tengo que darte gracias
“pues queda, Señor, deshecha
“mi alma, rota, desgraciada.
Fue una flor de primavera
que el destino te donara,
en esa tierra de Soria,
fría tierra, tierra de alma.
VI- Adiós a Leonor
No quiso Dios, Leonor,
que conmigo continuaras
por esos campos de Soria
‘nuestra tierra’ tan amada.
No quiso Dios, Leonor,
de mi Andalucía blanca
que juntos, mano en la mano,
sintiéramos la fragancia.
Fuiste tú mi adoración,
Leonor, mi niña amada,
esposa, razón y aliento
de mi vida solitaria.
Adiós, Leonor, adiós.
de tu alma castellana
mi corazón queda preso.
Para siempre me acompañas.
“En el corazón tenía
el fuego de una pasión;
quitómelo Dios, un día:
ya no siento el corazón”.
(Una versión sobre versos de A. Machado)
-I- Baeza
Viene con el alma rota
a esta villa de Baeza;
la soledad le agarrota;
es su tierra, tierra ajena.
Ya la mano de la amada
no toca, sólo la sueña;
perdido por los caminos
triste va, ánima en pena.
Cual Saúl, los ojos ciegos
por la pena, de Baeza,
villa de ilustres culturas
no pueden ver la belleza.
Los extensos olivares,
el rumor de la alameda
ya no le importa sentir
pues no puede verlos Ella.
Pensaba huir el destino
retornando a esa su tierra,
mas el corazón quedaba
atado a las grises peñas
del Duero, que Soria ciñe
con su curva de ballesta.
¡Soledad de soledades:
vivir con el alma muerta!
Mas la función continúa.
En su vagón de tercera
con equipaje ligero
dará la vuelta a su tierra.
También serán sus caminos:
Baeza, Jaén, Baeza,
Cazorla, la encaramada,
Úbeda y sus altas sierras;
Y amante siempre de fuentes,
el Guadalquivir le espera
y beberá su agua limpia
que la Andalucía riega.
No hay mal que cien años dure
Siete años es grande pena,
y siempre en su corazón
su niña y esposa lleva.
-II- Segovia y Madrid
Si la herida sigue viva
ya se sosiega la pena,
vuelve su mente a gozar
de tertulias y vivencias.
Es Segovia regia villa
de castellana ascendencia.
donde fuese coronada
La Católica Reina.
Él viene de Andalucía,
pero es Castilla la tierra
de la compañera amada,
ya, para él, sagrada tierra.
La casa de Doña Luisa
es humilde residencia:
tiene cama y escritorio,
una cómoda y la mesa
y cuando canta la lluvia
y el cristal repiquetea
enciende el útil brasero
que cuerpo y alma calienta.
Instruir al pueblo plebeyo
es para él una exigencia;
con otros la Universidad
Popular y libre crea.
Es Segovia otra ventaja,
pues en su tren de tercera
a Madrid, la capital,
en un santiamén se llega.
Allá le espera su hermano,
las tertulias y la fiesta;
éxitos en el teatro
que a cuatro manos operan.
Mas Cupido, va al acecho;
de su carcaj, la certera
y olvidada flecha extrae.
¡Y la lanza con destreza!
“el mutuo jardín que inventan
dos corazones al par” A.M.
-I- Advertencia
Quien nunca su corazón
ha visto, en ocaso, alzarse
con la utópica ilusión
de un amor, ya nada sabe
de la vida; ¡Que se quite
del camino y que se calle!
Eso lo digo yo, Juan
de Peraltalaya. Vale.
-II- Los amantes
Es una noche de junio.
Un paseo por las calles
de Segovia, con la suave
luna cómplice rielándoles,
dan dos seres que se inventan
mutuo jardín palpitante;
es la ruta de un amor
súbito, desconcertante.
Tal vez nunca imaginó
él, que Eros le despertase
de aquel profundo letargo
do yacía su alma grave
y aún que el enamorado,
viudo avezado, salte,
cual intrépido mozuelo,
las conveniencias sociales.
Es su pobre corazón
fogoso volcán que arde
por una bella mujer,
¡su diosa! su estandarte
que su intelecto enarbola
cual refulgente azabache.
Y sabe las condiciones:
amor casto y sin carnales
ataduras, que le impone
esa intransigente amante.
Así, el hombre, ante el Amor,
desmorona su acicate.
Con que pueda verte – dice –
ya me parece bastante,
doblegando al animal
que quiere romper ramales.
En sus sueños, el viajero
va corriendo, no obstante,
a sus labios y moldea
sus dos senos, jadeante.
¡“La Madonna del Pilar”!
Es su virgen cautivante,
por ella quiso ser siervo,
y aún más, sumiso Atlante.
¡Ah Guiomar! La tan amada.
¿Que darás tu a tu vate?
¿Acaso quieres su fama
y de su aura aprovecharte?
¿Qué me ofreces? – suplicaba –
¿Dorada ausencia en la tarde
yerta? ¿Rosada madrugada
o vaga y confusa imagen?
¿Qué pudiera hacer tu Dios
contra dos almas amantes?
¿Reivindicar su venganza?
Nuestro amor no tiene alcance.
Mas no importan las razones,
a su resignado amante:
es un corazón que ama
y arrastra todo adelante,
y, mujer, con tu figura
en la noche rutilante,
ya no será noche oscura,
será centella brillante,
en el cielo del ocaso,
será su guía inefable.
¡Oh! ¡Madonna del Pilar!
a ti me acerco con Dante,
te daré ¡sí! diosa mía
mis manojos montaraces:
flores de melancolía,
cantos de mis soledades.
Tal vez dijo algún poeta:
“nunca jamás se ama en balde”,
es el amor fiero río
que en el mar debe anegarse.
¡Ah Guiomar! ¿Tu no recuerdas
tu morena y rosa carne,
una mañana en la arena,
que todo su ser invade?
¿Serán estos ¿Sabes? besos
anamorfosis brillante
que la distancia compone
entre dos almas iguales?
¿Y ese virtual Tercer Mundo
que en las horas de la tarde
los pensamientos reúne
en comunión inefable?
Dices que cuando te miro
una luz mi rostro invade;
es, como dice Berceo,
que mi corazón renace.
Sí, diosa, porque esa luz
es la que de ti se expande
y todo mi ser se abreva
en ella, en un instante.
¡Guiomar!, ¡Guiomar! ¡Guiomar! Lejos
tú en un mar – que Dios nos salve –
yo en otro mar, tomo un atajo
que me lleva a la mar grande,
van mis pies dejando estelas,
estelas de caminante
que se hacen sobre la mar,
blancas estelas fugaces.
-III- Súplica a Guiomar
Fue tu poeta, ensartado
por esas flechas letales
del caprichoso Cupido,
corazón de mil quilates,
y amó todo que tenéis
de hospitalario; un gigante
de nostalgia y de congoja
con un alma de diamante.
¿No fuiste tú quien vinieras,
con tu belleza triunfante,
a demandar una cita,
que su soledad distante
en mil pedazos rompiera?
¿No le hiciste tú mirarse
en el azogue de un viejo
espejo tardío y vulnerable?
Acaso fueran tus ojos,
ojos de negro azabache
que su mirada captaron,
cual imán que al hierro atrae.
Dile ya, sobre la arena,
a ese hombre jadeante
que ante ti se doblegó,
dile por fin que le amaste,
que de un mar a otro mar
vuestras almas trashumantes
con el lazo del amor
lograron eterno alcance.
¡Guiomar! Lejos de su tierra
mirando a la mar, yace
en Collioure, villa francesa
tu poeta. En paz descanse.
Yo que liviano me fuera por senderos
foráneos, lejos de mi amada tierra,
fueron tus versos y reliquia y bandera,
y tú siempre conmigo, mi compañero
de tan largo camino; fueron aliento
para las palabras mías, prisioneras
de mis veinte años, en tierra extranjera,
en mi seno olvidadas, por mi tormento,
que ahora quisieran volar en la tarde
violácea, y decirte que aquí arde,
un solitario corazón español
que vive de tus palabras incrustadas
en sus túrgidas entrañas reventadas
esperando alzarlas al último sol.
Epílogo.
Olvidemos al apócrifo autor; ya ha terminado su papel. En lo que sigue, es el autor quien exprime su pensamiento:
Según he leído, acá o allá, parece ser que dos corrientes debaten sobre la veracidad de la vida amorosa de A. Machado en lo que se refiere a su amor o pretendido amor a Guiomar. Dicen unos que su Guiomar fue Pilar de Valderrama (a la fuente de las cartas escritas por Antonio Machado a Pilar de Valderrama; ella misma autorizó que se publicase "post mortem" su libro Sí, Soy Guiomar), otros consideran que Guiomar sólo fue uno de los múltiples apócrifos que el Maestro utilizó en su arte poético.
No soy yo quien dará razón a los unos contra los otros; ni soy experto ni hagiógrafo de A. Machado. A la ley inapelable de los expertos que tienen la certeza de las horas pasadas en investigaciones, prefiero yo el “feeling” del corazón. Así pues, como hombre normal, (si con este vocablo se entiende que yo no soy insensible a la felicidad del prójimo), digo pues, como hombre normal a mí me parece que la advertencia de Juan de Peraltalaya, en el inicio del capítulo 3 - Romance de la Dame de Pique, de manera un tanto socarrona, tiene su punto de sensatez; nada le quita, ni al honor ni al arte del Maestro que en sus años de madurez sintiera su corazón arrebatado por el Amor. A mi me conmueve la fragilidad de un corazón – tan poco favorecido por Eros en su vida – ante la incontenible pasión que puede provocar un amor tardío.
Si fue Leonor el Amor de su vida, extrapolado en la belleza ideal de Castilla y de la poesía, tal vez fue Guiomar la canción de amor de hombre ‘humano’ enamorado de una bella mujer ‘humana’.
Algunos datos sobre Antonio Machado
Antonio Machado nace en Sevilla el 26 de julio de 1875, en el palacio de las Dueñas (así nombrado a causa de la calle donde está ubicado), propiedad de los duques de Alba. No significa esto que la familia de los Machado fuera de estirpe nobiliaria; es por entonces habitual que las propiedades de los nobles sean alquiladas cuando los propietarios no las habitan.
Así lo recuerda el propio Machado, sin jactancia alguna, en su poema Retrato que abre el libro Campos de Castilla
“mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla
y un huerto claro donde madura el limonero”.
Podemos recordar que su abuelo paterno Antonio Machado y Núñez es médico y naturalista y también catedrático en la Universidad de Sevilla, introductor en España de las teorías de Darwin; el hijo de éste, Antonio Machado y Álvarez, padre de nuestro Antonio Machado (Antonio Machado y Ruiz) es un erudito que pasó su vida estudiando el Folklore andaluz (cantes flamencos, cuentos, adivinatorias, pregones, coplas,… no como coleccionista de antigüedades sino como una “reconstitución científica de la historia, idioma y cultura nacionales”. Firmaba siempre sus escritos con el seudónimo de “Demófilo” o sea amigo del pueblo.
Así pues, Antonio Machado estuvo bañado desde su infancia en un ambiente culto.
En 1883, siguiendo al abuelo, al que se le había concedido una cátedra en la Universidad Central, toda la familia Machado se traslada a Madrid. Tiene Antonio Machado 8 años.
Antonio y su hermano Manuel hacen la escolaridad en el Instituto Libre de Enseñanza donde la pedagogía es innovadora. Pero cuando debe confrontarse con los examinadores públicos ya es otra canción; aprueba con dificultad y a veces suspende. Es a la edad de 25 años que por fin consigue et título de bachiller, mientras que su hermano Manuel es titular de la licencia de Filosofía y Letras desde hace ya varios años.
De su juventud, A. Machado dice : “he hecho vida desordenada y he sido algo bebedor, sin llegar al alcoholismo”. Pero también empieza a colaborar en algunas revistas.
En 1898, su primer viaje a París, con su hermano Manuel para trabajar como traductores en la editorial Garnier.
En 1902, segundo viaje a Paris (abril-agosto). Encuentro con Rubén Darío. Comienza la amistad con Juan Ramón Jiménez.
1907. Pasa oposiciones y obtiene la cátedra de francés en el Instituto de Soria. (El título de bachiller era suficiente para presentarse a oposiciones). En mayo se desplaza a Soria para tomar posesión de la plaza. En setiembre se instala en la pensión de los esposos Izquierdo y Cuevas, padres de Leonor Izquierdo, hija mayor del matrimonio. La niña, como Machado la llamaría en algunos de sus poemas, tenía entonces 13 años y nuestro Antonio 32. ¿Qué pasó con Antonio en aquel momento? Por sus poemas, sabemos que una dulce melancolía le acompañaba y que desconfiaba que un día el amor llamase a su puerta.
José Luis Cano dice: “No se puede comprender la primera etapa de la poesía de Machado, la de Soledades (su primer libro, NDLR) si no se advierte que en toda ella está soñando con una ilusión amorosa , esperando un amor que no llega”
En uno de sus poemas confiesa:
“Bajo ese almendro florido
todo cargado de flor
recordé – yo he maldecido
mi juventud sin amor”
Casi inmediatamente se enamoró de la muchacha, una niña alegre, de ojos oscuros y de tímida mirada; pero tenía 13 años… Así que había que esperar a que la niña cumpliera sus 15 años, que era entonces la edad legal para casarse con permiso paterno. Pero la duda no le dejaba en paz; claro, la niña tenía compañeros de juego con los que naturalmente ella pasaba muchos momentos. Par cerciorarse de que la niña responde a los sentimientos de su corazón, imagina una estratagema: en el poema El tren, había escrito:
“y la niña que yo quiero
¡ay! preferirá casarse
con un mocito barbero”
y “con cuidadoso descuido” se ingenia para dejarlos a la vista de la niña para que ella los leyera. El padre de Leonor acordó que fuera la niña la que decidiese y es lo que Leonor decidió. Antonio pidió la mano por intermedio de su colega de instituto Federico Zunón, representando a la madre de Machado. Contrae matrimonio el 30 de julio de 1909.
Explicaciones sobre mi poema : DOS DAMAS PARA UN ROMANCE.
Capítulo 1. La Dame de Cœur.
Nos acercamos a esos momentos de soledad del poeta solterón, de breves meses felices y por fin del cruel destino de un amor fulminado por la enfermedad; un amor que Machado ha estado esperando toda su juventud y que el destino se lo arrebata sin piedad.
Capítulo 2. El alma muerta.
Ya huido de Soria, siguen 7 años de desolación en Baeza, que aun que con "el alma muerta", hace frente a la vida, con resignada voluntad. Amaina la pena pero la herida sigue viva.
En 1918 se licencia en Filosofía y Letras en la Universidad Central de Madrid.
Año 1919. Obtiene la cátedra de francés en Segovia
Capítulo 3. La Dame de Pique.
Aquí empieza el romance de la segunda mujer amada por Machado. Se llama Pilar de Valderrama. Esta señora de la alta sociedad, casada, con tres hijos, acaba de enterarse que su marido le ponía los cuernos con una joven que se ha defenestrado. Para alejarse de su marido va a Segovia; lleva una carta de recomendación para conocer a Antonio Machado.
Un tanto socarrón, el apócrifo autor lanza una advertencia a los críticos que no creen que Machado pudiera enamorase a su edad.
Estamos en 1926 y Machado tiene entonces 51 años, Pilar tiene 16 años menos. Es casi la misma diferencia de edad que había entre Leonor y Machado cuando se casaron!
Machado y Pilar se dan cita en un restaurante de Segovia y luego, ya de noche, dan una vuelta por Segovia y van a parar al Alcazar.
Según dice Pilar en su libro “Si, soy Guiomar”, Machado está embelesado ante la figura femenina de Pilar y apenas sabe decir unas palabras, sólo la mira.
Pilar es de puritana tradición católica y aunque sabe que su marido le es infiel, ella siempre será intransigente con la moral católica que impide toda relación carnal fuera del matrimonio.
El, totalmente enamorado, acepta esta condición.
Como dos adolescentes, los amantes se inventan lugares y palabras personales para ellos solos; así estos ¿Sabes?que son sin duda los besos que se escriben en sus cartas. Y ese Tercer mundo, obra de teatro escrita por Pilar, que les sirve soporte de comunicación “virtual’ entre ellos a horas fijas de la noche.
La guerra los ha separado. Ella ha huido a Lisboa y Machado, fiel al ideal republicano, se repliega, con toda su familia, según van avanzando las tropas franquistas; en primer lugar en las cercanías de Valencia (un año durante el cual escribe muchos artículos en periódicos republicanos para infundir ánimo a los combatientes); luego a Barcelona; pero las tropas franquistas comienzan a acercarse; los responsables políticos de la república deciden hacerle pasar la frontera; los últimos kilómetros tiene que hacerlos a pie. Unas semanas mas tarde, el 22 de febrero de 1939, Machado muere en Collioure (Francia).
En la Súplica a Guiomar, Juan de Peraltalaya toma la defensa de Machado y pide a su ‘diosa’ que le diga, por fin, que le amó.
En realidad, el autor se dirige a la crítica, que no admite que Antonio Machado hubiera podido tener un verdadero amor en sus años de madurez.
A modo de conclusión
Tengo que decir algo a propósito del autor de este libro. Tal y como Machado ingenió a Juan de Mairena, Abel Martín y algunos otros autores apócrifos, he escogido yo este procedimiento literario para intentar poner cierta distancia con el romance, sin tratar de esconder lo que realmente pienso de los amores de Antonio Machado.
El nombre Juan de Peraltalaya es una contracción de Peralta (villa donde nací) y Atalaya, hoy en día, ruina en la altura de una colina situada en dicha villa que se utilizaba en tiempos pasados para vigilar el horizonte.
El año de su nacimiento es el de mi madre y el lugar de su muerte es Castres, en las cercanías del cual vivo ahora, pero, gracias a Dios, aún no se sabe su fecha de defunción.
Juan de Peraltalaya (alias Juan José Asín) es, en su vida de diletante, pintor, grabador y poeta.
FIN
El autor agradece la información que le han proporcionado estas páginas web:
http://www.antoniomachadoensoria.com/biografiademachado.htm
https://es.wikipedia.org/wiki/Antonio_Machado
http://machado.turismodesegovia.com/machado-en-segovia
http://www.abc.es/estilo/gente/20140222/abci-mujer-machado-201402211723.html
http://www.gibralfaro.uma.es/criticalit/pag_1886.htm
http://elpais.com/diario/2006/03/26/domingo/1143348759_850215.html
http://www.lasombradelmembrillo.com/cartasmachado.htm
http://rosadeairefemenino.blogspot.fr/2014/03/guiomar-el-amor-platonico-de-antonio.html
https://poetassigloveintiuno.blogspot.fr/2015/07/pilar-de-valderrama-16594.html
Y naturalmente, los libros de o sobre Antonio Machado y Pilar de Valderrama:
- Antonio Machado - Poesías completas (Col. Austral)
- Antonio Machado - Campos de Castilla (CATEDRA – Letras Hispánicas)
- Antonio Machado - Antología poética (Salvat)
- Antonio Machado - Poesías completas (Manuel Alvar)
- Antonio Machado - Nueva biografía (Enrique Baltanás)
- Ligero de equipaje - Ian Gibson (Debolsillo) La vida de Antonio Machado
- Juan de Mairena I - (Antonio Machado) por Antonio Fernández Ferrer
- Juan de Mairena II - (Antonio Machado) por Antonio Fernández Ferrer
- Los Complementarios - Manuel Alvar
- Antonio Machado - CARTAS A PILAR édición Giancarlo Depretis
- Pilar de Valderrama “Sí, soy Guiomar”, Memorias de mi vida
- Le Grand Jaurès - Max Gallo
- y otras poesías de A. Machado en Internet