Estudiante entusiasta de administración publica
Creado el 21 de enero del 2026
Ultima edición 22 de enero del 2026
Es un marco que permite observar la intersección entre cambio climático y la forma en que las desigualdades sociales son experimentadas en forma de violencia estructural (Porter et al., 2020).
Porter, L., Rickards, L., Verlie, B., Bosomworth, K., Moloney, S., Lay, B. Pellow, D. (2020). Justicia climática en un mundo con cambio climático . Teoría y práctica de la planificación, 21(2), 293–321. https://doi.org/10.1080/14649357.2020.1748959
La ONU ha señalado que las mujeres y niñas tienen mayores probabilidades de verse afectadas por desastres naturales y enfrentan más obstáculos para adaptarse a los impactos climáticos debido a factores como el acceso limitado a recursos, servicios financieros, tecnologías o información temprana. Cerca del 80% de las personas desplazadas por desastres naturales son mujeres y niñas. A ello se suma que los eventos extremos como sequías o inundaciones están correlacionados con el aumento de la violencia de género y la inseguridad alimentaria.
Los datos no pueden entenderse como hechos aislados, sino como expresión de una problemática estructural vinculada a la justicia climática. Los conflictos ambientales tienden a profundizar desigualdades preexistentes y a reproducir relaciones de poder desiguales, particularmente en territorios habitados por comunidades indígenas. Cuando a estas condiciones se suma el hecho de ser mujer, la vulnerabilidad se intensifica, ya que se intersectan la discriminación de género, la exclusión social y la histórica marginación territorial.
Nacer mujer implica, estadísticamente, pasar más tiempo en el ámbito doméstico y asumir de manera desproporcionada las labores de cuidado del hogar y del resto de la familia. Esta distribución desigual de responsabilidades se vuelve especialmente relevante frente a los efectos del cambio climático, como inundaciones, sequías u otros eventos extremos, ya que son las mujeres quienes, en muchos casos, asumen la tarea de garantizar la seguridad, la alimentación y el bienestar de las personas que dependen de ellas, teniendo que salir a protestar cuando el bienestar de su familia se ve en riesgo.
Como ya se ha señalado, las mujeres son desproporcionadamente afectadas por las consecuencias del cambio climático a pesar de ser quienes menos contribuyen a su origen, lo que evidencia que los impactos ambientales no pueden analizarse de manera neutral, pues se insertan en estructuras sociales atravesadas por relaciones de poder desiguales; desde esta perspectiva, la justicia climática feminista permite comprender cómo las desigualdades de género influyen directamente en la exposición al riesgo, en la capacidad de adaptación y en el acceso a mecanismos de protección frente a los efectos del cambio climático, al mismo tiempo que obliga a cuestionar la idea de que estos impactos afectan a todas las personas por igual. Además, no basta con reconocer la existencia de factores económicos, sociales o culturales que de forma indirecta colocan a las mujeres en situaciones de mayor vulnerabilidad, también es necesario señalar la falta de voluntad política e institucional para atender estas desigualdades de manera efectiva, ya que la ausencia de políticas públicas con enfoque de género y la escasa inclusión de las mujeres en la toma de decisiones ambientales contribuyen a que estas condiciones se reproduzcan y se normalicen, perpetuando escenarios de injusticia que limitan la construcción de respuestas integrales y equitativas frente a la crisis climática.
Desde la justicia climática feminista, uno de los puntos centrales es la redistribución de los recursos, especialmente en la transición de economías que dependen de los combustibles fósiles hacia otras que realmente prioricen el bienestar de las personas y del planeta. Para que esta transición sea justa, es fundamental que las mujeres tengan acceso real a oportunidades laborales, a la tierra, a la educación y a la tecnología, ya que sin estos elementos es difícil que puedan beneficiarse de la transición verde. En este sentido, las finanzas públicas tienen un papel clave, pues permiten fortalecer sistemas de protección social con perspectiva de género que aumenten la resiliencia de las mujeres y ayuden a reducir las desigualdades que se profundizan con el cambio climático.
De igual forma, es necesario garantizar la participación efectiva de las mujeres y de otros grupos históricamente marginados en la toma de decisiones climáticas en todos los niveles. Las comunidades que enfrentan directamente los efectos del cambio climático y la pérdida de biodiversidad, incluidas las organizaciones de mujeres, deben ser parte de la formulación de políticas públicas, ya que son quienes conocen de primera mano las problemáticas que se viven en los territorios. Además, la rendición de cuentas frente a la injusticia ambiental y la protección de las defensoras de derechos humanos resulta fundamental, considerando los riesgos que muchas mujeres enfrentan por su labor en la defensa del medio ambiente.
Finalmente, la justicia climática feminista también implica hablar de reparación y de responsabilidad histórica, reconociendo al Norte Global como el principal responsable de las emisiones acumuladas. Esto no solo supone compensar los daños causados, sino también garantizar que no se repitan estas prácticas. Más allá de la cancelación de la deuda, los países del Norte Global deben cumplir con sus compromisos de financiamiento climático y asegurar que estos recursos lleguen a los países más vulnerables y a las organizaciones comunitarias de mujeres que están al frente de la lucha contra el cambio climático. Asimismo, resulta indispensable la creación y el financiamiento adecuado de un fondo de pérdidas y daños que permita atender no solo las afectaciones económicas, sino también otras consecuencias sociales, como el aumento de la violencia de género y la sobrecarga de los trabajos de cuidado no remunerados.
La integración de políticas debe implicar un nuevo mandato mediante el cual las políticas y la organización trabajen bajo una nueva lógica, subordinando sus objetivos a un nuevo objetivo general y tomando decisiones basadas en las necesidades y prioridades derivadas de un problema complejo (Cejudo y Michel, 2017). El cambio climático no es solo un problema ambiental, sino un fenómeno que profundiza desigualdades que ya existen, especialmente aquellas relacionadas con el género. Desde la justicia climática feminista, queda claro que las mujeres son de las más afectadas por sus consecuencias, aun cuando su contribución a esta crisis ha sido mínima, lo que evidencia fallas estructurales en la forma en que se han pensado y aplicado las respuestas institucionales. Por ello, no es posible seguir diseñando políticas públicas climáticas sin una perspectiva de género, ya que cuando estas se formulan de manera neutral terminan ignorando las condiciones reales en las que viven muchas mujeres y reproduciendo escenarios de vulnerabilidad.
En este sentido, las políticas públicas deben ir más allá del discurso y traducirse en acciones concretas que prioricen la redistribución de recursos, el fortalecimiento de sistemas de protección social y la participación efectiva de las mujeres en la toma de decisiones. También es necesario que incorporen mecanismos de rendición de cuentas y de reparación, tanto a nivel nacional como internacional, reconociendo las responsabilidades históricas y garantizando que los apoyos lleguen realmente a quienes enfrentan de forma directa los impactos del cambio climático. Solo así será posible avanzar hacia una respuesta climática más justa, que no solo atienda la emergencia ambiental, sino que también contribuya a reducir las desigualdades sociales que esta crisis ha puesto aún más en evidencia.
Barros, A. (2010). Ética medioambiental: De la ética centrada en lo humano a una ética centrada en la vida; del antropocentrismo al biocentrismo. Revista Amauta, 8(16), 35–47. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=7763630
Beaucage, P. (2007). El desarrollo sustentable: Crítica al discurso y a las prácticas. Progreso y desarrollo, 41–70.
Cassen, R. H. (1987). Our common future: Report of the World Commission on Environment and Development. International Affairs, 64(1), 126. https://doi.org/10.2307/2621529
Dupont, C. (2015). Climate policy integration into EU energy policy: Progress and prospects. Routledge.
ONU-Mujeres. (2024). Justicia climática feminista: Un marco para la acción (Resumen). https://www.unwomen.org/sites/default/files/2024-10/feminist-climate-justice-a-framework-for-action-overview-es.pdf
Plan International América Latina. (2025, November 19). Las niñas son las más afectadas por la crisis climática. https://plan-international.org/america-latina/noticias/2025/11/19/las-ninas-son-las-mas-afectadas-por-la-crisis-climatica/