A lo largo del paseo que hemos realizado hasta este lugar hemos pasado por varios puntos importante, como el Palacio de San Telmo, hoy sede de la Presidencia de la Junta de Andalucía. Al seguir rumbo norte hemos dejado a nuestra derecha la "Puerta de Jerez", una de las entradas principales a la ciudad ya incluso en época cervantina.
No debemos olvidar que en esta época Sevilla sería una de las urbes más importantes de Europa debido al importante tráfico marítimo con América y a la Sede de la Casa de Contratación. Desde la explanada frente a la Puerta de Jerez y entre la Torre del Oro y la Torre de la Plata es donde varias de las novelas de Cervantes van a encontrar su localización.
Es el caso por ejemplo de Cipión y Berganza, dos perros con la capacidad de hablar, que cuentan las peripecias de sus distintos amos. En este caso, Cipión cuenta como un antiguo amo suyo, alguacil de la ciudad, fanfarroneaba de su capacidad de mantener el orden. Esto era posible porque sobornaba y se ponía de acuerdo con los rufianes para que le dejaran en buen lugar.
Igualmente en esta zona junto al río tenían su zona de trabajo Rinconete y Cortadillo. Dos chavales de 15 años que abandonan sus casas y empiezan a trabajar para un hampón de la ciudad, Monipodio:
"...A Rinconete el Bueno y a Cortadillo se les da por distrito hasta el domingo desde la Torre del Oro, por de fuera de la ciudad, hasta el postigo del Alcazar donde se puede trabajar a sentadillas con sus flores: que yo he visto a otros de menos habilidad que ellos salir cada día con más de veinte reales en menudos...".
Al cruzar hacia el suroeste el puente San Telmo entramos en el Barrio de Triana, lugar donde vivián multitud de alfareros,a rtesanos, comerciantes y gentes de mar, al calor del importante comercio con América.
Igualmente, en este punto concreto donde nos encontramos, estaría uno de los punto neurálgicos de la "gente de mal vivir" que se retratan en las novelas cervantinas, así nos lo relata el perro Berganza:
"Finalmente, vine a entender con toda certeza que el dueño de la casa, a quien llamaban Monipodio, era encubridor de ladrones y pala de rufianes".
ACTIVIDADES:
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