La evolución económica en Francia se analiza en tres tiempos, similar a un vals. En el primer tiempo (1996-2002) hubo una reducción del índice de pobreza, pasó del 14,5% al 12,9%, lo que indica que el 10% más pobre mejoró sus ingresos gracias a la disminución de desempleo por la creación de más de 1,7 millones de empleos. En este primer tiempo los ingresos de los pobres crecieron en un 20%, superando el de los ricos de 18%.
El segundo tiempo (2002-2008) fue marcado por un 'enlentecimiento' de la reducción de la pobreza. A pesar de la creación de 1,25 millones de empleos, la calidad de estos era menor, lo que significaba una peor remuneración y una menor estabilidad. En consecuencia el 10% más pobre ganaba entre 700 euros mensuales y no eran propensos a mejorar dicha situación. Por otro lado, los ingresos del 10% mas rico aumentó, pues su ingreso promedio pasó de ser de 4,150 euros a 4,650 euros mensuales. A pesar de que el desempleo disminuyó, el índice de pobreza permaneció estancado, lo que acentuó la brecha entre los ricos y pobres.
Finalmente para el tercer tiempo (2008) Francia se vio gravemente afectada por la crisis financiera global que impactó principalmente a las personas más pobres, pues sus ingresos pasaron de ser de 700 euros mensuales a 665 y el número de personas en condición de pobreza aumentó a un millón. Todo esto debido al aumento del desempleo que golpeó especialmente a los trabajos mas precarios y vulnerables. La crisis detuvo los avances que Francia había tenido. Pero a pesar de la crisis los ricos pudieron mantener sus ingresos y el 5% más rico incluso pudo mejorarlos. Este grupo acaparó el 53% del incremento de los ingresos durante la crisis.
Las recientes protestas en Francia reflejan una creciente desigualdad y falta de movilidad social acentuada por el desempleo juvenil y los barrios marginalizados:
“La ayuda nacional per cápita en los barrios de bajos ingresos es notablemente más baja que en cualquier otro lugar del país, con personas de bajos ingresos que ganan una media de 6.100 euros al año, mientras que la media nacional se sitúa en 6.800 euros. Por ejemplo, el departamento de Seine-Saint-Denis es el octavo contribuyente más grande a los programas de asistencia social. Sin embargo, su tasa de no utilización de las prestaciones sociales es más alta entre la población más pobre, el 43% de los cuales renuncia a su derecho a la ayuda universal a la renta”, explica Iona Lefebvre, experta de Institut Montaigne.
Situación que se ve intensificada por la falta de inversión pública y de cobertura de servicios públicos, pues se encuentran desantendidos en comparación al resto del país. Para el 2023, según Human Rights Watch, el 65% de los frenceses aseguraban conocer a alguien en situación de pobreza, en comparación al 55% que afirmaban esto en el 2021, lo que evidencia una intensificación de la pobreza.
“Aunque la desigualdad de ingresos del país se ha mantenido en niveles relativamente bajos en comparación con otras economías avanzadas, la desigualdad de riqueza ha empeorado rápidamente en las últimas dos décadas debido al aumento de los precios de la vivienda, en detrimento de las generaciones más jóvenes. La mitad de la población concentra el 92% de la riqueza de los hogares, y el 10% superior posee la mitad de esto. Además, la riqueza promedio de los menores de 40 años es ahora la mitad de lo que era a mediados de la década de 1980 en comparación con los de 50 a 59 años”, indica Vincent Aussilloux, economista de France Strategie.
Como se observa en la gráfica, Francia es el país que más invierte de su PIB hacia el gasto social. Esto implica que el Estado francés gasta para sus ciudadanos en términos de prestaciones sociales públicas: jubilación, salud, familia, empleo, etc, en relación con el PIB. El Estado entonces tiene una amplia participación en la economía francesa, pues, históricamente, el Estado ha intervenido en sectores específicos en la posguerra. Esto se conoce como Trente Glorieuses, y fue fundamental para el desarrollo francés en el ámbito agronómico e industrial. Francia podría considerarse como un Estado de bienestar parcial, en la medida en que el Estado posee el control del mercado de ciertos bienes y servicios para que sean públicos y se puedan distribuir a la mayor parte de la población posible.
Clerc, D. (2014). La década maldita de la desigualdad en Francia. Alternativas Económicas. Recuperado de https://alternativaseconomicas.coop/articulo/actualidad/la-decada-maldita-de-la-desigualdad-en-francia
Cincodías. (2023). Francia: un país en llamas por la feroz desigualdad y su falta de reformas. El País. Recuperado de https://cincodias.elpais.com/economia/2023-07-10/francia-un-pais-en-llamas-por-la-feroz-desigualdad-y-su-falta-de-reformas.html