EL MARQUÉS DE SADE Y EL ABANDONO DE LAS BIBLIOTECAS: UNA MIRADA DESDE EL CAOS Y LA RAZÓN.
El Marqués de Sade, icono del pensamiento radical, provocador incansable y escritor que puso en jaque las normas morales, religiosas y sociales de su tiempo, probablemente observaría el abandono de las bibliotecas universitarias en Venezuela con una mezcla de furia filosófica, sarcasmo lúcido y profunda decepción ante la decadencia institucional de la racionalidad. Desde su óptica, el desmantelamiento de estos espacios del saber no sería únicamente un atentado contra la cultura, sino un síntoma del placer perverso del poder en destruir lo que representa autonomía intelectual. Sade, defensor incondicional de la libertad individual llevada a extremos, reconocería en las bibliotecas universitarias un reducto sagrado de racionalidad.
Son templos profanos donde las ideas pueden enfrentarse sin censura, donde se deposita la memoria de la humanidad y se gestan las revoluciones del pensamiento, entonces cerrarlas sería un acto brutal de violencia simbólica: una violación intelectual cometida por sistemas que temen a la lucidez.
Para Sade, quien consideraba que el deseo humano es inseparable de la destrucción, este abandono quizás sería una muestra del sadismo institucional que goza al silenciar la voz crítica, en este sentido, no se trataría sólo de negligencia, sino de una estrategia de desarme cultural.
El Placer del Poder en Silenciar la Ideas
En la filosofía sadiana, el poder disfruta imponiendo su voluntad sobre cuerpos e ideas, desde esta perspectiva, el cierre de las bibliotecas universitarias no es un accidente: es el cumplimiento voluptuoso de un deseo autoritario. El Estado, desvinculado de la ética racional, reprime lo que no puede controlar, y como Sade lo hubiera señalado con mordacidad, encuentra placer en encadenar la mente colectiva.
Podría incluso burlarse de la paradoja: en un país donde se clama por democracia, se destruyen los espacios donde esta se aprende y se discute. ‘Qué refinada forma de perversión’, diría, ‘callar a las voces que aún creen en el conocimiento como forma de resistencia’.
Sade entendía que el pensamiento libre es peligroso para el orden establecido. Así, el abandono de las bibliotecas es también un mensaje: el saber crítico es visto como un delito. Quienes gestionan el conocimiento (los Bibliotecólogos), se convierten en figuras incómodas, y en ese contexto, el escritor imaginaría que el cierre de una biblioteca es como quemar un libro sin necesidad de fósforos: basta con la indiferencia, recortes presupuestarios, el hambre, y el olvido. Podría incluso comparar el acto con una orgía institucional, donde los actores se regocijan en la destrucción sin límites ni sentido, solo por el goce de dominar.
Contrapoder desde la Irreverencia
Curiosamente, el Marqués de Sade también podría reivindicar la urgencia de revelarse, no desde lo tradicional, sino desde lo transgresor: crear bibliotecas clandestinas, compartir saberes prohibidos, utilizar el caos como medio de reconstrucción. Para él, el conocimiento no debe ser dócil, debe provocar. Y ante el abandono, surgiría una nueva forma de disidencia intelectual, irreverente y combativa.
MANIFIESTO SADIANO POR LAS BIBLIOTECAS SILENCIADAS.
Nosotros, herederos del pensamiento libre y del deseo de conocimiento sin cadenas, alzamos la voz ante el abandono sistemático de las bibliotecas universitarias en Venezuela. En nombre del saber profanado, proclamamos:
I. Las Bibliotecas son Deseo.
No son estantes polvorientos, ni salones callados, son cuerpos vivos, palpitantes, donde se consuman los actos más intensos de la razón y la imaginación. Cerrarlas es mutilar el pensamiento, negarle el derecho al placer de descubrir, explorar, y transgredir.
II. El Saber es una Perversión Necesaria.
El pensamiento crítico siempre ha sido incómodo. Y así debe ser. Las bibliotecas no deben complacer al poder, sino irritarlo. Son espacios de delirio lúcido, donde el conocimiento arremete contra la ignorancia institucional. ¿Qué mayor amenaza que una juventud capaz de pensar sin permiso?
III. El Estado Disfruta del Silencio.
No es casualidad: el abandono es goce del poder que reprime, del sistema que se satisface al cerrar puertas del conocimiento. Como diría Sade, el Estado ejecuta su perversión al impedir el acceso libre a las ideas, el cierre no es olvido; es castigo.
IV. Nosotros Somos la Resistencia.
Nos negamos al éxtasis del silencio. Respondemos con movimientos de lectura, con bibliotecas clandestinas, con redes de saber que cruzan muros y censuras. Nos declaramos libres de pensar, leer y contagiar el deseo del saber.
V. Que el Saber sea rebelde.
No queremos bibliotecas dóciles. Las queremos radicales, desobedientes, vivas. Que sean espacios de pensamiento emancipadores, laboratorios de insurrección intelectual. Que sus pasillos no estén llenos de libros maltrechos, bibliocastas, de voces esquiroles que están en contra de sus pares.
Por más que traten, no nos apagarán. No taparán el sol con un dedo, ni el fuego de nuestras bibliotecas con presupuestos ausentes. Porque somos luz que brilla en los márgenes, llama que arde sin permiso. Y mientras exista una mente dispuesta a preguntarse “¿Por qué?”, el poder jamás dormirá tranquilo.
Fernando Salas.