DUALIDAD ENTRE PANDORA Y PROMETEO: EL BIBLIOTECÓLOGO COMO GUARDIÁN DEL SABER, EL RIESGO Y LA ESPERANZA
Dos figuras arquetípicas que encarnan la complejidad del conocimiento: Pandora, la portadora de una caja que contenía todos los males del mundo, y Prometeo, el titán que robó el fuego a los dioses para entregárselo a la humanidad. Ambos mitos giran en torno de un acto: apertura o entrega que transforma radicalmente la condición humana. En el centro de estas narrativas se encuentra una tensión fundamental: el conocimiento como fuente de poder, pero también de peligro.
En el mundo contemporáneo, el bibliotecólogo encarna una síntesis de estas dos figuras. Como Pandora, custodia cajas simbólicas, archivos, libros, bases de datos, que pueden liberar tanto sabiduría como caos.
Prometeo, desafía estructuras de poder para democratizar el acceso al saber, el Bibliotecólogo se mueve entre estas dos metáforas, asumiendo un rol ético, político y cultural en la sociedad del conocimiento.
Pandora: el riesgo de abrir la caja del saber
En este sentido, la caja representa el archivo, el libro, la red: contenedores de saber que, al ser abiertos sin guía, pueden desatar caos. El bibliotecólogo, entonces es quien acompaña esa apertura. No impide que se abra la caja, pero sí ayuda a comprender su contenido, a contextualizarlo, a discernir entre el dato y el sentido, en un mundo saturado de información, su rol es evitar que el acceso se convierta en ruido, que la curiosidad desemboque en desinformación.
Prometeo: el fuego del conocimiento como acto de rebelión
Prometeo, por su parte, representa la entrega consciente del saber. Roba el fuego, símbolo de la técnica, la razón, la cultura y se lo entrega a los humanos, desafiando la autoridad divina. Por ello, es castigado eternamente, su acto es también un gesto de fe en la humanidad: cree que los humanos pueden usar el fuego para construir, no solo para destruir.
En esta línea, el Bibliotecólogo es un Prometeo moderno: entrega el fuego del conocimiento, no como mercancía, sino como el derecho que tenemos para desafiar la censura, la privatización del saber, el elitismo académico.
Como afirma R. David Lankes, “el bibliotecólogo no es un guardián de libros, sino un agente de cambio que trabaja para mejorar la sociedad a través del conocimiento” (The Atlas of New Librarianship, 2011). Nuestra labor es política, ética y transformadora.
Entre el caos y la esperanza: el Bibliotecólogo como figura liminal
Pandora y Prometeo representan polos opuestos: la apertura inconsciente y la entrega deliberada; el castigo por la curiosidad y por la generosidad. El Bibliotecólogo habita el espacio entre ambos. Es una figura liminal, en un lugar o período de transición, umbral o frontera, donde algo deja de ser lo que era pero aún no se ha convertido completamente en lo que será, transitando entre el orden y el desorden, el poder y el pueblo, el pasado archivado y el futuro por construir.
Como Pandora, el Bibliotecólogo sabe que cada caja que abre un libro, un archivo, una base de datos, puede liberar maravillas como peligros. Y Prometeo, cree que el conocimiento debe compartirse, aunque eso implique riesgos. Su tarea es doble: proteger sin censurar, y liberar sin destruir.
En palabras de Toni Samek, “la ética bibliotecaria es una forma de activismo silencioso” (Librarianship and Human Rights, 2007). El bibliotecólogo no solo entrega información, sino que forma ciudadanos críticos, preserva memorias silenciadas y combate la ignorancia estructural.
El castigo y la resiliencia.
Tanto Pandora como Prometeo son castigados: ella, por su curiosidad; él, por su generosidad. El Bibliotecólogo también enfrenta castigos simbólicos: invisibilidad profesional, precarización, presiones ideológicas, su trabajo es esencial, y muchas veces subestimado. Sin embargo, como Prometeo, el Bibliotecólogo resiste, como Pandora conserva la esperanza, en el fondo de cada caja que abre hay una posibilidad: que el conocimiento transforme, la verdad sane, y la memoria libere. El Bibliotecólogo educa sin aula, con cada acceso que facilita, los archivos que preserva y las voces que visibiliza.
El Bibliotecólogo como alquimista del saber
Entre Pandora y Prometeo, el Bibliotecólogo se convierte en un alquimista del saber: transforma el caos en comprensión, el fuego en herramienta, la curiosidad en conciencia. No teme abrir cajas, lo hace con criterio. No teme entregar el fuego, lo acompaña con formación.
En un mundo donde la información puede ser arma o antídoto, el bibliotecólogo es el nuevo héroe civilizatorio: no está encadenado a una roca, sino comprometido con la comunidad. Su castigo es la invisibilidad; su recompensa la transformación silenciosa de las mentes que toca.
Bibliografía.
Samek, T. (2014). Librarianship and human rights: A twenty-first century guide.- Elsevier.
Fernando Antonio Salas Granado.