GUY MONTAG: “Donde se cierran bibliotecas, se abre paso la oscuridad”
"Hay muchas formas de apagar una mente. Algunas usan fuego. Otras usan silencio."
Yo fui parte de la maquinaria. Quemaba libros porque me enseñaron que el conocimiento era peligroso, que el cuestionamiento traía caos, que el pensamiento libre era una amenaza. Y durante años obedecí… hasta que una joven me preguntó: “¿Eres feliz?”
Desde entonces, he aprendido que el peor incendio es aquel que nadie ve —el que consume ideas por abandono, el que convierte estanterías en ruinas, el que apaga generaciones por omisión. Y eso es lo que veo hoy en Venezuela.
Un país con historia, con universidad, con talento, ha permitido que sus bibliotecas universitarias se cierren. Y no por guerra, no por invasión, sino por abandono deliberado. Los edificios están en pie, pero su espíritu ha sido desalojado.
Bibliotecas que alguna vez vieron la luz de nuevos científicos, pensadores, poetas y médicos, hoy se encuentran vacías. Nadie las quemó con fuego… pero les arrebataron la voz, el presupuesto, el personal, los libros. Les arrebataron su razón de ser.
Las bibliotecas no son polvo, son propósito
Una biblioteca no es un lugar donde se guardan libros. Es donde se custodia la memoria colectiva, donde se provocan las preguntas que incomodan, donde se entrena el pensamiento crítico que transforma realidades. Es allí donde los estudiantes descubren que hay más de una forma de entender el mundo.
Al cerrarlas, no solo se priva a la juventud de una herramienta académica. Se les enseña que la ignorancia es funcional, que el silencio es más seguro que el saber, que la obediencia es más valiosa que la creatividad. Y esa es una lección peligrosa.
El fuego invisible
Yo viví en un mundo donde se quemaban libros públicamente. Venezuela vive en uno donde se apagan sin llama, por desidia, por miedo, por política. Es más discreto, sí. Pero igual de destructivo.
Joseph Goebbels, aquel que construyó el aparato de propaganda nazi, lo habría entendido perfectamente. Un pueblo sin libros es un pueblo sin disenso. Un aula sin biblioteca es un aula sin alma. Cerrar bibliotecas es apagar conciencias.
La resistencia comienza con memoria
Pero hay esperanza. Siempre la hay. En mi tiempo, los libros sobrevivieron en las personas. Se escondían en mentes, se susurraban en bosques, se transmitían como un fuego invisible. Así también puede suceder en Venezuela.
Cada estudiante que recuerda un verso. Cada profesor que comparte un PDF clandestino. Cada bibliotecaria que conserva un catálogo en su memoria. Ellos son ahora las bibliotecas vivas.
Y con tiempo, valentía y voluntad, las puertas cerradas volverán a abrirse. Porque el conocimiento es terco. Porque la memoria resiste. Porque el fuego del pensamiento no se extingue, se transforma.
Mi llamado
Si estás leyendo esto, y sientes que una biblioteca no te hace falta, pregúntate cuántas ideas no conoces todavía. Cuántas soluciones han sido cerradas junto a esos libros. Cuántos sueños se oxidaron al no tener acceso al saber.
El fuego puede consumir papel. Pero lo que tú aprendes, lo que tú compartes, lo que tú defiendes, eso no se quema. Es tiempo de prender otra clase de llama: una llama de conciencia, de reconstrucción, de dignidad.
Porque cuando las bibliotecas callan, la historia se escribe sin tinta, y el futuro se diseña sin planos.
Y yo, Montag, bombero convertido en lector, te lo juro: no hay revolución sin conocimiento, y no hay conocimiento sin bibliotecas.
Fernando Salas Granado
4-7-25