Integrantes: Martina Campo, Guadalupe Álvarez, Loreto Agüero, Diana Morales, Constanza Torrilla
Moderadora: Lena Frattini
Fragmentos breves de reflexión colectiva: ¿por qué creemos que faltan datos? ¿Qué se está silenciando?
Entre otras razones, creemos que faltan estos datos porque todavía no existe un
reconocimiento institucional pleno sobre las violencias mediadas por tecnología. Se identifica un “mundo real” y un “mundo digital” que parecieran operar por separado. Las
violencias mediadas por la tecnología no se leen como reales, aunque sus consecuencias lo
son.
En muchos casos, además, estos datos están en manos de organismos cerrados o empresas privadas y requieren permisos de acceso.
Esta mirada fragmentada silencia experiencias de violencia como el grooming, el ciberacoso y la sextorsión que, además, no están sistematizadas ni catalogadas. La ausencia de información también nos muestra una desactualización de los marcos normativos y metodológicos.
Las bases de datos existentes, además, no están unificadas ni cuentan con criterios comunes, por lo que es dificil hacer comparaciones entre regiones o a lo largo del tiempo. Por lo general no permiten identificar a las personas agresoras (muchas veces apoyadas en el anonimato del “yo digital”), y se concentran en las denuncias de las víctimas, dejando de lado los casos de violencia sin denunciar y poniendo la responsabilidad en el lugar de las víctimas sin construir estrategias para detener a las personas agresoras. También se silencia el impacto real de estas violencias. Esta falta de datos beneficia a los agresores,dificulta la prevención y se sostiene por decisiones políticas, omisiones institucionales y marcos legales obsoletos.
Propuestas: ¿qué habría que registrar y cómo?
Es necesario generar sistemas de registro abiertos, actualizados y con enfoque interseccional, que integren variables como edad, identidad de género, vínculo con la persona agresora, plataforma utilizada y consecuencias de las violencias. Es necesario trabajar sobre la identidad digital y la identidad real para entender cómo operan y poder regular el anonimato en internet.
Las plataformas donde se ejerce la violencia (WhatsApp, Instagram, TikTok, Twitter, llamadas telefónicas) deberían formar parte del análisis, considerando también el rol de las empresas tecnológicas. Es importante recabar información sobre plataformas no tan estudiadas, como plataformas de videojuegos y Discord, entre otras. Sería interesante contar con datos públicos sobre cuántas personas usan cada plataforma en cada país o región, así como con datos accesibles y desagregados sobre su uso (por edad, género, frecuencia, etc.) y también sobre el consumo de recursos naturales asociado a estas tecnologías.
Además, habría que generar mecanismos específicos para registrar nuevas formas de violencia, como el uso de inteligencia artificial para crear contenido íntimo falso. También sería fundamental acceder a datos internos de grandes empresas de comunicación —por ejemplo, los resultados del programa “Nunca sin tu consentimiento” de Facebook— para entender mejor el alcance del problema y las posibles respuestas.
Las estadísticas disponibles suelen estar construidas desde una perspectiva hegemónica, cis y binaria, por lo que se propone desarrollar registros que incluyan los niveles y tipos de violencia que enfrentan las identidades disidentes y no binarias, desde una perspectiva interseccional. Los sistemas deberían permitir comparar entre países, incorporar derechos digitales y de privacidad, e incluir las voces de las personas afectadas.
● Ante la falta de legitimidad de la violencia digital y la falta de canales de denuncia,¿cuántas personas terminaron con su vida?
● ¿Cuántas usuarias abandonan las plataformas por sentirse inseguras? ¿Cómo se mide ese éxodo?
● Si no podemos habitar internet con libertad, ¿qué espacios digitales nos quedan? ¿Qué espacios perdimos?
● ¿Cuántas personas fueron forzadas a abandonar su trabajo en redes sociales e internet por culpa de la violencia digital?
● ¿Cuál es el impacto profesional, personal, material y económico en la vida de una persona que sufre violencia mediada por la tecnología?
● ¿Cómo podemos hablar de democracia cuando la violencia mediada por la tecnología impide que las mujeres ejerzan sus cargos en libertad y sin miedo?
● Si la violencia mediada por la tecnología no se reconoce como real, ¿cómo exigimos justicia por las consecuencias que si lo son?
● ¿Cómo se reproduce la impunidad en redes sociales?
● ¿De cuántas formas nos tenemos que avergonzar para poder vivir nuestra sexualidad en libertad?
● ¿Somos capaces de identificar los sesgos de la IA y medir su impacto? ¿Cuál es el verdadero daño que puede provocar ese sesgo? ¿Somos capaces de identificarlo? ¿Cuáles son las limitaciones de la IA?
● ¿Cuántas formaciones de género se necesitan para que todxs tengamos la mirada atenta a este tipo de violencias?
● ¿Cómo medir la evolución de estas violencias en el tiempo? ¿Qué dispositivos de denuncia existen actualmente? ¿Crecen al mismo nivel que las violencias?
● ¿Cuántas víctimas hacen falta para que el tema importe?
● ¿Por qué seguimos sin cifras claras sobre la violencia mediada por las tecnologías hacia niñas, niños y adolescentes si cada vez más habitan su infancia en entornos conectados?
● ¿Qué identidades o sujetos reciben más odio?
● ¿Qué discursos políticos reproducen estas violencia?
● ¿Cuál es el perfil de los agresores? ¿Las víctimas los conocen?