Es cuando lo ideal es conseguir un cuerpo como una sílfide. Así pues son personas que rechazan el ejercicio físico porque el hecho de que conseguir musculatura les da terror. Es cuando se presenta una restricción alimentaria tanto por la cantidad como por la calidad de la comida. Están obsesionadas con la delgadez asociada a una fobia de estar gordas. El valor de sí mismas está condicionado a lo que dice la báscula. Algunas se ven toda ellas gordas, otras solo unas partes del cuerpo como el abdomen, los muslos, etc. En la mayoría de casos tienen mucha vergüenza con su propio cuerpo y por este motivo suelen ir con prendas anchas, suelen evitar mirarse al espejo, ir al mar o la piscina, etc. Padecen un aislamiento social para evitar el riesgo a situaciones cotidianas que les pueda hacer perder el control alimentario.
Son personas que nunca están quietas y que aprovechan cualquier ocasión para moverse y quemar calorías. Es una tipología caracterizada por la compulsión al movimiento para bajar calorías junto con comer lo menos posible.En su intento de solución para evitar el riesgo de aumentar de peso si comen o para continuar perdiéndolo llevando al mismo tiempo un excesivo régimen alimenticio, suelen ser pacientes que aceptan sin demasiada dificultad el incremento de comida pero no la reducción de la actividad física. Están todo el día luchando constantemente por no engordar consumiendo calorías con el movimiento.
Son las que no consiguen mantener la restricción alimentaria y acaban cayendo en la tentación de comer. A menudo terminan pecando dándose placer con su comida prohibida. Entonces intentan controlar de nuevo su comida prohibida que les hace pecar pero luego caen en la trampa de alternar tiempos de restricción alimentaria con atracones y ese descontrol les lleva a hacer una mejor abstinencia alimenticia, un excesivo control alimentario que luego les conduce a un nueva pérdida de control. Estos sujetos pueden llegar a comer tanto que podrían estar durante muchas horas sin comer nada, como una serpiente cuando ingiere a su grande presa.
Es la variante más frecuente, una evolución de la patología que si no se frena puede llegar a ser uno de los trastornos más invalidantes y peligrosos, para el paciente. El problema suele iniciar con la idea “razonable” de querer compensar el haber comido más de lo necesario, vomitando. Un “remedio” rápido y eficaz para quien ha comido de forma excesiva o para quién haya trasgredido su rígida dieta. Si la persona durante bastante tiempo usa el vomitar para no engordar o seguir adelgazando, este hábito puede transformarse en una compulsión irrefrenable tan placentera de la que es muy difícil salir. Francis Bacon ya decía que “es sutil el umbral entre el disgusto y el placer”.
5. Con Autolesiones:
Pocos saben que más del 70% de los casos de comportamientos autolesivos sin intención suicida van asociados con trastornos alimentarios anoréxicos. Pacientes que se cortan, se rascan hasta hacerse sangre, se queman con cigarros, se golpean, se pellizcan hasta sangrar o arrancarse la piel, etc. Es otra variante del problema que hemos estudiado que se asocia normalmente más con el vomiting. La intención de hacer este acto es mayoritariamente para sedarse, calmar un malestar emocional (tensión, aburrimiento, dolor, tristeza…) o bien para la búsqueda de un sutil placer perverso. Todos sabemos que los actos masoquistas si se repiten en un tiempo determinado pueden convertirse extrañamente en formas de placer.
6. Con Purgación:
Nos referimos aquellas que usan laxantes, enemas y cualquier producto diurético para la evacuación intestinal. Observamos que a pesar de haber disminuido mucho el uso de laxantes, suponemos porque se conocen sus efectos negativos colaterales, han aumentado los enemas a base de agua o sustancias como la camomila o parecidos, comer comidas orientales o exóticas, etc. No tiene ninguna evidencia científica que eso ayude a adelgazar. Se genera más una dependencia psicológica que física. Muy frecuentemente las consecuencias de este comportamiento se infravaloran y no se tienen demasiado en cuenta, no solamente por los familiares sino también por otros especialistas que sugieren remedios parecidos o no se esfuerzan a que se dejen de usar. Se considera que es de máxima importancia que, en estos casos, cesen los tipos de purgación porque no son accesorios al trastorno alimentario sino que son potentes factores autónomos de mantenimiento y agravamiento de la patología misma.
7. Con Abuso de sustancias:
Muchos pacientes usan la cocaína o anfetaminas y cualquiera de sus derivados como solución disfuncional para no sentir hambre ni cansancio y así poder estar días sin comer. A menudo encontramos casos que cuando la chica cree que ha engordado, consume drogas para poder perder rápidamente y fácilmente los kilos que piensa que le sobran. Realmente es una solución intentada muy disfuncional porque encima de no solucionar el trastorno alimentario que padecen, se construye paralelamente una dependencia a sustancias que acaba complicando el cuadro.
8. Con Poli sintomática o con trastorno bordelinde de personalidad:
detectaremos esta modalidad a esos pacientes que han presentado los diversos comportamientos patológicos relacionados con la comida, alternándolos en el transcurso del tiempo. Como si fuera una especie de experimentación en la búsqueda mejor para no engordar o para adelgazar. Aunque pueden ser chicas jóvenes vemos que ya tienen una larga historia con la patología. Y observamos que más allá de las conductas alimentarias disfuncionales presentan elevada inestabilidad afectiva de su propia imagen y de las relaciones interpersonales, dificultad de controlar la rabia y los impulsos, sentimientos crónicos de aburrimiento y vacío, y dificultad a marcarse y mantener los objetivos. En estos casos debemos de centrar el tratamiento a la expresión dominante del trastorno. Y aunque presenten diversos trastornos como por ejemplo vomiting con autolesiones y trastorno límite de personalidad, primero solucionaremos el problema alimentario junto con las autolesiones. Puesto que solucionando definitivamente éste los pacientes pueden no presentar más ninguna característica de bordelindes.
La anorexia nerviosa es un trastorno de instauración lenta.
Que la persona vuelva a tener un peso y estado mental saludable.
Es importante que la persona con anorexia conozca la gravedad de su situación, las consecuencias que tiene la malnutrición, y hacerle saber lo que es una alimentación equilibrada y lo que significa tener un peso ideal.
Tratamiento psicológico, ya que la persona al estar pasando por el proceso de incorporarse a una alimentación sana, se resistirá a toda costa a consumir calorías.
Establecer un horario de comidas.
Disminuir en pequeñas cantidades de alimentos de 5 o 6 a lo largo del día.
Comer con compañía.
Evitar la monotonía en las presentaciones de alimento.
La nueva alimentación debe de iniciar con comidas que no sean excesivamente calóricas y que no sean rechazadas ni temidas por el individuo, para más tarde introducir progresivamente el resto de alimentos.
Defectos en los huesos: El tratamiento de estos problemas óseos es bastante complejo, ya que no suelen responder bien a los tratamientos habituales. “La mejor estrategia es favorecer la menstruación en el caso de las mujeres, puesto que los defectos hormonales se asocian al deterioro del hueso. También la reincorporación de una dieta normal lo antes posible”.
Incluso cuando las personas con anorexia se han recuperado y se ajustan a una dieta saludable, se ha observado que pueden padecer osteopenia y, por eso, el consumo de alimentos adecuados para la salud del hueso, no solo durante la recuperación sino posteriormente.
“Hay que incorporar alimentos que aporten buenas dosis de los minerales, como calcio, fósforo y magnesio. Uno de ellos es el ajonjolí, que tiene unos 783 miligramos de calcio por cada 100 gramos y, por tanto, aporta el 43 por ciento de la dosis diaria recomendada”.
Otros alimentos con buen aporte de calcio son las almendras, las coles, el brócoli o los frijoles negras.
Aumento del colesterol: Durante el proceso de recuperación se ha de hacer mucho hincapié en la ingestión de alimentos que favorezcan la regulación de los niveles de colesterol, a la vez que se aportan grasas de calidad que faciliten el incremento del peso corporal. Algunos de estos alimentos son los frutos secos o el aguacate.
“Como la mayoría de alimentos con alto contenido en vitamina D favorecen también aumentos del colesterol, las opciones son algo limitadas, siendo los champiñones secados al sol son estupendos aliados. El consumo de unos 17 gramos de estas setas puede aportar la dosis diaria recomendada de vitamina D”.
También hay otros alimentos que reducen los niveles de colesterol, como los cereales integrales (especialmente la avena), las legumbres, toda clase de verdura, alimentos ricos en ácidos grasos omega 3 y alimentos ricos en licopenos (tomate seco), o en antocianinas (frambuesas, moras o arándanos).
Reducción de los antioxidantes: “Las personas con anorexia tienen la actividad de los antioxidantes del cuerpo mermada y presentan más riesgo de padecer enfermedades del corazón y patologías crónicas”.
“Este fenómeno se revierte según la dieta se va normalizando y el peso corporal va incrementando. Sin embargo, al comienzo de la dieta de recuperación los niveles de antioxidantes son muy deficitarios y un aporte externo es necesario”.
Los antioxidantes que deben incorporarse se encuentran en la sandía, el melón, las zanahorias, la calabaza, las frambuesas y otros frutos silvestres, la soya en grano y las verduras de hoja verde, entre otros.
Por otro lado, “el consumo de ácidos grasos saturados de cadena larga genera una gran cantidad de radicales libres. Por ello, es necesario introducir ácidos grasos de cadena corta, como el aceite de coco, el coco o los frutos secos”.
- El objetivo es que el individuo se alimente cubriendo sus déficits nutricionales, no que engorde.
- El aumentar peso no es por medio de grandes cantidades de azúcar o grasa saturada.
- No caer en el síndrome de realimentación.
* Síndrome de realimentación: Se refiere a ingerir alimentos desmedidamente en un tiempo breve para llegar al peso ideal.