TIZIHUA
(Mitos y Leyendas de El Barrio de la Soledad.)
Entre mitos e historias corre el rumor, de una mujer de vestidos blancos, morena y de un hablar netamente barreño. Todos la conocen como tizihua.
Corrían tiempos antiguos, donde el español gobernaba sobre los pueblos y El Barrio era una pequeña aldea de pocas casas de teja y caminos de tierra, cuando el ocote alumbraba las tardes en el patio, los niños corrían jugando, unos a las escondidas, otros más a las canicas y el trompo; felices y despreocupados los padres varones, después de ir al campo por la cosecha y la leña, mientras las mujeres mantenían limpias las casas y ponían el café para después de la hora santa, llegadas las 7 de la noche todos los niños estaban en los patios de las abuelas y las tías, rezando en la hora santa, escuchado el ángelus, para después escuchar historias de los abuelos que nos hacían regresar a casa con un poco de temor a las sombras.
Entre las pocas casas, había una de ellas que destacaba de ser de carrizal, muy bien situada, de tejaban y quinqués en las puertas, ahí vivía ella, de piel canela, de ojos cafés y pelo pichito, de madre negra y padre español, niña inquieta y muy trabajadora en el hogar, Tizihua, cuyo nombre viene del náhuatl, y significa “Mujer de Fuego”, nombre que la madre había escuchado en los bautizos de Petapa.
Tizihua amaba andar en los ríos, cuidaba la naturaleza; del serete, del armadillo, y del venado. Pero existía un enemigo que la asechaba, la observaba entre el monte, muy sigiloso, ahí escondido esperaba paciente, vigilante al momento que pudiera hacerse de su presa.
Cierto día tizihua caminaba por las orillas del río de Petapa, cuidando de los animales, sin percatarse que se alejaba del pueblo, en su caminar, encontró con la cuchibruja, la bruja del pueblo Domingano, quien, sin cruzar palabras, mostró a tizihua su destino; dicho mensaje era:
“Cuando menos lo esperes, vivirás y vagarás sola entre los montes; huérfana, profana del futuro que no se puede cambiar, alimento del Dios Mbeedzi, a quien le has negado tus ojos y el alimento de los esclavos que habitan El Barrio, maltratada por manos españolas, andarás sin rumbo hasta que perezcas, a manos del tigre, pero vivirás eternamente entre el mundo de los vivos, sin permiso al cielo, vistiendo de blanco, descalza, con los pies chuecos y trenzas de majagua” Palabras de La Cuchibruja.
Asustada de la predicción, Tizihua regresó corriendo al pueblo, pero este se encontraba en llamas, porque los rebeldes cruzaban por estos caminos, rumbo a nanche biuxhi, al ver su casa en llamas, entre gritos de desesperación vio que su madre fue raptada y su padre muerto por las balas de los bandidos, que se llevaban las gallinas y a las mujeres, mataban a los hombres que intentaban defenderlas y más aún si eran españoles. Todos estos hechos volvieron loca a Tizihua, quien se adentra en el monte cerca de los ríos, para vagar sola sin rumbo alguno.
Huérfana y sin nadie a quien acudir, se aísla del pueblo, vagando por los ríos, hasta que cierto día, Mbeedzi andaba cerca, entre la milpa escondido; ¡ella replicó entre sus recuerdos – Mbeedzi… eres tú!, méndigo animal, otra vez vienes por mis animalitos -, _No te lo permitiré _¡Mbeedzi!!..; Gritaba, mientras el tigre la rodeaba para poder atacarla, poco a poco, hizo el primer intento, brincando a tizihua, _Mbeedzi!!_ ¡Ya te vi, mendigo animal!_, tomó una vara de hincha huevo, y husmeó por la maleza, cuando nuevamente el tigre de un salto, la derriba hasta el río. Y es ahí donde se encima y se hace de ella.
Todos estos actos, fueron visto por la serpiente de los ríos, y los animales que protegía Tizihua, pero nada podrían hacer ahora, porque el tigre había terminado con su vida, esto llegó a oídos de las demás serpientes que entristecieron y una a una abandonaron sus cauces, llevándose consigo el agua que corría por ellos. Así contaba ma Chabela, una anciana de chapala, que vio como un día la serpiente del río chapala emprendió el vuelo; _Era dorada, con escamas de oro, que hacía sonar como latas, un ruido que solo se escuchó una vez_, fue ahí que las aguas disminuyeron, en honor a esa anciana mujer, vestida de blanco, que cuidaba la naturaleza y los animales que bebían de los causes.
Desde entonces, el espíritu de Tizihua vaga por las orillas de los ríos, cuidando de los barreños al asecho del tigre, Mbeedzi.
Cierto día, pasados los años, un grupo de barreñas se encaminaban cuesta arriba del río para agarrar un poco de corriente y lavar sus ropas, cuando al llegar a “El Paso”, y acomodar sus bateas de madera, haciendo sus pilas de piedra, al subir los chiquigüites a buscar lavanda y hiervas para fregar sus ropas con el jabón de cebo, escucharon mover las ramas, Tía Lorenza alertó al grupo, _¡María, Laura, Rosa, bajen de ahí, un tigre parece que vi_ María vez a decir a tu marido, traiga los hombres mamá, corriendito_.
Sin más María sale corriendo como alma que lo lleva el diablo a traer a Juan. De repente al instante que se acercaron a sus bateas, empezaron a sentir frio su pie.
ROSA: _ ¡Hay nana, este frio de muerto mero es_
LAURA:_ ¡Yaa! Tu Rosa, tan temprano hablas cosas, ni Dios te Oiga__
Tía Lorena que estaba de espalda de ellas vio de reojo aquella silueta. Gritando: _ ¡Rosa, Laura!, ¡Ja-a! Miren.
TODAS: _ ¡La Tizihua, La Tizihua!, ¡Santo Dios!...
Corriendo salen del río y entre rezos y maldiciones
_Todas Contestan al mismo tiempo_
ROSA: _¡Hija de la Chingada!, ¡Shhhh!, ¡Bruja!
LAURA: _¡Virgen de la Solead, Líbranos de su Maldad!
TIA LOREAN: _(se pone a rezar el credo), Creo en Dios Padre todo poderoso_..
_Tizihua desaparece_
Así es como corrió el rumor en el pueblo, hasta hacerse la leyenda, entre esclavos y comerciantes, españoles e indios, de México hasta Colombia, donde los Petapa llevaban Café y sus Granos en los trueques. Desde entonces todo el mundo temía del alma en pena de Tizihua.
Nadie dormía afuera en las hamacas, y con el palo de ocote, todos a horas tempranas, tantito caía el sol entre las montañas y la oscuridad cubría el pueblo, iban al jacal, pero adentro, cerrando ventanas, y puertas, temerosos de los ruidos de la noche. Así vivió El Barrio por mucho tiempo. Hasta la confundían con la cuchibruja, la chucha pinta, la jesusa y la llorona. Pero cada una tiene su propia historia.
Hasta que un día el pueblo se reunió en la plaza, tomando valor a dicha situación y poniendo cartas en el asunto, y un grupo de barreños que se hicieron llamar la ronda, fueron a ver al padre Gracida en Petapa, contándoles los actos herejes que estaban sucediendo en El Barrio, también fueron a ver a la bruja Domingana, ellas les dijo:
“Barreños, pierden el tiempo en encontrar una solución, Tizihua vivirá por siempre cuidando de los ríos, de los animales y de la naturaleza cercana a ustedes, ella los cuida, pero los asusta, Y por eso vienen a verme, con mucha preocupación porque no sólo ella los visita hay otros seres que viven a su alrededor, y que en muchas ocasiones les hacen daño, pero no se preocupen, los voy a ayudar. En la madrugada de cada luna llena, ajos y ocote deben de quemar con un poco de sal, y en sus orejas un ramo de albahaca, antes de entrar a su camino, deben terminar el remedio con chile y romero, mientras golpean una lata, y si te encuentras solo, tirarle una piedra con orín”
Así lo hizo la ronda, escucharon que en una cueva cerca de Guiguba vivía una ánima, a quien llamaban la chucha, o chucha pinta, ahí fue quemada, más tarde corretearon a la víbora de Chigola, que vivía con un vecino que la llevaba hasta Paso Guayabo, y de regreso, según cuentan los vecinos del lugar, esta se comía 2 gallinas de rancho, y si se dejaban hasta Guajolotes se echaba, pero finalmente se fue con la llegada de la carretera, tapando los huecos por donde salía. Y finalmente una noche de mucho ruido, y lamentos en las calles donde llamamos cuatro vientos, porque dirige a 4 direcciones, ahí apresaron a la cuchibruja, entre palos y antorchas, amaneció en la cárcel hasta volverse persona, y supimos quiénes eran esas mujeres ancianas que vendían pan de tarde noche, y amanecían aquellas plastas de mierda de toro. Cuenta tía chila que rasgaban la puerta de quien no compraba ese pan, y lo seguían hasta darle de golpes.
Pero ninguna era ella, aquella mujer de vestidos blancos que sale en los ríos y que hasta la fecha quien vague en los ríos del sur de México hasta Guatemala, de noche, podrá verla, con su velo en la cara, hablo de la Tizihua, aquella que aparece de repente en los caminos, dejando tieso a quien le ve el rostro, o solamente causando sustos, entre las praderas por los terrenos de cultivo. Pero lo importante es que ella cuida del pueblo, de que en chapala, aun corra agua, para poder lavar la ropa en enero. Porque es barreña.
_ ¿Y a ti te han contado la historia de la Tizihua? _ Aun no!!, Platica con tus abuelos y no olvides regresar a casa temprano. Porque entre el camino oscuro, te podrá sorprender su silueta, de aquella mujer blanca, y de pies chuecos, a la que llaman los barreños. LA TIZIHUA….