Los instrumentos de evaluación de la conducta adaptativa, tomando como referencia la definición de discapacidad intelectual de la AAMR del 2002, la cual, nos dice que la discapacidad intelectual está “caracterizada por limitaciones significativas en el funcionamiento intelectual y la conducta adaptativa tal como se ha manifestado en habilidades prácticas, sociales y conceptuales. Esta discapacidad comienza antes de los 18 años.” (Luckasson y cols., 2002, p.8) Por lo tanto, esta definición implica hacer una evaluación de las conductas adaptativas (conceptuales, sociales y prácticas), teniendo en cuenta el contexto, la diversidad cultural y lingüística, así como la edad y momento formativo en el que se desarrolla la persona.
Para realizar esta evaluación de conductas adaptativas existen diversos instrumentos, que permiten identificar si existen limitaciones significativas en la conducta adaptativa en la edad y momento correspondiente. Sin embargo, para evaluar la discapacidad intelectual (DI) también se deben de considerar otros factores.
“El proceso propuesto por la AAMR lleva a la identificación de los apoyos que necesita la persona, y en lugar de hablar de un proceso de tres pasos, como se hacía en 1992, ahora se habla de una estructura del proceso de evaluación con tres funciones: diagnóstico, clasificación y planificación de apoyos” (Verdugo, 2003, p. 7)
El Inventario de Conducta Adaptativa para alumnos con Discapacidad Intelectual en el nivel de Preescolar (ICADIEP); Inventario de Conducta Adaptativa para alumnos con Discapacidad Intelectual en los Niveles de Primaria (ICADIP), dividido en tres ciclos: 1er. Ciclo, para 1°. y 2°. Grado; 2°. Ciclo, para 3°. y 4° Grado y 3er. Ciclo, para 5°. Y 6°. Grado; Inventario de Conducta Adaptativa para alumnos con Discapacidad Intelectual en el Nivel Secundaria (ICADIS), son instrumentos auxiliares para el docente de educación especial en cuanto a la evaluación de la conducta adaptativa, con fines de diagnóstico, clasificación y planificación de los apoyos, en alumnos que se contemple la presencia de Discapacidad Intelectual tanto en los Centros de Atención Múltiple (CAM) como de las Unidades de Servidos de Apoyo a la Escuela Regular (USAER) que laboren en los niveles de preescolar, primaria y secundaria.
Los inventarios constan de:
a) Una hoja de datos generales que considera nombre de la escuela y del docente de grupo, nombre del alumno, fecha de nacimiento, edad en años y meses, grado que cursa, grupo, nombre del aplicador y fecha de aplicación.
b) Un instrumento de aplicación que incluye 48 ítems a evaluar, organizados en los tres grupos de habilidades que conforman la conducta adaptativa según la AAMR (Asociación Americana de Retraso Mental), conceptuales, sociales y prácticas y considerando las subcategorías correspondientes a cada habilidad
· Alimentación.
· Aseo.
· Cuidado de la ropa.
· Desplazamiento.
· Salud.
· Compras.
· Ayuda en el hogar.
· Aplicación al trabajo escolar.
· Actividades manuales.
· Dinero.
· Tiempo y medidas.
· Lectura.
· Escritura.
· Recursos personales.
· Hábitos sociales.
· Iniciativa social.
· Ocupación del tiempo.
· Situaciones de riesgo.
· Sexualidad.
Los inventarios constan de un formato que incluye un espacio para el registro de la evaluación, el cual consiste en cuatro columnas con los criterios: Adquirido, No adquirido, En proceso y la última columna para observaciones en la cual se podrán registrar anotaciones relevantes en relación con la conducta evaluada. En las observaciones se anotarán: ayudas que se le pueden proporcionar al alumno (a), aspectos que puedan influir en la realización del ítem y que necesiten mencionarse, etc.
El proceso evaluativo se inicia con el registro del inventario por el docente y en función de los resultados obtenidos (limitaciones significativas en la conducta adaptativa) se canaliza al psicólogo para la valoración propia de esta área. Por lo tanto, ningún alumno podrá ser evaluado por psicología sino cuenta con el inventarío completo y sistemático conforme al nivel que le corresponde.
Al aplicar el inventario y según el resultado de cada ítem, se colorea en la gráfica utilizando los colores azul marino cuando el ítem esté dominado, azul claro cuando esté en proceso y blanco cuando esté sin dominio. En caso de que algún ítem no se encuentra iniciado, también se deja en blanco. En caso de que sean ítems que no se puedan evaluar en la escuela, se sugiere realizar salidas a la comunidad y entrevistas con los padres.
Posterior al llenado de la hoja de registro y gráfica, se realiza el cálculo del porcentaje alcanzado en cada grupo de habilidades y se anota en el lugar correspondiente.
En función de los resultados obtenidos en la gráfica, se considerará con limitaciones significativas en la conducta adaptativa, a aquel individuo que arroje un resultado de un 50% o menos de ítems dominados en 2 ó 3 de los grupos de habilidades a evaluar (habilidades prácticas, sociales y conceptuales).
Para realizar la evaluación y registro de cada ítem es necesario considerar observaciones realizadas en situaciones educativas y en el contexto del sujeto, así como las evaluaciones diagnósticas aplicadas en el aula.
Cada ítem puede ser adaptado al contexto y nivel socioeconómico del alumno. En el nivel de primaria, en caso de que al aplicar el inventario del ciclo que le corresponde al alumno dé respuestas al mínimo de ítems se deberá regresar al inventario del ciclo anterior.
Es necesario tener en cuenta que si bien el proceso evaluativo nos proporciona un diagnóstico, lo más importante es tener elementos para planear los apoyos educativos., en función de este último planteamiento se sugiere realizar el proceso evaluativo en tres momentos: inicio, mediados y final del ciclo escolar.
• Crea un ambiente estimulante para que el niño participe, asuma responsabilidades, tome decisiones y sea capaz de elegir.
• Planea actividades individuales y altérnalas con la actividad en pequeños grupos o de la clase completa para favorecer la búsqueda, la comunicación y el respeto a los demás.
• Utiliza material concreto y variado que despierte el interés y la participación activa de los niños.
• Estimula, guía y alienta al niño en sus expresiones, y evita reprimirlo.
• Cuenta con una guía de actividades que conduzcan al niño a descubrirse, a manifestar su pensamiento y sus sentimientos; el adulto debe motivarlo a comunicarse con los demás y ayudarlo para hacerse comprender
Desde el nacimiento, el niño se ve sometido a un bombardeo continuo de estímulos, algunos internos, que le indican las condiciones de su estado físico (hambre, cólicos, etcétera), y otros que capta del mundo exterior (sonidos, olores, sabores, movimientos propios, etcétera). Empieza a conocer su mundo interior y exterior y a diferenciar cada uno de los estímulos que le provocan respuestas precisas.
La intervención en el desarrollo del niño permite estimular todo su potencial a partir de la detección de necesidades especiales y específicas, con la finalidad de favorecer el desarrollo infantil utilizando los propios recursos del niño. El mejor momento para efectuar la intervención se ubica desde el nacimiento hasta los cuatro años de edad, etapa de vida que se caracteriza por un activo desarrollo neurológico en el que inician los procesos de percepción, asimilación e integración provenientes de los estímulos internos y externos, que van a ayudar al niño a elaborar respuestas complejas en su adaptación. En esta etapa de la vida es posible notar con claridad todos los adelantos derivados de las experiencias infantiles, y los niños no dejan de sorprendernos con palabras nuevas, gestos, movimientos corporales, juegos y travesuras que resultan del intenso aprendizaje y la maduración. Después de los primeros cuatro años de vida, se sigue dando el desarrollo neurológico, pero de una forma más compleja y menos notoria en sus acciones motrices e intelectuales.
La educación preescolar es una etapa de especial trascendencia para el desarrollo intelectual, la formación moral y el logro de la autonomía en niños de tres a cinco años. El grupo de educación preescolar incluye alumnos diferentes entre sí en cuanto a procedencia cultural, estilos de aprendizaje, niveles de conocimiento, predisposición hacia la escuela y capacidad para aprender; y otros que avanzan con lentitud y dificultad, alumnos con alguna discapacidad. Todos los niños necesitan potenciar sus capacidades e integrarse en el ámbito social y para ello el instructor debe conocer los avances del pensamiento correspondientes a esta etapa, entre ellos:
• El juego simbólico, es decir, la manera en que el niño juega con objetos imaginarios y a los que les da un significado real (por ejemplo, un palo puede ser un avión, una caja simular un coche y un rebozo enrollado hacer las veces de una muñeca).
• La imitación, que le permite copiar las acciones del adulto (por ejemplo, la forma en que come el papá, la risa de algún familiar cercano o el modo de peinarse de la mamá).
• La imagen mental, que es la representación del objeto que el niño tiene en su mente y que le facilita recordarlo aunque desaparezca de su vista.
Las estrategias tienen como propósito apoyarte para guiar al alumno con discapacidad intelectual en el aprendizaje de contenidos básicos de matemáticas y español.
Toma en cuenta que la velocidad para avanzar en la lectura, la escritura y las matemáticas varía significativamente entre el alumno con discapacidad intelectual y el resto de sus compañeros, y Discapacidad intelectual Guía didáctica para la inclusión en educación inicial y básica que habrá momentos en los que sea necesario trabajar sólo con él para darle indicaciones claras, asegurarte de que comprenda al ejecutar algunas tareas, facilitarle la manipulación de materiales y después incorporarlo al trabajo con sus compañeros.
Estrategias para educación secundaria Llegar a la secundaria es un gran reto para el alumno con discapacidad intelectual como para el instructor comunitario, ya que los contenidos le representan un grado mayor de complejidad. El alumno con discapacidad intelectual puede llegar a la secundaria por dos vías: después de haber cursado, integrado, la primaria (que sería lo más factible), o bien, ser de nuevo ingreso porque proviene de otra comunidad.
El alumno con discapacidad intelectual se puede incorporar al programa de secundaria comunitaria con tu asesoría, y debes hacer las adecuaciones indicadas a los contenidos, evaluación y materiales, así como la selección de los objetivos a cumplir considerando el grado de las necesidades educativas especiales del alumno. Puedes promover la participación de algunos de los compañeros del grupo, para que lo apoyen en la realización de algunas tareas.
El material didáctico en los programas de intervención temprana se utiliza para favorecer el desarrollo integral del niño y estimular las diversas áreas de desarrollo, como la coordinación motriz gruesa y fina, el lenguaje, la socialización, la función cognoscitiva y la independencia personal. Asimismo, debe adecuarse a las necesidades e intereses del desarrollo de cada niño para el logro de objetivos a corto y largo plazo, por lo que cualquier objeto puede ser un recurso si cubre el objetivo que se persigue; sobre todo si son cosas que se encuentran en casa. Incluso, un mismo juguete sirve para cubrir diferentes objetivos si se adapta y maneja correctamente.
En el ámbito cognoscitivo, se ofrecen actividades para apoyar el desarrollo de habilidades y del pensamiento del niño con discapacidad intelectual. Asimismo, se indican las relaciones entre la actividad simbólica (imitación, imagen mental, juego, dibujo y lenguaje) y las habilidades del pensamiento (asociación visual y auditiva, memoria visual y auditiva), que se establecen por medio del juego, el cual es el eje central para el desarrollo de la conducta cognoscitiva.
El desarrollo psicomotor del niño con discapacidad intelectual, comparado con el de los otros niños, presenta desventajas que se manifiestan en sus movimientos, en la integración de su esquema Discapacidad intelectual en educación inicial y básica corporal, y en las nociones de tiempo y espacio, lo que tiene como consecuencias dificultades en su aprendizaje. Realiza actividades de psicomotricidad con tus alumnos haciendo equipos de tres o cuatro niños, incluyendo al niño con discapacidad intelectual; las sesiones podrán ser cada tercer día con una duración aproximada de 30 a 40 minutos.
El ámbito psicosocial del niño comprende las relaciones que establece con la familia, la escuela y la comunidad, en convivencia con sus padres, hermanos, instructor, compañeros y amigos. El niño con discapacidad intelectual, para relacionarse bien con los demás, tiene que respetar límites de convivencia y expresar gustos y emociones. Por lo general, experimenta dificultad para comunicar sentimientos y en ocasiones para controlar emociones; algunas veces, debido a una baja autoestima, no reconoce su valor como persona, se torna retraído y se aparta de los juegos con otros niños. Las actividades para el ámbito psicosocial se dirigen hacia la expresión verbal o gestual de los gustos, los afectos y las emociones del niño. La respuesta del instructor a las expresiones del alumno debe ser de aceptación y acompañarse de muestras de afecto, por ejemplo: palmadas afectuosas o ademanes afectivos con expresiones como “tú puedes”, “bravo”, “así se hace, campeón”, “adelante” o “qué bien lo haces”. Es importante que el instructor reconozca el esfuerzo del alumno, ya que de esta manera le dará seguridad para elevar su autoestima.
Las actividades para el área de español están dirigidas al aprendizaje de la lectura y la escritura. Los temas como las adivinanzas y los refranes, las palabras, los verbos, los enunciados, los mensajes y las noticias, se pueden desarrollar con todo el grupo, de acuerdo con lo que se indica en la Guía del instructor. La participación del alumno con discapacidad intelectual en el grupo le ayudará en su aprendizaje y en el desarrollo de habilidades comunicativas, conceptuales y socioadaptativas.
Para los niños con discapacidad intelectual el aprendizaje de las nociones matemáticas representa una barrera significativa para este campo de conocimiento, ya que requiere habilidades cognoscitivas de mayor complejidad como el pensamiento estratégico (que implica la abstracción, la reversibilidad y la transitividad) y que son básicas para la comprensión de las propiedades de la suma, resta, multiplicación y división. Por ejemplo: }
• Propiedad asociativa. Cuando se suman o multiplican tres números, se puede modificar la forma de agrupación y la suma o producto no varía: 2 + (1 + 4)= (3 + 2) + 2
• Propiedad conmutativa. Cuando se suman o se multiplican dos números, el orden de los sumandos no afecta la suma: 4 + 5 = 5 + 4 2 x 3 = 3 x 2
La comunicación por medio del lenguaje representa una necesidad vital del ser humano. En su sentido más amplio, se concibe como tiempo para escuchar a los demás, y tiempo para sentir y comprender lo que nos dicen; es la necesidad de unir esfuerzos para alcanzar una meta común y de compartir lo que sabemos.
Las personas con discapacidad intelectual y síndrome de Down por lo general muestran dificultad para hablar bien, algunos más, otros menos (depende del nivel de necesidades educativas especiales). Sin embargo, todos tienen la intención de comunicarse. La comunicación está muy relacionada con las características del pensamiento y del desarrollo cognoscitivo. De ahí la importancia de favorecer las habilidades a través del juego, la psicomotricidad y la expresión de afectos. Por tanto, siempre considera que el desarrollo lingüístico se estimula en todos y cada uno de los momentos y de los aspectos de un programa.
En la atención a los casos con síndrome de Down y discapacidad intelectual, toma en cuenta que no se trata de casos clínicos, sino de niños que pertenecen a una familia en la cual se van a desarrollar. Entonces, trabaja simultáneamente con los padres y atiende las necesidades urgentes del bebé y la familia. Se debe partir de un aprendizaje familiar en el que todos los sentimientos, dudas, expectativas, fracasos y logros tengan cabida; en el que la energía se encamine al crecimiento familiar, elevando así su calidad de vida.
Los padres de los niños con síndrome de Down y discapacidad intelectual enfrentan una difícil situación emocional generada por los conflictos naturales ante lo desconocido y provocada por una ambivalencia entre querer-rechazar, por un sentimiento de culpa (propia y de los demás), por ver “aniquiladas” sus expectativas al acoger en brazos a un bebé diferente, por el desequilibrio familiar que su presencia provoca.
La situación se agrava por la deficiente información que a veces se recibe sobre el presente y el futuro de su hijo. Es posible hacer proyectos con un hijo con síndrome de Down o discapacidad intelectual; la diferencia es que cambian los caminos para lograrlos. Los padres deben superar los prejuicios e ideas que paralicen y frenen su crecimiento individual, de pareja, de la familia y de su hijo.
Sentir confianza y seguridad al tocarlo, moverlo y jugar con él, con la misma libertad con que lo ha hecho con el resto de sus hijos o los hijos de otros, con el mismo respeto que han dado a los demás, con la precaución debida para evitar dañarlo, sobreprotegerlo o ignorarlo. Como a cualquier otro niño, necesitan darle un trato justo a sus necesidades e intereses. Como promotora, debes fomentar esta actitud y aplicar un programa de intervención temprana dentro del ambiente familiar
A continuación te daremos algunos puntos para la participación de los padres de familia en la escuela, en la formación de hábitos de higiene y de convivencia en niños con discapacidad intelectual:
• Respetar el horario establecido por la escuela para la entrada y la salida. Discapacidad intelectual Guía didáctica para la inclusión en educación inicial y básica
• Respetar las normas o reglas de la escuela.
• Participar en las actividades que organices como promotora o instructor comunitario.
• Promover la comunicación contigo y con los demás padres de familia.
• Reforzar el control de esfínteres, poner atención en el horario en el que el niño va a orinar o defecar, para que estén al pendiente y le faciliten ir al baño.
• Vestirlo con ropa adecuada para que el niño no tenga problemas al acudir al sanitario.
• Evitar regañar al niño si por accidente se hizo en los calzones.
Recuerden que cuando los niños experimentan una situación de conflicto emocional, tienden a orinarse (cuando cambia de compañeros o de instructor, ante la pérdida o ausencia de alguno de los padres, etcétera).
• Aplicar normas y poner límites de manera general para todos los hijos.
• Evitar reforzar conductas socialmente no aceptables (sacar la lengua, escupir, decir groserías, tirarse al piso, hacer berrinches, etcétera).
• Evitar agredir física o verbalmente al niño.
• Usar palabras claras, precisas y concretas; darle una instrucción y asegurarse de que la comprendió, y poco a poco agregar otras instrucciones.
En general se debe evitar regañar y castigar al niño por lo inadecuado de su comportamiento. Busquen cómo motivarlo para que lo haga bien. Es importante que tomen muy en cuenta la etapa de vida del pequeño (infancia, adolescencia y juventud); los intereses, inquietudes y motivaciones son similares a las de los demás en esas etapas. Por ejemplo, las manifestaciones de amor, de amistad, las sexuales y las afectivas también se presentan en la persona con discapacidad intelectual, con la diferencia de que el darse cuenta y entenderlas le resulta más difícil, lo mismo que inhibir ciertos comportamientos. Apoya a los padres de familia acerca de cómo orientar a su hijo, sobre todo en la etapa de la adolescencia. Puedes preguntar al capacitador tutor para que reciban mayor información.