La base para una buena salud es comer bien, con una variedad adecuada de alimentos que complementen la dieta para que aporten el máximo de nutrientes, hacer ejercicio de forma regular, suprimir hábitos nocivos como fumar o beber en exceso y descansar de forma adecuada.
Hoy voy a hablaros de las algas, porque creo que tienen un valor nutritivo importante y es adecuado incorporarlas en la cocina, siempre vigilando que sean de buena calidad, y a ser posible de procedencia ecológica.
Las algas o verduras de mar, como se las suele llamar, son muy nutritivas, con una riqueza mucho mayor que cualquier otro vegetal. Aportan gran cantidad de minerales y vitaminas. Estimulan el metabolismo y compensan la acidosis del organismo por el aumento de la ingesta de proteínas, ya que tienen efecto alcalinizante. Son también muy depurativas, con lo que ayudan a eliminar toxinas.
Son excelentes para tomar al menos una o dos veces por semana.
La única precaución a la hora de ingerirlas son para aquellas personas que padezcan hipertiroidismo, ya que por su riqueza en yodo podría empeorar su patología, por lo que es conveniente evitarlas en estos casos.
Hay muchos tipos de algas que se utilizan para el consumo humano. Os hablaré de tres tipos que son muy utilizadas y que podemos incorporar a nuestra alimentación habitual para enriquecer nuestros platos, tanto de sabor como de nutrientes.
Las algas hay que lavarlas en agua fría antes de ponerlas a remojo. Es importante, al menos al principio poner pequeñas cantidades ya que al cocinarlas aumentan considerablemente de tamaño.
Existen una gran variedad de algas comestibles, como la Wakame, La Dulse, Agar-Agar, Kombu, Hiziki, Arame o Nori.