Estamos en pleno agosto: mes de vacaciones por excelencia, el verano en estado puro, sinónimo de sol, agua, tiempo y cuerpos desnudos. En este mes de la sensualidad hablaremos de la guinda de la sexualidad: las fantasías sexuales.
Las fantasías sexuales son beneficiosas para la salud. No tienen ninguna contraindicación y nos ayudan a que nuestra sexualidad sea más rica, aumentando el deseo. Al despertar el deseo, contribuyen a que las relaciones sexuales, en pareja o en solitario, sean mejores. Algunas personas se sienten mal cuando recurren a la fantasía teniendo pareja: no deberían. Nuestra mente es libre y todo aquello que haga aumentar nuestro deseo jugará a favor de la pareja. Siempre y cuando las fantasías se queden en nuestra mente, esto no tiene cada que ver con la infidelidad y podemos jugar con ellas tanto como nos apetezca.
Puede ser que queramos compartir alguna fantasía con nuestra pareja: fantástico. Le podemos explicar aquello que nos excita pensar y casi seguro que le va a gustar. Pero si no nos apetece explicarlas… también está bien. Son nuestras y podemos hacer con ellas lo que queramos.
Además de enriquecer nuestra vida sexual, las fantasías son placenteras por sí solas. Cuando una persona se siente cómoda con ellas las puede utilizar incluso para relajarse o para entretenerse. Hay quien desata su imaginación en el tren, en la playa o cuando no puede dormir. Para eso están, para disfrutar.
¿Sabéis que los sexólogos decimos que las fantasías son el músculo del deseo?
Cuando una persona o una pareja siente poco deseo sexual y sus relaciones tambalean, una buena forma de volver a interesarse por el sexo es hacerlo a través de las fantasías. Porque en una fantasía se puede todo y sin riesgos, y es una buena manera de conectarse con el placer a salvo de todo. A partir de aquí, el deseo puede crecer y entonces…
Os animo a dejar correr vuestra imaginación y a sentiros libres para fantasear con todo aquello que os apetezca. Coged una situación, una persona o una idea que os guste y tirad del hilo. Todos tenemos la capacidad de imaginar. Pero… ¿podemos fantasear con todo? ¿Con todo, todo? Con “eso” ¿también? Sí, con todo. Pero ¿y si me gusta pensar en algo que no haría nunca y que en realidad no me gusta nada? De las fantasías que nos incomodan hablaremos en el próximo artículo. Explicaremos por qué nos molestan y qué podemos hacer para solucionarlo. Y durante el resto de agosto hablaremos de las fantasías femeninas más comunes y os daremos algunas ideas para animar vuestra imaginación.