El proceso de enseñanza de cualquier área de conocimiento ha enfrentado constantes transformaciones durante la existencia de la humindad, en especial, desde la creación de las escuelas y más aún de las universidades (aproximadamente siglo XII). Ya en el siglo XX, se enfrentaron tendencias filosóficas sobre la mejor metodología de enseñanza, y los estudios se centran al tratamiento de los paradigmas del constructivismo y conductismo (Kuhn, 2006, en Doin, 2012).
Según De Miguel (2005, p. 96), la metodología ABP se define como: “Método de enseñanza-aprendizaje cuyo punto de partida es un problema que, diseñado por el profesor, el estudiante a de resolver para desarrollar determinadas competencias previamente definidas”. En términos generales, el método plantea que su utilidad radica en el interés que provoca en el alumno el tratamiento de técnicas como indagación, experimentación, manipulación de variables; sobre todo, porque el alumno evidencia su desarrollo de habilidades tales como: resolución de problemas, toma de decisiones, trabajo en equipo, argumentación, presentación de información, y actitudes y valores.
Rodríguez-Espinar (2003, en Manzanares, 2008, p. 20), citado por (Paredes-Curin, 2016) plantea las características del ABP en los siguientes pasos:
El aprendizaje está centrado en el alumno.
El aprendizaje se produce en pequeños grupos.
Los profesores son facilitadores o guías en este proceso.
Los problemas son el foco de organización y estímulo para el aprendizaje.
Los problemas son el vehículo para el desarrollo de habilidades de resolución de problemas.
La nueva información se adquiere a través de un aprendizaje autodirigido.
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