Criaturas, deseos, sueños, personas y personajes, y tiempos desconocidos bullían allí, en el bosque, en el mundo de los cuentos. De pronto, la palabra hablada se orientaba entre los árboles y los matorrales, descorría el velo y hacía que apareciesen ante mis ojos cuantas innumerables miradas, memorias y atropellos pueblan el mundo. «Cuando yo sea mayor —pensaba— haré esto». Ni siquiera sabía que «esto» era participar del mundo imaginario de la literatura.
En el bosque. Ana María Matute