Aplicar el DUA desde el inicio: ofrecer distintas formas de representación (imágenes, cuentos, gestos), expresión (dibujos, verbalización, juego) y motivación (juegos libres y dirigidos).
Entornos multisensoriales: usar materiales táctiles, visuales y sonoros para favorecer la accesibilidad.
Rutinas visuales y anticipación: empleo de pictogramas y agendas visuales que ayuden a organizar la jornada y a reducir ansiedad.
Apoyo entre iguales: promover el trabajo cooperativo y la tutoría natural (niños que ayudan a otros en juegos o rutinas).
Flexibilidad en las tareas: permitir que cada niño exprese lo aprendido de distintas formas (dibujar, cantar, dramatizar).
Juego como herramienta inclusiva: adaptar las reglas para que todos puedan participar y sentirse parte del grupo.
Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA):
Múltiples formas de representación: combinar textos, vídeos, gráficos y simulaciones para explicar contenidos.
Múltiples formas de acción y expresión: permitir que los estudiantes demuestren lo aprendido mediante murales, presentaciones digitales, experimentos o exposiciones orales.
Múltiples formas de implicación: dar opciones de elección en proyectos, integrar intereses personales y fomentar la autorregulación.
Agrupamientos flexibles: alternar trabajo individual, en parejas y en pequeños grupos para atender a distintas necesidades.
Aprendizaje cooperativo estructurado: uso de roles y tareas interdependientes que promuevan la participación de todos.
Tecnologías de apoyo: apps de lectura accesible, dictado por voz, generadores de mapas mentales digitales.
Gamificación inclusiva: retos y recompensas que motiven a distintos perfiles de alumnado.
Evaluación flexible: más allá de la prueba escrita, valorar portfolios digitales, diarios de aprendizaje o proyectos prácticos.
Apoyo emocional: crear un clima seguro donde se valore la diversidad como fortaleza y se fomente la empatía.