**MEDELLÍN COMO CENTRO DE UNIÓN ENTRE EL OCCIDENTE Y EL ORIENTE COLOMBIANOS**
Muy provechoso será para juzgar del porvenir de la ciudad de Medellín, una historia crítica de su génesis, pues el pasado es guía del porvenir.
Cuando en los años de 1919 y 1920 practicaba sus estudios la Comisión Técnica de Urabá, que presentó a la Asamblea Departamental el plan de ferrocarriles de Antioquia y con éste, un bosquejo, hecho con rara visión, de la red ferroviaria nacional, que hoy está en proceso de ejecución, le tocó a quien esto escribe rastrear la historia de la Conquista de Antioquia siguiendo a los españoles por los caminos de los indios, para conocer y fijar en el mapa estas primitivas rutas.
Quien medite en lo que fue aquella grande empresa de la Conquista, no puede menos de preguntarse cómo pudieron Robledo y los soldados de Heredia descubrir y dominar en tan corto espacio de tiempo las tierras de la antigua Antioquia, desde el Abredunco al Atrato y de Guamocó y el Golfo del Darién al Quindío, siendo este un país tan arrugado, de montañas elevadas, valles profundos, habitado por una raza fuerte y guerrera, y no encontrará sino una sola respuesta: porque encontraron el territorio cruzado de caminos. Robledo viniendo de Popayán y Francisco César desde Cartagena, hicieron el recorrido de lo que será —cuatro siglos después— el Ferrocarril Troncal de Occidente.
Impelidos los soldados de España por su sed de oro y ansias de conquista, recorrieron todo el suelo de Antioquia sometiendo a los pueblos, adueñándose de sus riquezas y de las tierras mejores.
Terminado el período que puede llamarse de exploración o reconocimiento, vinieron a radicarse en los lugares estratégicos, a la vera de los caminos principales, donde hallaban fácil aprovisionamiento. En 1541 (20 de enero) fundaron la ciudad de Antioquia en el valle de Ebéjico, en la margen izquierda del Tonusco y a corta distancia del Cauca, sobre la vía principal, que partiendo del Perú y el Ecuador entraba al valle del Cauca por su parte alta e iba a terminar en el mar de las Antillas. Sobre esta vía quedaron las ciudades de Popayán, Cali, Cartago y Santiago de Arma.
La ciudad de Antioquia fue el asiento del gobierno de la Provincia y el centro principal de las actividades de la Conquista y de la Colonia.
En 1615, el Visitador Don Francisco de Herrera Campuzano, viniendo de Bogotá en viaje para Antioquia, llegó al Valle de Aburrá, descubierto 74 años antes por Jerónimo Luis Tejelo, quien militaba a órdenes de Robledo. El Visitador Herrera Campuzano fundó entonces en el Aburrá, sobre el camino que a través de la Cordillera Central comunicaba el valle de Ebéjico y la ciudad de Antioquia, con el río Magdalena y el oriente colombiano, un pueblo que llamó San Lorenzo. Era dicho camino la línea de unión de dos rutas importantísimas en aquella lejana época y señaladas por la naturaleza para un gran desarrollo en el futuro de Colombia: el camino del Cauca y el río Magdalena. De suerte que la Villa de la Candelaria de Medellín, nombre que recibió hace 250 años el hasta entonces pueblo de San Lorenzo de Aburrá, quedó situada privilegiadamente en la mitad de la vía transversal que hacía la unión de aquellas otras dos, llamadas a ser las grandes arterias del tráfico colombiano.
Pretendo señalar bien claramente esta situación, porque es principalmente significativa como base de la no interrumpida prosperidad de esta segunda ciudad de la República y cabeza de Antioquia.
Desde un principio los colonos advirtieron las ventajas de la nueva fundación, por lo cual fue grande el éxodo de vecinos ricos de la ciudad de Antioquia hacia Medellín (como lo es hoy de todos los confines del Departamento) hasta el punto de haber quedado aquélla entonces “casi despoblada y sólo abitada de algunos pocos vezinos y éstos los más pobres”. Con tal motivo se pidió por los mismos antioqueños, que encontraban pesadas las cargas de la capitalidad, la traslación del gobierno de la Provincia a la nueva villa; lo que no se hizo en tal ocasión porque los Reyes de España se opusieron resueltamente, prohibiendo con severidad la emigración de Antioquia a Medellín por diez años. Corridos los tres siglos coloniales, siete años después de sellada la independencia de la Nueva Granada (1826), se efectuó la traslación.
La incipiente prosperidad de la población de Antioquia se hizo sentir asimismo alrededor de los centros mineros, que tomaron grande incremento cuando el precioso metal era nuestro mejor artículo para cambiar en el Exterior. A medida que se fue volviendo más costosa la extracción del oro, las gentes buscaron otras actividades y encontraron en el café una importante fuente de ganancias. Comenzaron entonces a emigrar de los territorios mineros del Norte y fueron estableciéndose en otros meridionales: se abrieron así y se poblaron con pasmosa rapidez las regiones del antiguo sur de Antioquia, lo que es hoy el Departamento de Caldas y el Valle del Cauca. Este movimiento fue favorecido, naturalmente, con la orientación elegida y la preferencia que se dio a la comunicación con el río Magdalena y con Buenaventura.
De entonces a hoy, principalmente en los últimos años, los caminos se han venido transformando, y hay ramas donde ya se ha iniciado un avance mucho mayor. El antiguo camino de íslitas se ha cambiado en el Ferrocarril de Antioquia, y la otra mitad de la transversal de Medellín se va enrielando para llegar al Cauca en Roldanillo, donde se hará el empalme con el Ferrocarril Troncal de Occidente. Estamos, pues, rehaciendo y transformando
los caminos de los indios que recorrieron los conquistadores de Antioquia.
Los Ferrocarriles de Amagá y Antioquia, con los del Carare y Puerto Wilches, son, en cuanto atañe a las comunicaciones intercolombianas, algo así como el Canal de Panamá ante el tráfico universal. Estos Ferrocarriles realizan, en las mejores condiciones posibles, la unión entre las dos secciones colombianas de uno y otro lado del Magdalena. El Ferrocarril de Antioquia pasa la enorme barrera de la Cordillera Central, desafiadora muralla que se alza, interponiéndose, en el mismo centro del país, pero ya felizmente vencida, por el punto más bajo de su mole, que es aquel por donde con buen sentido había de quedar por primera vez dominada. La altura de la Cordillera es allí la misma de Medellín, 1.565 metros sobre el mar, y el paso por el túnel se hará a 1.260 metros.
Es tal la importancia de Medellín desde el punto de vista de su situación dentro del sistema de las comunicaciones del país, que puede asegurarse, sin temor de errar, que no hay otra ciudad de Colombia que se beneficie en mayor grado de lo que ha de ser la red nacional de ferrocarriles.
Hay que pensar en lo que significa para nuestra capital el hallarse en el divorcio del tráfico de dos grandes arterias: el río Magdalena —nuestro meridiano principal en materia de vías de comunicación— y el Ferrocarril del Cauca, que sigue el curso de este río desde Popayán a Cañafístula y luego a Cartagena, a través del Departamento de Bolívar, con una longitud de 1.100 kilómetros. En un país tan montañoso como el nuestro, donde los Andes se ramifican en cordilleras altísimas que dominan prácticamente el territorio de la República, dificultando hasta lo increíble las comunicaciones de los distintos pueblos entre sí, una vía natural como esta del Cauca, “de declive insignificante, que no alcanza al tres por mil, y de semejante extensión; que atraviesa casi todo el país de sur a norte; con la mitad de los habitantes de la Nación a sus orillas, en un territorio relativamente sano y feraz; con todos los climas a corta distancia y que comunica los dos puertos principales de Colombia más vecinos al Canal de Panamá, es una riqueza imponderable.
La situación de Medellín es, pues, privilegiada. Colocada la ciudad en medio de la Cordillera Central: en un valle precioso por su extensión, belleza y topografía, como pocas en Antioquia adecuada al desarrollo de una ciudad grande: con un clima suave y sano; con abundancia de aguas potables que derraman a lado y lado del río Medellín, de las cordilleras que guardan el valle formando cascadas y torrentes ricos de energía; con yacimientos de carbón explotables, no lejanos, y con una población inteligente y laboriosa, no es difícil predecir su preponderancia en un futuro próximo como la primera ciudad manufacturera del país y como el centro político, social y bancario más importante del occidente de Colombia.
El problema grave de Medellín y de toda la población que ocupa el centro de Antioquia en la parte alta de las montañas, que es la provisión de alimentos y materias primas para la subsistencia y las industrias, quedará resuelto con las vías de comunicación y, principalmente, con el Ferrocarril del Cauca, que coloca las tierras ubérrimas del Norte, del Sur y del Occidente de Antioquia al alcance del mercado de Medellín y bajo el influjo de su actividad. Para atender a las necesidades apremiantes de esta masa de población que habita las montañas de Antioquia, hay que abrirle nuevos horizontes en su propia casa, pocurando se adueñe de tierras tan buenas como las mejores, donde encuentre recompensa pródiga a su trabajo.
El Ferrocarril de Antioquia pone los productos de Medellín en el río Magdalena, que los lleva al Tolima, al Huila, a los Departamentos del litoral y, por Puerto Wilches y Girardot, a todo el oriente colombiano, y los Ferrocarriles de Amagá y del Cauca los repartirán en Antioquia y en todos los pueblos del occidente de la República: el Cauca, el Valle, Caldas, Bolívar y el Chocó. Prácticamente, Medellín quedará dominando con su mercado a toda la República.
*Carlos Gómez Martínez.*
La perforación del Túnel de La Quiebra que hoy se da al servicio definitivo y normal para carga y para pasajeros, marca una época trascendente y culminante en la vida económica de Antioquia y en el desenvolvimiento de sus industrias y de su progreso en todos los órde- nes. La montaña enhiesta y desafiadora que detenía allí, como una de las murallas que cercan el dilatado dominio amarillo, las corrientes del adelanto, ha sido ya vencida por el taladro que impulsó el brazo vigoroso del obre- ro antioqueño y por la constancia invencible de la raza.
No han sido pocas las iniciativas que se han quedado escritas, porque el transporte incómodo, costoso y lento, por nuestro Ferrocarril, hacía dispendiosa la introducción de las materias primas necesarias para su efectividad. Y numerosas han sido también las corrientes civilizadoras que se han detenido ante esa magna fortaleza, que parecía desafiar el acce so de las ideas y de los elementos de progreso.
A siete horas y media ya nuestra capital del puerto antioqueño sobre el Magdalena, nuestra comunicación con el interior del país y con las playas del mar, se ha facilitado en forma apreciabilisima. El servicio aéreo que hoy se está prestando con toda regularidad y con resultados insuperables, coloca a Medellín a un día de jornada del litoral del Atlántico y de la capital de la República. Cuando avancen los rieles del Ferrocarril del Carare y lleguen a Puerto Berrío, nuestra comunicación con el Oriente Colombiano se habrá facilitado igualmente, y el intercambio comercial o ideológico base de la unidad patria con las otras secciones nacionales, será una realidad fecunda. Un pormenor que no puede dejarse pasar inadvertido en la obra que hoy se inaugura es el ejemplo que constituye para los poderes nacionales y seccionales del país el contrato que se celebró para la ejecución de esta obra. En la interminable serie de complicaciones internacionales y económicas que nos han costado siem pre los contratos con casas extranjeras, la negociación celebrada con la Casa Fraser Brace, se destaca con el más nítido brillo. Ejecutado el Túnel en el tiempo previsto, por una suma en muy poco superior a la que se había asignado, entregada la obra a plena satistacción del Departamento, debe Antioquia estar agradecida a la firma que tan correctamente cumplió compromisos.
Esta revista, en la que se hace una historia, la más completa posible, de ta gestación y ejecución del Túnel de La Quiebra, rinde un homenaje de admiración a los iniciadores de la portentosa obra, a sus gestores, a la impor- tante Casa que la llevó a término y a los ingenieros y obreros nacionales que en ella intervinieron de manera tan eficaz.
"No siendo el progreso de un país resultante de la buena ventura, sino consecuencia conscientemente buscada por los verdaderos estadistas que tienen el don de prever y la voluntad de realizar hechos que a ese progreso conducen, Antioquia puede ufanarse de haber tenido dirigentes de visión general que le han venido trazando con singular acierto y cumplimiento, paso a paso, sin saltos perjudiciales, y en el momento oportuno, el programa de su desarrollo, hasta alcanzar la visible prosperidad de que actualmente goza..."
Carlos Gómez Martínez, Superintendente General del Ferrocarril de Antioquia, 1926
"Corría el año de 1926, Medellín cerca de 112.000 habitantes, el Ferrocarril de Antioquia era el eje del desarrollo del departamento y el Superintendente General, uno de los funcionarios más importantes y tenidos en cuenta, casi tan relevante como el mismo Gobernador. Setenta años después, estas palabras que formaron parte del informe del Superintendente ante su Asamblea, encajan con precisión en el momento en que otros protagonistas con similares intenciones de desarrollo, convierten el vetusto taller de reparaciones en un moderno y eficiente edificio sin restarle su capacidad evocadora de una historia que, como la del Ferrocarril de Antioquia, hizo grande a este departamento. "
La visión de Carlo Gómez Martínez sigue viva en la actualidad.
Resumen de documento:
El documento describe la importancia y el desarrollo de la construcción de túneles en Colombia, especialmente en el departamento de Antioquia. El ingeniero Nelson Rincón destaca la necesidad de tener contacto directo con la roca al excavar y cómo cada pedazo de tierra que se extrae es único y conocido solo por aquellos que lo encuentran. A lo largo de los años, la construcción de túneles ha evolucionado, con avances en tecnología, seguridad, impacto ambiental y eficiencia. Se menciona el caso del Túnel de La Quiebra, diseñado por Alejandro López, quien dedicó años a su construcción y solicitó ser enterrado allí. A través de testimonios y relatos, se destaca el progreso en las técnicas de excavación y construcción de túneles, desde la voladura manual con dinamita hasta el uso de maquinaria especializada y tecnología avanzada. El artículo también menciona otros proyectos de construcción de túneles en Antioquia, como el Túnel del Toyo, que se convertirá en la obra vial más grande de Colombia. Se señala que, a pesar de los avances en el país, aún hay una brecha en comparación con túneles de mayor envergadura en otros lugares del mundo. El ingeniero Oswaldo Ordóñez Carmona sugiere la implementación de máquinas tuneladoras en Colombia para construir túneles de gran longitud de manera más eficiente. Finalmente, se resalta la emoción y satisfacción que experimentan los trabajadores cuando los frentes de excavación se conectan por primera vez, conocido como "cale", como el momento más memorable en la construcción de un túnel.
Mención a Carlos Gómez Martínez como Superintendente del Ferrocarril de Antioquia.
"La Junta Directiva del Ferrocarril de Antioquia dio la orden de poner en marcha la organización administrativa de las Empresas Departamentales, como substitutas de la Empresa del Ferrocarril de Antioquia. Esta Junta fue celebrada en el despacho del Gobernador doctor Fernando Gómez Martínez quien la presidió, con la presencia de los vocales: Dr. Jorge Pérez Romero, Jorge Arango Vieira y Gabriel S. Londoño Jaramillo, del representante del Fondo de Estabilización del Banco de la República Dr. Carlos Gómez Martínez, del último Superintendente de la Empresa que desaparecía Dr. Hernán Arango Mejía, del Secretario de la Empresa Dr. Alberto Álvarez Zuluaga y del Secretario General de la Gobernación Sr. José J. Zuluaga."
Fuente Internet: Periódico el Mundo, Empresas departamentales de Antioquia. Autor: Jose Maria Bravo Betancur. 06 JUnio de 2017.
Mención de Carlos Gómez Martínez y su actuación en la construcción del Tunel de la quiebra
"Carlos Gómez Martínez fue el Superintendente General de la construcción del Túnel de La Quiebra, una obra de gran importancia para la conexión ferroviaria en Antioquia. Su informe final, fechado el 31 de diciembre de 1929, indicó que el costo total del túnel, incluido el equipo y la planta hidroeléctrica, ascendió a $3,395,697.57. Este informe detallaba las complicaciones y decisiones técnicas durante la construcción, como la necesidad de revestir gran parte del túnel debido a la inestabilidad de la roca. Su supervisión y liderazgo fueron cruciales para la exitosa culminación de este proyecto que había sido objeto de mucho debate y era esencial para mejorar la infraestructura de transporte en la región."