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Gibraltar, 1803
Don Manuel Cesario, fue un mercader, oriundo de Santa María de Bogliasco, en la Serenísima República de Génova, quien contrajo enlace en 1803 en Gibraltar, con Doña Antonia María de Sia, de veinte años, nacida en Chiclana de la Frontera, Cadiz, Andalucía, Reino de España.
El matrimonio tendría por lo menos unos cinco hijos, frutos de la unión. El segundo de ellos, sería el único hijo varón de sus padres, al que darían el nombre de Andrés Jacinto. Sus hermanas serían: María de la Encarnación Nicolasa, María Regina, María Dolores, Manuela María, María Antonia Nicoletta y Juana María.
Hay un período en la vida de la pareja de Don Emmanuel y Doña Antonia, que va de 1809 a 1813, en el que no tenemos registro de hijos nacidos en común. Aunque por esos años ocurrieron en el Peñón una serie de hechos, que pudieron provocar esta interrupción en la llegada de más hijos a la familia.
Doña Antonia María De Silla de Cesario, fallecería en 1820, tras la muerte de su hija primogénita
Don Manuel Cesario se volvería a casar en 1821, con Doña María Morales.
Gibraltar, 1803
Don Giovanni Batista Giusto Damonte, natural de Varazze, Savona, Serenísima República de Génova, Italia, contrajo enlace con Doña Salvadora Morales Becerra, de veinticuatro años, natural de Algeciras, Cadiz, Andalucía, Reino de España
De ese matrimonio nacerían una decena de hijos, cuatro de ellos varones: los dos mayores serían Agustín Pedro y Francisco Domingo Las niñas serían seis y la tercera en nacer, se llamaría Catalina María Dolores.
El padre de familia era hijo de Don Francesco Giusto, natural de Cogoleto, Génova, Italia, y de Teresa Damonte, también italiana. Don Giovanni Batista, -que llevaba este nombre por uno de los santos patronos de Génova-, había alcanzado el rango de Capitán de Marina Mercante y cierta fortuna.
En 1827 enviudó y se volvió a casar, teniendo con su segunda esposa, por lo menos otras tres hijas más. Su apellido, según algunos documentos, se ha castellanizado como Justo, y así llegó a la Argentina.
Gibraltar, 1821
Don Manuel Cesario se volvería a casar, con Doña María Morales, andaluza de Algeciras, Cádiz, España y tendría con ella por lo menos dos hijos; los únicos de los que tenemos registro son: José y Francisco Florentino, ambos Cesario Morales
Doña María Morales sería prima de Doña Salvadora Morales Becerra, ya mencionada en "Enlace Uno" de esta página. Pero además sería madrina de Catalina María Dolores Giusto.
Al estar casada con Don Manuel Cesario, al casarse Catalina con su hijo Andrés Jacinto, Doña María sería además la esposa de su suegro.
Esta pareja tuvo dos hijos: José Cesario Morales, quien se radicaría y casaría en Buenos Aires con Doña Martina Juana Salas Elordi con quien tendría diez hijos. Con él llegó su madre, una vez muerto su padre y vivió mas allá de los setenta años en casa de este su hijo.
Y Francisco Florentino Cesario Morales, nacido en plena epidemia de fiebre amarilla en Gibraltar de quien no tenemos documentación de vida.
Gibraltar, 1829
Don Andrés Jacinto Cesario se casó con Doña Catalina María Dolores Giusto, naturales ambos de Gibraltar, España
Doña Catalina era ahijada de Doña María Morales Becerra, quien como vimos fue esposa de Don Manuel Cesario
Andrés y Catalina tendrían entre 1830 y 1835, dos hijas gibraltareñas y un hijo argentino, luego el exilio forzado de Andrés los separaría por más de quince años.
Bahía de Cadiz . Siglo XIX
Golfo de Génova . Siglo XIX
En los anteriores “enlaces” matrimoniales, hemos visto uniones que llamativamente coinciden, entre mujeres andaluzas y varones genoveses. Lo primero que nos surge preguntar es ¿Es esto tan solo una coincidencia?...
Y sorprendentemente, la respuesta es: no.
Los vínculos matrimoniales entre mercaderes de Génova y damas de Cádiz, parece que eran frecuentes entre los siglos XVIII y XIX. Aunque ya desde el reinado de los Reyes Católicos (1474/1516), Génova tenía con Castilla un vínculo virtuoso. Castilla necesitaba de la ayuda financiera, comercial y marítima de Génova, a tal punto que el período de 1528 a 1627 fue llamado, en esa parte de Europa como : “El siglo de los genoveses”
Trescientos años después, en tiempos de nuestro protagonista: Cádiz se convertiría en puerto franco (1829/1832) para todo el comercio con América, especialmente desde el Río de la Plata. ¿Y por qué desde allí justamente? . Dejemos esa respuesta pendiente...
Ahondemos un poco más en la raíz de aquel vínculo entre Génova y Andalucía. Y luego consideremos en ella el factor que podemos llamar “el asunto Gibraltar”.
¿Por qué?,
Pues porque de Génova llegó Don Manuel, -más precisamente Don Emmanuel-, a fines del siglo XVIII, mientras en Andalucía vivía y florecía Doña Antonia María. En Gibraltar decidieron unirse en matrimonio y echar raíces juntos.
La Génova en la que nació Don Manuel era una república aristocrática y una de las cuatro repúblicas “marítimas” de la península itálica. La palabra república no tenía el mismo valor que le atribuimos hoy, sino que estaba referida al concepto de “cosa pública”, y en aquel caso, de gobernanza aristocrática.
Aquella Génova abarcaba lo que conocemos como la región de La Liguria. Aquella región y el suroeste de Francia, desde tiempos muy antiguos, estaba habitada por un pueblo conocido como “los ligures”. Los descendientes de aquellos ligures de Génova desarrollaron el estilo comercial, marítimo y financiero que hizo poderosa a esa región y diseminó al pueblo ligur por todo el Mediterráneo y mucho, pero mucho (Río de la Plata), más allá.
De aquel origen provino Don Manuel Cesario (Emmanuel Sessarego), es decir: fue hijo y parte de una diáspora ligur, por todo el Mediterráneo, el Levante y el Atlántico europeo. Y Cádiz en esa diáspora fue un puerto privilegiado. El vínculo con Cádiz y sus mujeres por parte de aquellos “navegantes golondrina” fue inevitable.
En un estudio sobre la población de Gibraltar publicado como: "Aproximación al estudio del papel de la Sociedad gibraltareña en el conflicto de Gibraltar" (1) se describe lo siguiente.
"En el Gibraltar de 1800, la población civil estaba compuesta por una variedad de genoveses, judíos, ingleses, portugueses, españoles, malteses y moros, que comenzaron a establecer relaciones los unos con los otros adquiriendo un sentido de “identidad” común."
Allí mismo se nos dice que, en ese establecimiento de relaciones, no eran pocas las veces en que se acordaban matrimonios. En el caso de los padres de Catalina Justo y de Andrés Cesario, parece haber sido así.
Ese mismo estudio nos confirma la difícil relación de aquellos habitantes “de segunda categoría” con la población militar inglesa y agrega: “la población era tratada con inferioridad pues se le consideraba como un conjunto de personas al servicio de los militares y carentes de derechos sociales”.
Sin embargo, tanto Catalina y sus hermanos como Andrés, por su formación como maestro de armas, llegaron como integrantes de un tipo de población de buena posición económica. El motivo de su traslado sin duda, no tuvo que ver con la pobreza o las condiciones de vida que ella acarrea.
Entonces ¿hubo entre los pobladores del siglo XIX en Gibraltar, quienes estaban en buena posición o con posibilidades de lograr una cierta prosperidad?
Pues parece que sí, justamente desde comienzos de ese siglo, el trato desigual que aplicaban los residentes militares llevó a la población a solicitar la existencia de tribunales civiles y policía propia.
Las diferencias se agudizaron durante las tres primeras epidemias, las que hicieron sentir a la población las diferencias de trato y atención.
Una de las primeras manifestaciones de la voluntad civil fue la creación de la Comisión de Valores, constituída por "algunos de los principales señores de las tres confesiones religiosas - hebrea, protestante y católica” (Burke y Sawchuk, 2001:539).”.(1) Esta comisión habría nacido para defender los intereses de un grupo de prósperos mercaderes que se había desarrollado en Gibraltar
Sería interesante saber a qué tipo de comercio se dedicaban los Cesario y los Justo, pensando que esos fueron los años (1790 a 1830) de: la invasión napoleónica a Génova y luego a España, la Guerra de Independencia Española, el exilio de sus reyes, la constitución de la Junta Central de Sevilla; la vuelta de Fernando VII al absolutismo, la instauración liberal, entre otros acontecimientos. Y además, la neutralidad de Gibraltar frente a estos acontecimientos.
En ese contexto, el artículo antes citado nos dice:
“Dado la condición de puerto libre, y la amalgama de comerciantes que se encontraban a diario por las calles, se fue creando una economía fuerte que atraía a nuevos comerciantes, especuladores y contrabandistas interesados en hacer negocios. “. (3) Los productos que otorgaban más prosperidad por allí eran el tabaco y el algodón y con él los productos textiles, que Inglaterra enviaba y con los que se enriquecía.
NOTAS AL PIE, REFERENCIAS WEBGRÁFICAS Y BIBLIOGRÁFICAS:
1) .-Aproximación al estudio del papel de la Sociedad gibraltareña en el conflicto de Gibraltar; Cap. 2 - Trabajo fin de Grado de Política Internacional; Universidad Pablo de Olavide, de Sevilla -Sevilla - 2014,
2) .-Respuesta del Gobernador de Gibraltar (General Don) al Secretario de las Colonias en 1827. Citado por Ballesta. Juan M, La verja de Gibraltar. p. 154
3).- Ballesta, Juan M. La verja de Gibraltar. Castellar de la Frontera: Castellarte, 2005 en 1)
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