Este espacio está desarrollado especialmente para mamá y papá con el objetivo de asesorarlos en caso de que algún pequeño dragón pase por alguna situación de estrés y/o alteraciones emocionales.
Todos los padres nos cansamos de hablar fuerte y repetir instrucciones, las disposiciones y hábitos de la juventud se manifiestan con toda probabilidad en la edad madura.
Podemos doblar un árbol joven darnos la forma de queramos y nos mantendremos y nos mantendremos como hemos doblado, seremos un árbol deformado, testimonio constante del daño y abuso de nuestras propias manos.
Podemos, después de años de desarrollo, intentar enderezarlo, pero todos nuestros esfuerzos resultarán infructuosos. Será siempre un árbol torcido.
Tal cual es el caso de las mentes de los jóvenes. Debiéramos enseñarles cuidadosa y tiernamente en la infancia, porque en su futuro seguiremos el curso en el que se encaminan en la juventud, debido al tiempo.
Los hábitos formados entonces se arraigarán y vigorizarán para crecer y adquirir la fuerza del niño, y generalmente los mismos en la vida exterior, con la diferencia de que se fortalecerá constantemente.
El proceso de disciplina es difícil y, por lo tanto, poco agradable, ya que, por ejemplo, se muestra en contra de la naturaleza infantil que tiende al deseo de libertad ilimitada.
"Por lo tanto, el temperamento, la edad, las necesidades y el desarrollo de un niño para tener en cuenta durante su educación".
Sin embargo, los beneficios de la disciplina no deben ser solo en términos del futuro. James Dobson, por muchos años, profesor de pediatría de la Facultad de Medicina del Sur de California, en Estados Unidos y afirma que los niños crecen "mejor en una atmósfera de amor genuino, circundada por disciplina racional, coherente".
Una de las primeras lecciones que necesita aprender el niño es la obediencia. Se le debe enseñar a obedecer antes de que tenga edad suficiente para razonar.
El hábito debería establecerse mediante un esfuerzo suave y persistente. De ese modo se puede evitar, en extenso grado, aquellos conflictos posteriores entre la voluntad y la autoridad que tanto influyen para desapego y amargura hacia los padres y maestros, y con la frecuencia de la resistencia a toda autoridad, humana y divina.
Para educar a nuestros hijos de manera eficaz debemos tomar en cuenta la forma de cómo nos comunicamos con ellos, es decir, los decimos y cómo decimos.
Lo fundamental es usar palabras instructivas y comprensivas para la edad de nuestro pequeño, no palabras destructivas e insensibles.
Es más probable que nos obedezcan y sigan las normas de convivencia.
Además, ¿Qué quiere decir? Que nuestro ejemplo sea nuestra mejor lección a la hora de educar hijos. Si no somos consistentes, estamos destinando al fracaso a nuestros pequeños. Es así de simple.