CUATRO COLORES BASTAN PARA PINTAR UN MAPA
Me gusta entender. Persigo las razones que explican las cosas, sus correspondencias secretas, los mecanismos que convierten una diferencia en categoría y una categoría en destino. Me interesa ese momento en que un procedimiento de clasificación alcanza tal perfección que termina siendo percibido como belleza, calidad o verdad. Clasificar es establecer diferencias, pero también producir equivalencias; ordenar el mundo hasta conseguir que sus contradicciones parezcan naturales. Cuatro colores bastan para pintar un mapa. La dificultad comienza cuando confundimos esa economía de recursos con la complejidad del territorio, la eficacia del dato con la realidad, la afirmación con la historia.
Frente a una naturaleza muerta del Siglo de Oro holandés, un animal eviscerado me devolvió la mirada mientras los personajes vivos parecían evitarla. Intentar comprender aquella representación y las condiciones históricas que la hicieron posible me llevó a Amberes, al azúcar, a los estándares que aprendimos como debe ser del arte, pero también a las historias de los países donde crecimos. Encontré equivalencias inquietantes: el azúcar adquirió los colores de la pintura y la pintura reveló los procedimientos del refinamiento: separar, aclarar, eliminar impurezas, establecer grados, asignar valor. Los censos clasificaron los cuerpos, los himnos cantaron nuestras independencias con voces prestadas y las imágenes de una revolución conservaron intacta la juventud que sus protagonistas fuimos perdiendo. Los modelos sobreviven mejor que las condiciones que los produjeron y, a veces, mejor que los propios cuerpos.
El arte es para mí el espacio y la operatoria de estas dudas. En un taller donde la belleza precede al reconocimiento de aquello que representa, donde los cuerpos fragmentados conservan las marcas de historias que ninguna clasificación consigue contener, construyo explicaciones alternativas. Allí, el pintor puede convertirse en modelo, el documento en indicio y una semejanza en evidencia. No busco una genealogía definitiva entre colonialismo, pintura, raza y revolución, sino ese espacio donde las historias se rozan, se contaminan y desbordan los sistemas que pretenden explicarlas. ¿Qué historia?, ¿qué cuerpos? Los mapas prometen un orden, pero el territorio insiste en desmentirlos. Quizás el gesto mínimo de resistencia sea reinstaurar la duda allí donde aprendimos a reconocer la verdad.
Omar Estrada
Artista: Omar Estrada
Fecha: Octubre / Diciembre (2026)
Ubicación: San José 114 / Industria y Consulado. Centro Habana, La Habana, Cuba