¨Memories y la belleza del fragmento¨
“El espectáculo de lo bello, en cualquier forma en que se presente, levanta la mente a nobles aspiraciones”
Gustavo Adolfo Bécquer
La realidad fragmentada a la que asistimos todos como espectadores y en alguna medida como participantes, ha perdido la sutileza del acontecer y se impone como una avalancha de hechos e imágenes que nos abruman y nos hacen sucumbir frente a su inherente dinamismo… ¿Qué puede ser hacer el arte frente a estos albures? ¿Cómo combatir la inmediatez y lo efímero de nuestra contemporaneidad? Una posibilidad entre las infinitas formas de pausar lo cotidiano es recurrir a los recuerdos…
Memories, el proyecto personal de Lisandra Ramírez que por estos días exhibe Galería Acacia, propone una serie de imágenes y objetos evocadores del pasado al tiempo que se conectan con el presente y apuntan al futuro. El recuerdo no está abordado desde la literalidad del proceso de recuperación de la memoria: las piezas que la artista produjo para esta ocasión constituyen un entretejido atemporal que parte de la remembranza de sucesos, eventos o información almacenada. Visualmente estamos frente a la puesta en escena de Lisandra (en su doble condición de artista y curadora) delimitada por una museografía clara y simétrica, con piezas hermosas y llamativas resueltas en diversos soportes. Todo en esta muestra confluye para ofrecernos un espectáculo retiniano que no solamente ostenta la belleza externa, pues sondea en elementos cuestionadores de nuestra realidad fragmentada.
El recorrido comienza con un texto en pared de la autoría de Darys Vázquez involucrando al observador desde el primer instante, pues ofrece una idea general de la poética de la artista: “Fragmentos yuxtapuestos del mundo real se conectan a través de un esquema de ficción donde pasado, presente y futuro extienden sus límites para trabajar con la memoria.”. La declaración misma refiere al fragmento como parte indispensable de la obra de Lisandra: ella utiliza las partes y las conecta entre sí componiendo un todo. La noción de fragmento implica que este carece de sentido por sí mismo, que este debe incluirse en algo que lo implique para que pueda comprenderse totalmente, porque es una pieza que solo puede considerarse en relación con otras piezas, siendo improcedente verla por separado. La muestra Memories posibilita la lectura de lo fragmentado en varios niveles: las obras se componen de fragmentos, cada obra es a la vez un fragmento y la curaduría toda emplaza lo fragmentario de nuestra realidad.
En piezas como “Trópico” o “Retrato de mujer con flores” se alude a una estética conectada con la antigüedad clásica y su sentido de belleza como cualidad que hace que algo se muestre relevante y grato. Son fotografías reveladoras de imágenes compuestas por fragmentos culturales que contrastan lo nuevo con lo viejo, lo inmediato de la captura con lo perpetuo de la idea, lo global de la cultura con lo personal de la autorreferencia. Lisandra se ha involucrado en el proceso de creación como sujeto y objeto: exponerse a sí misma en una actitud hedonista reflexiona sobre un padecer contemporáneo casi generalizado: la búsqueda del placer y el goce en todo sentido. Dialogando con estas obras, en la pared contraria se encuentra la fotografía “Nuevos Tiempos”, acompañada de la escultura de un gato blanco sobre una pelota roja de lunares; este conjunto representa una época más inmediata, incluso proyectada hacia el futuro. En este caso se expone lo fragmentado de la consideración de lo bello actualmente, ya que es un terreno exclusivo de la subjetividad: la artista esconde sus ojos tras los mismos espejuelos que usa el gato, enmascara su mirada con colores planos y pone en tela de juicio el prisma a través del cual observamos la cultura. La visión velada por el artificio del color nos iguala al objeto, nos transforma en autómatas, y así somos un juguete más del azar de lo cotidiano, de este mundo vertiginoso y colorido, pero también aparente.
Las maletas, por su parte, son receptáculos de fragmentos de lo cotidiano, del universo femenino, de la naturaleza, y de la cultura. En el acto de guardar, la maleta es el lugar donde también podemos ocultar frustraciones, soledades, nostalgias, fracasos y desencantos. Pero estos depositarios son traslúcidos, así que no hay nada escondido: flores manufacturadas minuciosamente en papel de colores, cubiertos y losa, hilo de estambre, papel estrujado…parecen pequeños universos contenidos en cajas de acrílico, son reflejo del cosmos individual y colectivo donde lo femenino desempeña un rol fundamental. Estas maletas son una actitud, un nuevo lugar al que dirigirnos, un destino.
Las tazas intervenidas con resina son un arquetipo de pastiche: realidades independientes se funden en un mismo objeto, fragmentos de la naturaleza y lo artificial se conjugan para crear semánticas divergentes. Se convierten en objetos personales porque son recipientes de vida, porque la vasija se lleva a los labios, porque bebemos de ahí, y ese lugar también es cultura…ubicar en algunas tazas especies marinas tiene especial significado porque los peces representan sabiduría espiritual, fertilidad y regeneración. El simbolismo de los animales del mar está relacionado con el agua, en especial con los temas del nacimiento y la creación. Una tercera taza contiene un arete, evidenciando lo femenino y lo doméstico. Estos “Objetos personales” son pequeños gestos que desprenden lirismo e intimidad.
“Eternamente juntos?”, desde el discurso fotográfico y el palimpsesto de lo matérico, es una obra que objetivamente refleja lo fragmentado al estar contruida por varias piezas que componen un todo. Con esta, la artista no solo expone lo fragmentario en el orden semántico sino también en lo material: las partes se contextualizan como determinantes del total del discurso. El texto iluminado de forma intermitente remeda el universo de la publicidad y la vía pública, así como compromete al espectador con una interrogante. La pregunta funciona como metáfora de la relación del ser con el otro y también con el mundo, así como nos remite a poner en duda todo aquello que normalmente damos por sentado. Dicha obra en su unicidad establece un diálogo coherente con tres cajas de luz dispuestas en el suelo de la galería: la tríada pertenece a la Serie Memorias y presenta imágenes dispares e inconexas. Se infiere una voluntad de hallar orden en el caos: la convivencia de elementos tan distantes como un aeropuerto, un jarrón o un arreglo floral unido el uso de la luz más el componente textual, son pistas visuales que sustentan que lo estético hoy se vincula más a lo cotidiano, funciona a través de un amplísimo canal comunicativo que rebasa las fronteras del arte y de lo bello, de las naciones y de las culturas.
Lisandra Ramírez es una artista atenta y osada; la multidisciplinariedad es esencial en su poética, así como la factura exquisita, el acabado impecable y el magnetismo visual. Con la muestra Memories está apelando no solo a nuestros sentidos sino también a nuestro intelecto: es el tipo de belleza para ser mirada, sentida y también aprehendida. En esta exposición la experiencia estética supera lo sensorial y levanta nuestras mentes a nobles aspiraciones, nos obliga a detenernos, a observar con calma, e impone un poco de orden en el caos cotidiano de hechos e imágenes. Memories es un todo del cual también somos parte y nos compromete a prestar atención a la realidad y la cultura con un sentido más crítico, como observadores participantes…ahí radica la belleza del fragmento: en el todo, en nosotros con el todo, en nosotros en el tiempo y a tiempo de ese todo…
Aireem Reyes
Verano de 2023
Artista / Curaduría: Lisandra Ramírez Bernal
Fechas: 16 de junio - 18 de agosto 2023
Ubicación: San José 114 / Industria y Consulado. Centro Habana, La Habana, Cuba