Hno. Miguel Agustín Hernández Ornelas
(Hno. Alejandro Miguel)
* 17 ago 1934 (León, Gto.)
+ 20 sep 2005 (Guadalajara, Jal.)
Una historia de familia
En la ciudad de León, Gto., el día 17 de agosto de 1934, sin ser esperado, llegó un niño que, horas después, al recibir las aguas del Bautismo recibí ría el nombre de Miguel Agustín, en honor del mártir de la Revolución Cristera, Miguel Agustín Pro, 5j. Su hogar, un hogar cristiano formado por Don Pedro Félix Hernández Torres y la Sra. Carmen Ornelas Guzmán. Dios habla bendecido ya este hogar con 6 hijos: Pedro, Santiago, Jorge, Paco, Carmen Laura, y Antonio, siendo 'Mico como lo van a conocer en casa, el 7°. Después de su nacimiento llegarán tres nuevos miembros: Juan Ignacio, María de la Luz y Magdalena. De ese hermoso racimo Dios se va a llevar al tercero, en su primer año de vida... su mamá siempre contaba que era el bonito de sus hijos... quizá por eso el Señor lo llamó primero...
La historia de su nacimiento tiene. en cierta forma, muy presente la mano de Dios que actúa en su Providencia; encontrándose su mamá en el sexto mes de embarazo, se enfermó de cálculos renales, situación que provocó el nacimiento, muy prematuro,
de un nuevo vástago, aún no esperado... Llegó muy pequeño, al grado que cabía en una caja de zapatos. Su papa escribió:
'Hoy, 17 de agosto de 1934, nació milagrosamente mi hijo, siendo bautizado en la Parroquia del Barrio; sus padrinos fueron sus nos maternos, Rafael y María Guadalupe' .
Sus padres, cristianos comprometidos y a carta cabal, formaron un hogar donde se reza diariamente el santo rosario y donde la asistencia diaria a Misa es parte de las actividades cotidianas de sus padres, con todo y que, en ese tiempo, teniendo una hacienda entre León y Silao, sus vidas estaban divididas entre la casa del Parque. en ese tiempo en la orilla de la ciudad de León. y la hacienda.
El Colegio Constancia y Trabajo, de las Señoritas Camarena. era visitado regularmente por el Hermano Ángel Gálvez y sus visitas dieron buenos frutos para el Instituto, entre ellos se cuentan los Hermanos Pedro Vela, Manuel Padilla y Miguel Agustín.
"Miguel ha sido un gran regalo de Dios. Una personalidad única y, digámoslo francamente, controvertida".
Etapas de formación con los Hermanos
Miguel Agustín llega al noviciado Menor de Tlalpan el 22 de diciembre de 1948. Es un muchacho alegre y entrón, con 12 años de edad. Se encuentra con formadores notables, jóvenes y entusiastas y, a la vez, de una profunda espiritualidad, que irán formando en las mentes y corazones de los novicios menores aspiraciones a la santidad, espíritus generosos, audaces que buscaran consagrar su vida por entero al Señor; ellos eran los Hermanos Víctor Bertrand, como director, Salvador Pérez, como Subdirector, Leopoldo Narro, Víctor Córdoba, entre otros y, más tarde llegará el Hno. Luis Lozano.
Pronto se distingue por su agilidad y habilidad en los deportes, sobre todo en el fútbol es audaz, alegre, de muy buenas relaciones con sus compañeros, abierto y sencillo. Así lo describe uno de sus compañeros de ese tiempo.
Pronto entró al grupo de trabajos, dirigidos por el activo y creativo Frère Víctor, formado por otros dos compañeros, de los cuales uno de ellos va a ser su gran amigo y compañero en los primeros años de comunidad. Él nos relata que la amistad nació por el trabajo que realizaban juntos. tanto de plomeros, como de electricistas; uno de los Hermanos profesores de ese tiempo los llamo "muchos tubos y pollos y poco estudio" pues le dedicaban mucho tiempo al mantenimiento de la casa que al estudio; en realidad eran los de confianza del Hermano Director y de Frère Víctor para todos los menesteres de una casa tan grande, como era el Noviciado Menor de Tlalpan; formaron un excelente equipo de manos hábiles. No dudaban en meterse a la fosa séptica para vaciarla, o bien, arreglar la pichancha de la bomba que se tapaba; no les vencía ni la repugnancia ni la dificultad, hacían su empleo con gran generosidad y entrega.
Otro de sus compañeros nos cuenta que, siendo él el sacristán de la casa y habiendo tenido una desavenencia con el Hno. Director, porque no entendía un tema de matemáticas y el Hno. Director creía era sólo un capricho, sufrió las consecuencias siendo relevado de ese importante cargo, cayendo la responsabilidad en Miguel. Cuando una reliquia importante de la Santa Cruz visitó el Noviciado Menor, Miguel pidió la ayuda al sacristán desplazado y, al mismo tiempo fue el puente para que, nuevamente, volviera este joven a su puesto de sacristán.
Según cuenta el Hno. Francisco Javier Pérez, la relación de Miguel con el Hermano Director fue siempre excelente y muy cercana, al grado que, según este testimonio, era de los únicos que le hablaba de tú al Hno Luis y se permitía hacerle pequeñas bromas que le aceptaba muy bien El Hermano Director lo quiso mucho por su forma sencilla de ser, su capacidad de relación y de trabajo a favor de los demás. El Hermano Luis era una persona de gran autoridad, serio, pero Miguel supo establecer con él una relación de afecto y cariño. a la vez que de respeto y deferencia.
Termina el tiempo de Noviciado Menor y llega el tan anhelado paso al Noviciado. Es noviembre de 1952. Es un buen grupo de postulantes que llega al Noviciado, entre ellos, varios de nuestros Hermanos del distrito.
La Toma de Hábito es en la fiesta de la con versión de San Pablo de 1953; el padrino de Miguel Agustín es el Hermano Visitador, Bernard Alphonse y, con el Santo Hábito, recibe el nombre de Hno. Alejandro Miguel.
Con su padrino se va a establecer una amistad y un cariño muy grande; siempre se benefició de la amistad de su padrino y se estableció entre los dos una relación de fraternidad, a la vez que de filiación, por parte de Miguel al Hno. Bernard, relación que duró hasta el último minuto de vida de tan distinguido padrino.
El Hno. Javier Bordes, formador ilustre de más de 15 generaciones de Hermanos, ese año se iniciaba como director del Noviciado. que en ese tiempo tenía una duración de dos años. El Hermano Director es un hombre joven, entusiasta, optimista, de gran calidad humana y religiosa, cercano a sus novicios. entregado en el deporte, sobre todo al futbol, sabe despertar una generosa entrega al Señor en esos jóvenes, despierta el amor de esas alma por el Instituto y por su propia vocación: una prueba de ello es que de ese grupo perseveran 14 Hermanos. tres de ellos en el cielo y 11 ya de virtud probada. Durante el Noviciado siguió con regularidad todos los ejercicios del mismo y también se encargó, en colaboración de uno de sus antiguos compañeros de trabajo del Noviciado Menor, del mantenimiento del Noviciado.
En 1955 lo encontramos en el Escolasticado de Coyoacán, dirigido en esos años por el muy amado Hermano Miguel Martínez, quien supo infundir en los Hermanos escolásticos de ese tiempo el amor a la vocación docente, el espíritu de sacrificio y de superación; muchos de los Hermanos escolásticos de esos tiempos recuerdan con cariño los interminables partidos de futbol, entre los buenos juga dores y los malos jugadores, capitaneados por el Hermano Director, o bien, el "chancly club' con todas sus pruebas físicas y de habilidad motora que exigía. Miguel participa activamente, con entusiasmo y entrega, en todas estas actividades.
Inicia sus estudios pedagógicos en la Normal Cristóbal Colon, que en ese tiempo se encontraba en la calle de Sadi Carnet, y al mismo tiempo realiza el estudio de Catecismo que en esos tiempos se tenía por Regla, aprovechando el trayecto de viaje entre Coyoacán y la Normal. Estos estudios se verán interrumpidos prematura y temporalmente por la salida a trabajar, primero como titular de tercero de primaria en el Colegio Febres Cordero y, después, en el Cristóbal Colón, lugar donde Mico se va a sentir muy bien y donde recibió una fuerte influencia. tanto del Hno Director. Pierre Lyonnet. como de otros Hermanos que alentaron su amor por la Biología. Años más tarde platicaba de ese hermoso tiempo vivido, de los paseos de las colectas de plantas etc. con el Hno Salvador Pérez.
"Consagrar nuestra vida a Dios para llevar el Evangelio al mundo de la educación" R 12
Año de 1958 Termina el Escolasticado y los Hermanos escolásticos, Francisco Javier Perez y Mico son destinados a Puebla. Mientras tanto, en Lagos de Moreno esperan el reemplazo de un Hermano que había sido cambiado en diciembre, pero aún no llegaba; el Hermano Visitador cambia de planes y, el día que de oían salir para Puebla, lo llama y le dice que su destino era la secundaria del Laguense y no el Benavente.
De esta manera, los pasos de Miguel se dirigen a Lagos de Moreno, donde los Herma• nos lo reciben como "el deseado de las naciones", debido a las tres semanas en que hablan tenido que duplicarse para sustituir al Hermano que faltaba.
"Con la fe, para mover el corazón de sus alumnos y llevarlos al Señor... con el amor, para ser compañero de camino... con el corazón abierto, para ser amigo cercano... y hermano'
Lagos era una comunidad relativamente nueva, pues estaba en su quinto año; sus limitaciones económicas eran grandes; cuenta el segundo Hermano Director que, cuando recibió el Colegio y la comunidad, sus arcas sólo contaban con un peso...
pero, lo que en economía faltaba, sobreabundaba en generosidad y entrega por parte de la comunidad de Hermanos.
Fueron tiempos difíciles, todo el trabajo se distribuía entre los Hermanos; si hubo logros, se debió, cien por ciento, al esfuerzo y creatividad de los Hermanos, por o ejemplo, los desfiles, con sus tablas gimnásticas, paralelas, tumbling, eran organizados por o los Hermanos Jorge Campos y Mico, así como los deportes de los recreos y de los sábados; fueron una gran ayuda para el Hermano Director en la ceremonia de recepción de la Reliquia del Santo Fundador, en Lagos de Moreno, organizando a la gente y a los alumnos así como en la organización de la acción litúrgica, presidida por el Sr, Obispo de León, Monseñor Manuel Martín del Campo, ilustre exalumno de los Hermanos de Morelia.
El novel maestro se inicia como titular de segundo de y secundaria y como responsable de la clase de Biología, la cual prepara con esmero; se mostró como un maestro diligente y constante que logró despertar el interés por la Biología en sus alumnos. Le encantaban los animales y, pronto establece el laboratorio, que adorna con peceras. Igualmente, se inicia en la taxidermia, logrando muy buenos resultados; lo primero que disecó fueron patos, producto de las cacerías sabatinas de la comunidad y los alumnos le fueron llevando otros ejemplares, como cabezas de venado, águilas y otros animales y, después, personas ajenas al colegio, o le pedían que les hiciera algunos trabajos con piezas cazadas por ellas mismas, logrando muy buenos ejemplares.
En comunidad era muy regular, muy fiel a o los ejercicios espirituales; poseía un gran espíritu comunitario, siempre estaba presente.
Los Hermanos dormían en un salón de clases, Mico nunca se quejó de nada, ni exigió nada, se conformaba con lo que se tema. Formaban una comunidad muy unida; ellos mismos hicieron las instalaciones de su nueva casa, tanto de electricidad como de fontanería y pintura; plantaron los jardines que ellos cuidaban con esmero y buen gusto.
La comunidad hacía sus paseos a pie; los Hermanos eran muy buenos caminadores y estaban de practicar la cacería de patos y palomas, tanto en la presa de San Pedro, como en la presa del Cuarenta o en la sierra del Maguey. También practicaban la natación, hecho que alguna ocasión les hizo volver en paños menores a la comunidad, pues sus ropas, que quedaron en la orilla de la laguna, desaparecieron. Fueron asiduos visitantes de las "Pocetas" y muchas veces llevaban a los alumnos de paseo en fin de semana.
Con sus clases y con su forma de ser pronto se ganó el aprecio de sus alumnos. Se mostró siempre muy atento con ellos y preocupado por sus padres y familias. La atención a las personas era notable, tanto para alumnos, como exalumnos y Hermanos, se desvelaba por ellos, dándole mucha importancia a la caridad. Se hacia querer y lo buscaban. Definitivamente, marcaba a quienes lo trataban, particularmente a sus alumnos.
Una sombra en su estancia en Lagos de Moreno fue, sin duda, el accidente que tuvo en uno de los paseos, como nos lo hace ver un Hermano que fue nuestro visitador: "Quizá Miguel no logró superar nunca el dolor y el trauma que le causó la invalidez accidental de uno de sus alumnos. Es algo que en silencio y llevó dolorosamente consigo toda la vida'.
Durante su estancia en Lagos de Moreno realiza sus estudios en la Normal Superior de la Universidad Autónoma de Coahuila, en la especialidad de Biología, materia que será su instrumento de trabajo en todas las instituciones a donde la obediencia lo destine.
El 25 de agosto de 1959, después de un retiro de 30 días, realizado en Casa La Salle, en el D.F., presidido por el Hermano Asistente, Antonio Maria, se consagra para siempre a la Santísima Trinidad, mediante su profesión perpetua, junto a los Hermanos Pedro Vela y Genaro Magallanes .
"Señor, ya estamos solos, mi corazón y el mar" (A. Machado).
Nuevos horizontes y retos se presentan para el Distrito, con la obediencia que Roma envía para que Acapulco pase a formar parte del Distrito de México Norte. Como integrante del segundo grupo de Hermanos que va a formar una comunidad del Distrito de México Norte, en Acapulco, se encuentra Miguel Agustín, ya que ese año, los Hermanos del Distrito de México Sur, que aún quedaban allá, se reintegran a su distrito.
En cuatro años, 1967 a 1970, Mico se va a hacer un acapulqueño pleno, va a amar el mar el sol, las playas y, sobre todo, a la gente costeña. Uno de sus compañeros lo describe como "un apasionado por el mar, aficionado a la lancha y al esquíe. Fue el responsable de la lancha y la cuidaba y mantenía con esmero para que la comunidad pudiera gozar de ella'. Continuando la descripción de su presencia en Acapulco: 'En comunidad era servicial, no habla favor que se le pidiera. que no hiciera. Muy bullanguero, buscando siempre alegrar a la comunidad con bromas chistes y buen humor y sin criticar a nadie".
Con los Hermanos mayores de la comunidad, los Hermanos Regís y Cedmón, fue siempre muy atento, servicial y cuidadoso de su salud y de sus necesidades.
No se formalizaba con nada, no le gustaba dramatizar nada, huía de la grandeza, era sencillo y, en momentos, parecía descuidado".
Una nota constante en su vida va a ser la preparación de su clase de Biología y de sus laboratorios, preparados con esmero. al grado de despertar el entusiasmo de los alumnos por sus clases.
"Era un excelente amigo de los mu chachos, al grado de meterse en los peores lugares por ayudar o rescatar a alguno de sus alumnos o amigos. Algunas veces, por ayudar a los muchachos, pasaba por encima del reglamento o perdía la exigencia académica, situaciones que llegaron a ocasionar conflicto con la autoridad". Por ayudar a alumnos y exalumnos siempre fue muy expuesto, pero a la vez sincero y derecho. Mantuvo la cercanía y la amistad con ellos hasta el fin de su vida"
Como religioso, era un hombre de fuerte piedad mariana. Algunas veces no analizaba o investigaba lo suficiente y emitía un juicio rápido, que en momentos le trajo dificultades,
En la diócesis de Acapulco, colaboró activamente en retiros y jornadas de vida cristiana, dirigiendo múltiples retiros en las llama? das "cuevas" de Balcones del Mar.
Se puede decir de Miguel que: todo lo a daba. pero tendía a reclamar también la Tora talidad. Se entregaba sin fronteras ni reservas a hasta al desconocido, pero era distanciado, reticente y de una sensibilidad a flor de piel para con sus superiores.
Por esta polaridad, Miguel debió haber sufrido mucho, primero por ser sensible a lo que ro muchos no lo somos y, segundo, por el cariño a y la aceptación que encontraba en extraños y que no siempre palpaba en casa.
En el verano de 1970. Mico y otro Hermano inauguran las sesiones del CE1, bajo la dirección del querido y entusiasta Hermano Víctor Bertrand y, al fin del mismo, recibe una obediencia, que le costó mucho, y fue para ir a trabajar a la Preparatoria del Instituto Regiomontano.
"Es por las personas que vale la pena perder la vida en el sentido del Evangelio" .
En dos ocasiones va a formar parte de esta comunidad: la primera, de 1970 a 1981 y la segunda, de 1985 a 1991. En un principio no fue fácil su relación, pues le costaba mucho dejar Acapulco; se mostró receloso con el Hermano Director, pero, una vez iniciado el trabajo. las relaciones se fueron tranquilizando.
La actividad académica en la preparatoria del Regiomontano estaba regida por la Universidad de Monterrey, recién fundada. y esto le abrió nuevos horizontes y también la oportunidad de dar, no sólo la clase de Biología, sino también Psicología, que fue un medio privilegiado para ayudar a los muchachos.
Colabora activamente en la formación de valores de sus alumnos, preparando varias de las fichas que, más tarde, formarán los libros de preparatoria. de Formación de Valores, cuya idea y realización se debe al Hno. Lorenzo González Kipper. entonces coordinador de la Unidad Obispado como se llamaba entonces la preparatoria del Regiomontano.
Nuevamente va a distinguirse por su relación cercana, atrayéndose la amistad, el res peto y cariño de sus alumnos; su preocupación y sus desvelos se van a dirigir a apoyar a los alumnos más necesitados.
La comunidad del Regiomontano era numerosa, más de 15 Hermanos y se vera beneficiada por la atención y los cuidados de Mico. Cuando algún Hermano enfermaba. Ahí estaba Mico, no se media en cuidados y des velos hacia el enfermo, atendiéndolo y proporcionándole las medicinas, inyectándolo, llevándole los alimentos y subsanando cualquier necesidad del paciente. Su dedicación y gentileza fue grande durante la enfermedad del Hno. Bernard Alphonse, pasándose noches enteras a su lado; igualmente fueron las atenciones prestadas al Hno. Paul Ayel, en su última enfermedad.
El testimonio de un Hermano joven, de esa época, nos dice lo siguiente: "el Hno. Mico compartió con nosotros sus talentos y gustos en la clase de fotograba, cuando nos preparábamos como educadores en el CESLAS. Recuerdo su estilo cercano, sencillo, alegre, que motivaba a la confianza fraterna.
En comunidad trasmina lo mismo: alegría sencillez, y confianza. El Hermano Mico se adelantaba a ayudar y captaba perfectamente cuando alguien necesitaba ayuda, estaba triste o preocupado: era una mamá con los Hermanos jóvenes".
En su segunda estancia en Monterrey colabora en la Preparatoria la Salle, de Santa Catarina, haciendo el papel de coordinador, por un semestre.
1981-1984. La Perla de Occidente lo recibe como maestro de la Preparatoria; es maestro, coordinador y entrenador de fútbol, actividad que le atrajo muchas amistades y relaciones cordiales, cercanas, de amistad; era el compañero de sus alumnos.
Fue iniciador de las Misiones de Semana Santa, en el ejido de La Campana, Dgo. a donde se destinaban alumnos de Cd. Obregón y Guadalajara. Estos alumnos misioneros lo recuerdan con amor y agradecimiento por su gentileza y la forma de llevar la misión... muy a lo Mico. Entre los alumnos misioneros de estas dos ciudades se establecieron relaciones de amistad duraderas a pesar de la distancia entre las dos ciudades.
"Miguel no es sino el reflejo del Cristo "piedra de choque y piedra de salvación":
DECLINAR DE LA VIDA...
La salud ha menguado, el cansancio se ha hecho sentir, el mal de su columna, que viene desde el accidente en Lagos de Moreno se acentúa, iniciaron problemas con la digestión, así como con una prótesis de fémur, en una de sus caderas, pero lo más grave, fue la pérdida de su espíritu de lucha, y el dejarse vencer por el cansancio.
Así, llegó a Monclova, nos dice uno de los Hermanos de esa comunidad "que traía ya una actitud muy pesimista y de rebeldía ante la autoridad, sobre todo aunque, con mucho entusiasmo
"se metió mucho con la raza, hasta donde podía y hasta donde quería; se identificó con los del equipo de fútbol, pues hasta se llevaba una 3 silla plegable para dirigirlos en la cancha".
En clases usaba un lenguaje que, para algunos, era chistoso y para otros ofensivo, por sus expresiones, no vulgares, pero si folklóricas. Preparaba a las mamás catequistas de preparatoria. Ya no es el mismo Miguel... inicia su declive, tanto en salud como en actividad.
El año siguiente lo encontramos en la comunidad de Saltillo, en el colegio Ignacio Zaragoza, donde ejercerá su apostolado en la Preparatoria, donde nuevamente se presenta un choque con la autoridad por la carga de trabajo:
el resultado es que en el mes de enero de 1994 lo encontramos en la comunidad de Gómez Palacio, Dgo. ayudando en la preparatoria nocturna.
Un antiguo Hermano Visitador, en una pincelada, nos hace una presentación de la personalidad de Mico: "Miguel ha sido un gran regalo de Dios. Una personalidad única y digámoslo francamente, controvertida. Era el amigo total e incondicional y a la vez, la persona crítica y extremadamente sensible, que fácilmente se hería."
En su fuerza radica su propia debilidad; él comprende, sabe ser empático con sus alum E nos, pero al no ser comprendido y al no sentir, c por parte del superior, una empatía hacia su y persona, nace el problema y viene el choque t de autoridad que le provocaron heridas y sufrimientos, sobre todo en esta última etapa de c su vida.
"Asumió el dolor purificador y redentor. Dios lo acercó a si de manera privilegiada."
Su último centro de trabajo fue la comunidad del colegio Guadiana, en la ciudad de Durango, lugar de paz y remanso después de las tempestades y sinsabores vividos en las anteriores experiencias. Se encuentra con Hermanos amigos como, su primer director de comunidad, que es el coordinador de primaria; el Hermano director ha sido su compañero por varios años y llevarán un relación fraterna y de rica convivencia comunitaria, gozan y do los días de paseo en la casa de Parmenia, e planeando y realizando las tareas diarias de toda escuela, apoyándose en las necesidades s comunitarias. Con los alumnos se muestra c el mismo Mico de siempre: amistoso, cercano, que sabe ganarse la simpatía y estima de los alumnos y padres de familia. por su forma de ser tan campechana y abierta y sobre todo, por la ayuda que prestaba a los alumnos con problemas .
Ante este resurgir viene la prueba: el Hno. Efrén Sotelo cae enfermo y Miguel inicia los cuidados del Hermano mayor, pero él mismo u ya se encontraba mal; sale del comedor apretándose el estómago y, ya estando este en el hospital, se declara una peritonitis, al grado e que tiene que ser operado de urgencia. La comunidad no sabía cuál de los dos se les iba, pues ambos se encontraban de gravedad extrema. Una vez fallecido el Hno. Efrén, Miguel se molestó porque no le avisaron.
La situación empeora porque el organismo e rechaza la malla de teflón que le pusieron, los s intestinos se debilitan y la herida se niega a cerrar; aparecen síntomas nada buenos y el cuadro se complica. Se inicia un largo calvario que va a terminar con la muerte.
Hay pequeños logros que alientan la esperanza de una curación; después de un tiempo se vuelve un poco de actividad académica, pero el mal sigue; continuamente vuelven nuevas fístulas, que él pacientemente se cura, pero la salud se va a ir minando cada vez más.
Después de una estancia con su familia, el mal se recrudece, recibe caritativamente, los cuidados de gentes y amorosos de su hermana Magdalena, pero una pequeña embolia lo afecta grandemente, hasta que su Hermano Santiago, médico de profesión y especialista en nutrición lo toma por su cuenta, lo somete a un régimen muy estricto y logra que las fístulas se cierren y se dé una aparente recuperación.
Enviado a Guadalajara en plan de recuperación, el mal parece ceder, pero es un problema que permanece latente; sus intestinos no mejoran y los ácidos hacen su trabajo, volviendo a aparecer las fístulas y a tener que someterse a una serie de cirugías. en las que cada vez perdía alguna parte de su intestino, hasta que al final de su vida le quedó un poco más del metro.
Durante todo este tiempo, más de un año, su paciencia fue admirable, su aceptación de la voluntad de Dios grande, su sufrimiento fue callado, sin espavientos. ni quejas; cuánto dolor físico y moral debe experimentarse al sentir y ver cómo se abre el vientre con sólo un acceso de tos y cómo brota la sangre en torrentes... pero de sus labios no sale ni una expresión no correcta... si hubo momentos de fastidio, pues no es fácil estar confinado a un cuarto de hospital, aunque sea en la propia casa.
Tuvo el gusto de celebrar su cumpleaños número 71, rodeado de la mayor de sus hermanos, y los que ese día no lo acompañaron, se hicieron presentes durante la semana, la comunidad se hizo presente con las mañanitas y, por la noche, el Hno, Visitador y los Hermanos de la comunidad Central lo acompañaron con un pastel y algunos cantos en los cuales él participó. pero el Señor de la vida ya lo estaba llamando y el día 20 de septiembre de 2005 a media mañana, en una forma tranquila. fue al encuentro del Buen Padre a quien. desde su niñez. entregó su vida sin retorno.
Miguel era el reflejo de la bondad y de la generosidad de Dios. En sus últimos años asumió el dolor purificador y redentor. Dios lo acercó a sí de manera privilegiada, seguramente para beneficio de cuantos lo tratamos, conocimos y amamos.
Sin embargo. en medio de todas estas aparentes contradicciones, Miguel no es sino el al reflejo del Cristo "piedra de choque y piedra de salvación" No es sino el reflejo de la grandeza o, y de la miseria del ser humano. Seguramente, le en sus dolores, más de una vez exclamó como le Jesús: "Dios mío, ¿por qué me has abandonado?". ¿Es seguro que Miguel, que tanto amó el ir mar, pudo decir en sus dolorosas soledades? que el poeta: "Señor, ya estamos solos, mi corazón y el mar" (A. Machado).
Pero el Señor no abandona a los suyos. Miguel fue otro Cristo por su vida, por su bautismo, por su consagración religiosa, por su entrega amorosa a los demás y por su dolor asumido y abrazado. Miguel, en el misterio de su vida, nos revela dos atributos de Jesús: el Jesús del amor solidario y el Jesús que asume el dolor como redención.
"En silencio, como nace el agua en el manantial, de una forma mansa, tranquila, tu influencia llegó y profundizó..."
Algunos testimonios sobre el Hermano Miguel Agustín.
El día de su funeral algunos exalumnos escribieron algún pensamiento, uno de ellos dice:
"Muchos aspectos de tu vida son los que valoramos de Ti... por encima de todo, tu testimonio, porque con él has hecho que nos convirtiéramos en hombres de fe... gracias por las aventuras.. las fotos... las fumadas de pipa y el cariño tan grande que nos tienes"...
Una exalumna escribió: "Gracias por todos esos momentos bellos con muchos jóvenes en las misiones, donde con mucha alegría y amor nos enseñaste el don de dar y amar a los que más nos necesitan... te recuerdo con cariño con "tu pipa"; que el Señor te tenga en su gloria".
Un antiguo alumno del Febres Cordero, hoy médico veterinario, escribió: "hoy que estás descansando al lado de nuestro Padre Dios, no te olvides de pedir por nosotros... fuiste mi maestro, amigo, padre y apoyo en los tiempos difíciles... te quiero, descansa en paz".
"A Mico, lo recuerdo como un Hermano, amigo de los jóvenes, que se los ganaba con su manera de ser informal, en los momentos informales y formal en los momentos que se requerían.
Su lenguaje era muy adecuado para los jóvenes, sabía "bajarse" a su nivel y establecer una relación de empatía.
Me sorprendía ver el gran número de amistades, especialmente de exalumnos. que lo apreciaban y recordaban con cariño.
Siempre me brindó todo su apoyo y, en ningún momento me quitó autoridad, fue muy respetuoso conmigo, siendo él el entrenador oficial de la selección de fútbol y yo su auxiliar.
Valore mucho su preocupación y ocupación por los Hermanos enfermos.
Pienso que Mico vivía sin tantas preocupaciones y le gustaba pasear y disfrutar. Admire mucho el proceso de su enfermedad y su actitud valiente ante ésta.
Me siento muy afortunado de haber trabajado con él, ya que de alguna manera se convirtió en un eslabón o engranaje dentro de mi proceso vocacional.
Chispazos de mis recuerdos del Hno. Mico.
Hno. Ricardo Ramírez Barba. exalumno del Hno. Miguel Agustín Hernández Ornelas.
En septiembre de 1981, siendo yo alumno del primer semestre de Preparatoria, en el Colegio Febres Cordero, en Guadalajara, Jal., tuve el primer contacto con el Hno. Mico.
Su carácter jovial, lo hacía estar cercano a los jóvenes; me causaba buena impresión sentirme escuchado, entendido y acompañado por un Hermano. Nunca manifestó asombro por algún problema o situación que le compartíamos; después de escucharnos nos ayudaba a rescatar lo más positivo de los conflictos o retos y nos daba pistas de solución.
Compartió con nosotros sus alegrías, sueños, metas, lo que propiciaba que tuviéramos confianza en su persona. Puedo afirmar que mediante él conocí y comprendí el lado humano de un Hermano, de un consagrado a Dios. Descubrí que Dios llama a aquellos a quienes quiere, para la realización de su obra, que Dios se fija en el corazón del llamado, más que en sus cualidades y fortalezas personales. Mico sabía que, a pesar de sus limitaciones humanas, Dios nos hablaba con un lenguaje muy especial, a todos los que le rodeábamos. las gotas de sabiduría, con lenguaje, en ocasiones irónico, con el que se dirigía a nosotros, nos encaminó a nuestro encuentro con Dios.
Como profesor, empleaba todas las herramientas tecnológicas de aquella época para acercarnos al conocimiento. Si mal no recuerdo, nadie se sintió herido o inquieto por las calificaciones. Entendíamos que lo que obteníamos era en proporción al esfuerzo y responsabilidad que cada uno de nosotros aportaba a las clases.
Con Mico logré aprender mucho: el arte de la fotografía (preparar los rollos, tomar fotos, revelar, imprimir...), Europa (por la cantidad de diapositivas que tenía como colección), el gusto por apreciar la naturaleza vista desde su lente (prefería retratar flores y rostros) ... de alguna manera, su amistad me abrió el mundo de la cultura (quitó muchas plumas de mí penacho).
Él logró reunir el grupo juvenil de preparatoria para el apostolado, los encuentros y misiones. Tuve la oportunidad de asistir a la primera y segunda misión de Semana Santa en la Sierra de Durango, gracias al apoyo de Mico. También, en ese entonces, participé en dos retiros vocacionales en Lagos de Moreno, Jal. después de los cuales se cristalizo mi decisión de ingresar con los Hermanos Lasallistas.
Tengo muchos gratos recuerdos de mi querido Hermano Mico, pero, uno en especial, cuando el personalmente fue a llevarme al Postulantado a Monterrey. Me brindó palabra de aliento para el momento de tristeza que acompañan las despedidas y, como siempre lo hacía, dando el toque cómico al momento y rescatando lo positivo de la situación.
Finalmente, estuve con Mico en algunos momentos durante su enfermedad y constaté su carácter siempre alegre, bromista, a pesar de su situación de salud. Siempre me recibo con la frase: "¿cómo estás hijo?".
Estuve presente en su funeral y en la Misa ofrecida por su eterno descanso. Ahí saludé a varios de mis compañeros y amigos del Febres, acompañando a nuestro querido Hermano Mico. Lo que más me impacto fuero las palabras que dirigió su sobrino a todos los presentes, palabras que reiteraban todo Io que yo conocí de Mico; fue significativo el momento para mí. Di gracias a Dios por haberme permitido encontrarme con la persona del Hermano Mico. Agradecí que el Señor me re hubiera llamado a esta vida de Hermano y, sobre todo, le pedí a Dios que me diera el don de tocar los corazones de todos los que el Señor me encomendara... al estilo de Mico.
INDIVISA MANENT Permanecemos unidos
Una de sus sobrinas de León nos relata:
Tuvimos la oportunidad de que estuviera en la casa cuando se puso malito la primera vez (después de que estuviera mucho tiempo internado en Durango), iban dos enfermeras a cuidarlo y una de ellas le cantaba, y mi tío le decía que se callara, jajaja.
Siempre le echó muchas ganas a su recuperación, mis tíos me dieron una gran lección como familia, pues diario, por las noches estaban con él: mi tío Chago, mi no Toño y mi mamá Malena; los demás tíos que estaban fuera siempre hablaban para saludarlo; los Hermanos lasallistas también siempre estaban al pendiente de todo, exalumnos que lo fueron a visitar: que le hablaban; se sentía el cariño que mi tío tenía por todos nosotros.
Superó entonces esta situación, pero, desafortunadamente, nunca se pudo recuperar al 100% y al final estuvo en Guadalajara a donde tuvimos la oportunidad de ir a visitarlo, y me encantaba verlo porque transmitía mucha ternura, mucha paz, siempre alegre... y eso sólo lo puede reflejar alguien que llevó bien su vida. Mis respetos para el calvario de recuperación que le tocó vivir: nunca se quejó, ¡mira todo lo que pasó...!
Su vida, desde un inicio, fue un milagro: en aquellas épocas era poco probable que sobreviviera un seismesino: dicen que mi tío estaba tan chiquito que cabía en una cajita de zapatos...me queda claro que tenía que vivir para cumplir una misión aquí en la tierra y lo hizo... Con su ejemplo, a más de uno nos dejó el aprendizaje de saber dar a los demás sin esperar nada a cambio...
Ella misma, saca del rincón de los recuerdos de su infancia lo siguiente:
En vacaciones de verano, llegaba a León y sabíamos que era diversión asegurada para mis hermanos y primos; siempre se daba el tiempo para Ilevarnos a pasear y mantenernos ocupados... Recuerdo que, gracias a él, muchas veces pudimos tener vacaciones en Acapulco, con tour incluido, visitando a sus exalumnos que, si tenían algún restaurante, cuidado!!! porque llegaba Miguelito con toda la tropa de familia y siempre nos atendían como reyes, y ahí me daba cuenta del cariño que le guardaban y la alegría con que lo veían.
Gracias a esos viajes, mi hermano y yo aprendimos a nadar, con la táctica medio salvaje del tío: "abre los ojos, patalea... óraleee con su florido vocabulario, jeje.
Otro de los paseos típicos era ir a "San Pancho", a comer paletas de hielo, hasta topar... Y, ¡¡¡cómo olvidar los viajes al “Carey”, ¡¡¡era wow!!!: levantarnos tempranísimo el sábado, llegar a comprar el super en Lagos y de ahí irnos a nadar y llegar hasta en la noche, cansadísimos y felices.
Con el Hermano David y su familia también tuvimos oportunidad de convivir mucho pues nos invitaban a su rancho y nos la pasábamos genial, ¡súper amables!, nos hacían sentir como en casa.
Su sobrino, Jorge Fabricio, hizo la oración fúnebre: 'Miguel, arcángel'
De los diez hijos que trajeron al mundo Doña Carmen y Don Pedro. Miguel Agustín fue, quizá, el que llegó a la vida con mayor fragilidad seismesino, su primera cuna fue una caja de zapatos forrada con algodón; menudo mas no endeble, su infancia fue una sonrisa lánguida de niño bueno, más callado y menos robusto, más reservado y menos atrabancado que sus hermanos. No es atrevido afirmar que Miguelito volvió a nacer a los doce años el día en que se sintió llamado a unirse a los Herma nos de las Escuelas Cristianas de la Salle.
Cuando Miguel llevaba ya dos años con los Hermanos lasallistas. mi abuelo Pedro le mandó decir con mi padre que en vista de que su vocación religiosa ya no le permitirá casarse y tener hijos, podría considerar pasarse a otra congregación donde, por lo menos, pudiera decir misa. Miguel, aunque apenas iniciaba su adolescencia, respondió, sin ápice de dudas, que había encontrado en La Salle, precisamente, lo que andaba buscando no el sacerdocio, sino el magisterio.
Nació entonces un Maestro, que durante más de medio siglo ejercerla la amorosa orientación y bondadosa tutoría de sucesivas generaciones de alumnos, a lo largo y ancho de varios planteles educativos de México. En particular el Hermano Mico dejaría imborrable huella en no pocas legiones de agradecidos egresados de las escuelas La Salle de Lagos, Acapulco. Monterrey, Durango, Guadalajara y otras muchas aulas. además de particular afecto y filiación entre más de media centena de sobrinos que le seguimos la sombra como lo que era un segundo o tercer padre, que no padrecito: un tío bueno de carcajada abierta, un maestro de Biología que enseñaba además de muchas otras artes, la serenidad ante intolerancias. la bondad entre hostilidades, el silencio ante griteríos y también contra susurros… un Hermano.
Me duele escribir ahora que Miguel Agustín Hernández Ornelas falleció el 20 de septiembre de 2005, con setenta y un años cumplidos y, sin embargo, me alivia escribirlo: Mico llevaba ya muchos años sufriendo una lenta agonía, cuyos dolores jamás lograron amainar su sonrisa,
ni mitigar la alegría con la que asumió su vida: la frágil infancia, la soledad inicial de su temprana vocación, los largos silencios de la oración, la primera clase ante un pizarrón nuevo de espaldas a un salen ruidoso de inquietudes.
Claro que lo llegué a ver de malos humores y consta que su santidad también incluía espasmos de impaciencia, pero, por encima de todo Miguel irradiaba una sosegada bondad y una ardiente fraternidad que marcó para siempre a todos los que aprendimos abrevamos de él y de sus cátedras. Lo veo ahora en las coronas de flores que han enviado hasta su última capilla todas las escuelas donde enseñó, consta en las muchas llamadas telefónicas que se han sucedido a lo largo de su ultimo día con las voces de tantos exalumnos, en los alumnos, sobrinos. hermanos de familia y de sotana que hemos venido a despedirlo con la misma lánguida sonrisa que el mismo tuvo desde niño.
Todos con los ojos llorosos y, sin embargo, convencidos de que Miguel está ya en un lugar mucho mejor que este. sentado a la mesa con mis abuelos bajo la clara luz, en concordancia con sus más intimas creencias revelados todos los misterios y miedos de su fe, afines y en sincronía con todos los habitantes del Infinito que pala nosotros por ahora son invisibles.
Así parece cobrar sentido el hecho de que hace unas semanas Miguel le pidiera a su enfermera que cerrara la puerta de su habitación para que puedan entrar mis padres lo lógico y racional de este mundo indica que abramos las puertas para que entre algún semejante o que corramos las cortinas para dejar entrar al sol más la lucidez de los arcángeles indica que los secretos se revelan precisamente por contrariedades o aparentes contradicciones Habla que cerrar la puerta para que pudieran entrar mis abuelos aunque nadie pueda explicar cómo vinieron a visitarlo, sabiendo que ellos se fueron de este mundo hace más de veinte años. Quizá hay que saber apreciar los silencios para precisamente entender las magias de una música y quizá habrá que mirar en toda su profundidad los vacíos para distinguir el verdadero color de la lluvia. Miguel, desde en su cama sabía que tras las cortinas irradiaban las voces de miles de alumnos, sus horarios de clase y de recreo como una metáfora del paso del sol.
Miguel fue la primera persona a quien escuché hablar en francés y el único maestro capaz y paciente para explicarme algunos enredes de la vasta biología que parecían insondables. Percibo ahora la misma estupefacción de que sentí de niño cuando lo veía nadar de ida y vuelta entre la playa Caletilla y la isla Roqueta de Acapulco y me conmueve evocar su camaradería sabia, cuando sus sobrinos nos convertimos en adolescentes en juerga. Percibo, nítidamente el sabroso aroma del tabaco que emanaba de sus pipas y confieso que esa cíclica propensión a dejarme las barbas es emulación de la canosa alfombra con la que Miguel enmarco las mejores épocas de sus sonrisas, el rostro abierto de par en par. Celebro hoy su afición a la fotografía, pues Miguel retrató al mundo ayudado por una máquina, pero con el tinte particular de su mirada: paisajes inmensos y horizontes interminables, como quien los mira desde una ventanita en una caja de zapatos.
En realidad, estos párrafos no deben ser una lectura triste. Al contrario: Miguel se ha ido en paz consigo mismo, con su vida religiosa, su familia lasallista y felizmente acompañado por sus hermanos sobrinos y discípulos.
Habrá quien piense que un religioso solitario, esencialmente anónimo, pasó por este mundo sin tener hijos. Nada más falso Miguel como el viejo profesor inglés Mr. Chips, tuvo cientos de hijos. que nunca lo podremos olvidar.
"Se acabó el combate, y el sol brillará para siempre sobre su frente, y la paz si asegurará su eternidad”.
Mico un hombre que nos edificó en su sufrimiento:
Si tuviéramos que describir los últimos años de Mico dinamos que llevo un tesoro escondido en una vasija de barro, su cuerpo de barro se debilito, pero el gran corazón y el tesoro que llevaba dentro, nunca lo dejo de mostrar a todos con su testimonio y su esfuerzo por vivir.
"llevamos este tesoro en una olla de barro, que es nuestro cuerpo. para mostrar que esa grandeza extraordinaria viene de Dios y no de nosotros”.
La enfermedad le enseño a no desfallecer a mantener la fe y el buen ánimo, a valorar el don de la vida La enfermedad le enseno intensificar la orientador de la entrega de su vida. Asumió su debilidad con amor, entrega y donación. Aplico en su vida las palabras de San Pablo “Sufro en mi carne lo que falta a la pasión de Costo"
Así como asumió el dolor con paciencia, unido a Jesus. ahora está unido a Él participando de su gloria. Gracias a todos los que compartieron muy de cerca su dolor, su familia aquí presente, sus ángeles custodios doctores y enfermeras que sin importar la hora estuvieron pendientes con tanto cariño, al personal de la casa que lo atendió y lo cuidó, a los Hermanos de la Comunidad por su gran dedicación y fraternidad a toda prueba. Gracias a todos los que fueron compañeros en su caminar.
Cuando mueren las personas con quienes se ha estado estrechamente unido cuando se va alguien que había llegado a ser parte de nosotros nos duele, pero, como creyentes, sabemos y ponemos nuestra certeza en la resurrección y en el reencuentro.
Mico un hombre con un maravilloso sentido de la vida
Aun cuando hace apenas unas semanas, celebrando su cumpleaños, pidió que le cantáramos "La vida no vale nada”, sabemos que una vida ofrendada por otros en México, Lagos de Moreno, Acapulco, Monterrey, Guadalajara, Durango, entre otros muchos lugares donde sembró en abundancia, es una vida que, si vale y, mucho. Hoy ha llegado a la vida en plenitud. Hoy ha llegado al país de la vida Hoy desde el cielo contempla la abundante cosecha que logró, como Hermano, en sus alumnos.
Mico un hombre de mirada profunda
Mirada que hablaba, que manifestaba cariño, cuando el sufrimiento le impedía emitir palabras
Como bien dice el Hno. Fermín Martínez, misionero en Japón, en su condolencia “Mico. un hombre que disfrutó captar el momento de su vida en una fotografía no sólo fue el paisaje, sino los rostros humanos, los que gozaba captar y plasmar en papel.
Ese ojo frente a la ventanilla de la cámara veía algo más que la realidad. Captaba la gracia hecha realidad, como dice San Pablo: “Porque nosotros no nos fijamos en lo que se ve sino en lo que no se ve ya que las cosas que se ven son pasajeras pero las que no se ven son eternas”.
Gracias a Dios por todos los momentos vivido, con Mico.
Gracias Mico, por tu testimonio y compromiso Descanse en Paz.
Hno. Juan Ignacio Alba Ornelas, Guadalajara Jal.