Hno. Carlos Rosas Villarreal
Hno. Carlos Rosas Villarreal
HNO. CARLOS ALEJANDRO ROSAS VILLARREAL
* 23 Jul 1950 (Torreón, Coah.) + 28 Sep 1989 (Torreón, Coah.)
Introducción
“La muerte no es el final de camino... cuando la pena nos alcanza por un hermano perdido, cuando el adiós dolorido busca en la fe su esperanza.”
El designio de Dios no es fácil de entender, el Hermano Carlos tenía por delante una gran misión y su vida se cortó en la plenitud del camino de la vida, la fe permite entender que es el Señor quien da el tiempo y pone fin al mismo, la muerte de un joven duele y deja expectativas. Que la vida del Hermano Carlos y su final sea un testimonio de aliento y fuerza para servir al Señor con entrega y generosidad, como él lo hizo.
La tierra que le vio nacer y sus primeros años
La ciudad de Torreón se encuentra en una extensa planicie semidesértica, que el trabajo humano ha hecho un vergel y, como ciudad se ha desarrollado en un gran centro comercial, sobrepasando a sus ciudades hermanas de Lerdo y Gómez Palacio, con mayor antigüedad que ella. El río Nazas, con sus avenidas o, bien, con sus canales de riego transforman el desierto en una gran alfombra verde de vides, trigales, alfalfales etc.
La familia Rosas Villarreal estaba afincada en Torreón, donde habían formado un bello hogar, que Dios bendijo con diez hijos: cuatro hombres y seis mujeres. Los padres de Carlos fueron el Señor Carlos Rosas Figueroa y la Señora María del Socorro Villarreal de Rosas.
Carlos fue el tercero en llegar el 23 de julio de 1950; sus papás lo recibieron con gran alegría y vieron en él una gran bendición que el cielo les otorgaba.
Su infancia la pasó en el seno de su hogar, donde año con año la familia crecía y la alegría, las risas y el cariño entre todos los que formaban la casa, aumentaban.
Sus primeros estudios los realizó en el Instituto Francés de la Laguna, siendo siempre un alumno distinguido por su aplicación, su buen trato y excelentes relaciones, así como por su desempeño deportivo.
Un Hermano lo recuerda como “un güerito de Primaria que conoció por varias circunstancias, entre otras, porque en aquella época los Hermanos comprábamos nuestros zapatos en la “Zapatería Villarreal”, donde nos atendía una señora de voz firme y profunda, era la mamá de Carlos...”[Hermano Rubén Sámano “Memoria de Carlos Rosas Villarreal” ]
Nos cuenta circunstancias especiales de la Laguna como: “los laguneros acostumbraban decir “¿dónde firmó?” ya que el crédito era común en esa época del auge algodonero... y eso hacíamos los Hermanos en la zapatería.
Por otra parte, tenía como alumnos en el Francés a varios de sus primos, con quienes estaba muy identificado: Juan y Queño Villarreal A. Los Villarreal Zamora. Baltazar y Wenceslao Villarreal...etc.
Después de algunos años llegó Carlos a mi clase de 1º B de Secundaria. Con entusiasmo les hablaba de los Hermanos que habían sido ejemplares por su vida: los Hermanos, Benildo, Salomón, y Miguel... Les leía un librito en francés que se titulaba “Rabat Blanc”.
Los sábados, los alumnos iban a Misa de la Congregación Mariana y a dar catecismo en el barrio de Santa Rosa, de Gómez Palacio, en el cual Carlos participaba activamente.
Todas estas actividades le interesaron mucho al joven Carlos, quien expresó a sus papás el deseo de ser Hermano, proyecto que no vieron con buenos ojos, habiendo acordado con su papá que no le hablara de ese tema hasta que le hubiera entregado el Título Profesional. Así fue y se mostró muy obediente a la decisión de sus papás, siguió tranquilamente su carrera de Licenciatura en Derecho, en la Universidad Autónoma de Coahuila. Se graduó de abogado el 26 de octubre de 1974, obteniendo la máxima calificación al sustentar su examen profesional.
Entrada a la vida religiosa.
Muy congruente de lo que había prometido, entrega su título a sus padres y, unos diez días después lo encontramos que se dirige a Lagos de Moreno para iniciar su Postulantado y prepararse para el comienzo de su noviciado. Ingresa con los Hermanos de las Escuelas Cristianas el 5 de noviembre de 1974 y, dos meses después, el 6 de enero de 1975 recibe el hábito de los Hermanos, con gran alegría de su parte y una gran entrega al ideal de su vocación pero, aún le quedaba otra prueba. Su papá sufría una enfermedad que le obligó a retirarse del Noviciado para ir a atender a su padre.
DURANTE LA CEREMONIA DE LA TOMA DE HÁBITO EL HERMANO CARLOS Y SUS COMPAÑEROS DE NOVICIADO
En este ínter de sus dos entradas al Instituto, Carlos se involucró en “Corpo”, un movimiento liderado por los Padres, que atendía al pobre y al necesitado.
Ejerció su profesión de abogado, estudió una maestría en Administración y fue docente en el Instituto Tecnológico de Monterrey, en Torreón.
Cuatro años más tarde de su salida regresó al Noviciado de Nuestra Señora de Lourdes y se incorpora al Instituto de los Hermanos, iniciando nuevamente su noviciado el 20 de junio de 1979 y, pasado el tiempo de preparación del Postulantado recibe nuevamente el Hábito de sotana negra con el cuello blanco el 22 de septiembre de 1979.
Tuvo la suerte de que le diera el Hábito el Hermano Superior General, José Pablo Basterrechea. La ceremonia se realizó en la capilla de las Madres Reparadoras, en la ciudad de Guadalajara, un acto lleno de devoción y cargado de santas emociones.
Fue valorado por su carácter ameno que, aunado a su edad y experiencia profesional lo ayudaban a tener un liderazgo entre sus compañeros novicios, quienes lo estimaron y apreciaron mucho.
En julio de 1980 emitió sus primeros votos, por los que se consagró enteramente a Dios, siguiendo las huellas de San Juan Bautista de La Salle.
El 4 de agosto de 1980 llega al Escolasticado de Monterrey y, en septiembre de ese mismo año lo encontramos ya inscrito en la Universidad de Monterrey para cursar la maestría en Educación, donde fue un alumno sobresa- liente y aplicado. El 15 de abril de 1983 concluyó su maestría y presentó su trabajo recepcional, obteniendo felicitación por parte del jurado.
GUADALAJARA, un inicio feliz lleno de ilusiones y esperanzas:
Poco después de haber terminado sus estudios de maestría fue enviado al Colegio Febres Cordero, de la ciudad de Guadalajara como coordinador de la Primaria. Durante ese tiempo se vivió en la Comunidad un ambiente de juventud, pues la terna de hermanos jóvenes estaba formada por Pepe del Coss, José Ramón Cubillas y Carlos, que lograron crear ese ambiente.
Los domingos por la tarde, en torno a un rico café, se prolongaba la charla, muchas veces con la presencia del Hermano Antonino Ramírez Ston, que se prestaba a bromas fraternas, como aquella en que él dijo a los Hermanos: “El médico me prohibió de por vida la leche, el pan y los frijoles” y, uno de ellos le contestó: entonces, Hermano, no va a ser por mucho tiempo... ja ja ja. El Hermano comentó que iría por una caja y, el mismo Hermano le comentó: “de una vez traiga las cuatro velas”. Entre los que reían de esas bromas estaba Carlos; nunca se imaginaron que esa situación se haría presente en su persona, muy pronto [HERMANO RUBEN SÁMANO ALVAREZ].
Carlos se distinguió, en Guadalajara, por ser un religioso cumplido y apreciado en su sección.
Hablar de la Primaria en esa época era hablar de una escuela bien ordenada, con buen ambiente, tanto de Maestros, Alumnos y Padres de Familia. Lo querían todos los maestros. Para celebrar el día del niño propuso a los maestros que ellos fueran los que divirtieran a los niños y preparan la Danza de los Muñecos, de Cri- Cri... uno de los Hermano fue Pinocho, con su gran nariz y sus pantalones cortos de pechera... Carlos salió con una inmensa caja, como payaso gordo y, además una peluca naranja, como nariz una gran bola roja. Aquel fue un día formidable para los niños.
Curso Escolar 1984 – 1985 Saltillo lo espera...
Llega a la comunidad de Saltillo, procedente de Guadalajara; la comunidad se renovaba en cuanto al mando de las secciones: Carlos llega para encargarse de la Preparatoria del Colegio Ignacio Zaragoza, el Hermano Antonio Pulido para la sección Secundaria y el Hermano Alberto Flores para Primaria.
El Hermano Coordinador:
Un Hermano de su comunidad de Saltillo escribió: “Nunca me había tocado vivir de cerca con un Hermano con una capacidad de organización tan perfecta como la de él. Era sumamente ordenado, limpio, tanto en su cuarto como en la oficina y, era imposible encontrar un alfiler fuera de su lugar. ¡Admirable!
Otra de sus cualidades muy brillantes era su memoria y su capacidad de estar al día en todos los detalles que eran de su área de interés. Conocía los nombres completos de sus casi 300 alumnos de Preparatoria y un alto porcentaje de los de Secundaria, ya que desde 1988-89 fue coordinador de ambas secciones y lo hizo excelentemente. Retenía nombres, caras, fechas, lugares, anécdotas, noticias... etc.
Logró un alto nivel académico en las secciones que coordinó, impulsado por su gran espíritu de superación. Algunos de los medios que empleó para ello no fueron del parecer de todos, porque nadie puede darle gusto a todo mundo.
En las conversaciones captaba la atención de todos, era elocuente, ameno, agradable, descriptivo y muy interesante, le ponía “crema a sus tacos”, todo esto con gran sentido del humor.
Su capacidad de trabajo no tenía comparación. Abarcaba todos los aspectos de la vida escolar con gran acierto: en lo Académico era meticuloso, exigente y muy actualizado. En lo Pastoral, sumamente celoso; sus retiros de principio y fin de curso escolar eran esperados con ansias por los alumnos; la organización de la catequesis era de admirar en tiempo, organización, contenido y excelente selección de los catequistas; en el Apostolado, era comentado en el Distrito el número de alumnos y exalumnos que se preparaban para participar en las Misiones de Semana Santa, así como los que participaban en los Encuentros Juveniles y, qué decir del Servicio Social que los alumnos de Preparatoria realizaban en diversos apostolados: Casa Hogar, Asilo de Ancianos, Comedor de los pobres, Centros de Catecismo...etc. Aunque no se le puede atribuir el mérito de la creación de estos movimientos, él tuvo el acierto, gracias a la ayuda del Hermano Víctor, Pedro Córdoba Concha y le tocó al Hermano Carlos darle continuidad, crecimiento y solidez.
Era muy positiva la promoción de relaciones personales significativas en la Comunidad Educativa, entre maestros, alumnos, padres de familia y demás personal.
Un Hermano de ese tiempo escribió: “Nos es muy difícil hacernos la idea de un CIZ sin Carlos. Como que hay personas que por su gran personalidad se identifican con la Institución a la que pertenecen y se vuelven como inseparables ... CIZ – Hermano Carlos”
Aficiones y gustos del Hermano Carlos:
Carlos o Charly, como le decían muchos de sus alumnos, fue un Hermano de nuestro tiempo, ejemplar en muchos aspectos y un gran amigo.
Era muy alegre, jovial, bromista, con un gran don de gentes, amante de la música moderna, actual, estaba al día de los éxitos de los cantantes de moda, su manera informal de vestir, juvenil y alegre; todo esto lo acercaba mucho a sus alumnos.
Era muy buen deportista y jugaba muy bien fútbol, con verdadera maestría, era muy ágil, a pesar de su estatura y y corpulencia. Excelente compañero de equipo; perteneció cinco años al equipo del C.I. Zaragoza, de veteranos. Sus compañeros lo recuerdan demasiado, al igual que todos los que vivimos con él.
Era un gran aficionado, era “americanista” de hueso colorado, no se perdía ningún juego televisado de sus adoradas Águilas y, cuando tenía oportunidad iba al estadio. Tenía el uniforme completo del América... era un verdadero seguidor de este equipo...
Vida de Comunidad:
En comunidad, como Hermano y compañero, demostró ser buen amigo, se preocupaba porque se viviera bien y estuvieran los Hermanos contentos. Fue el administrador de la Comunidad durante cuatro años. Le gustaba disfrutar de la compañía de la comunidad, esto se manifestaba por su presencia en los ejercicios diarios, la convivencia en los momentos de descanso y demás actividades comunitarias. Fue un Hermano con el que daba gusto vivir, pues se notaba en él el deseo de que todos los Hermanos viviéramos como verdadera familia.
Después del retiro de preparación se consagró definitivamente a Dios por su Profesión Perpetua:” Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, postrado con el más profundo respeto ante vuestra infinita y adorable majestad, me consagro enteramente a vos para procurar vuestra gloria, cuanto me fuere posible y lo exigiereis de mí”, realizada en Casa La Salle, de la ciudad de México, el 12 de julio de 1986.
Una vida truncada en plena inicio de la madurez
Durante el verano de 1989 comenzó a tener problemas de salud a causa de una tosecita molesta, que fue en aumento hasta el momento de su muerte. Se le llevó al médico, se sometió a varias análisis y no se notó nada mal, se le hicieron varias radiografías y no encontraron algo que señalara el origen del mal; comenzó con calentura, que fue su compañera que lo visitaba todas las tardes, llegando hasta los 40º de temperatura y un debilitamiento general paulatino y progresivo; él se hizo el fuerte hasta el 15 de septiembre, en que se decidió a guardar cama, aunque con la constante preocupación de sus responsabilidades académicas.
El problema de su salud se descubrió días antes: La médula de los huesos no estaba produciendo los glóbulos rojos necesarios para las funciones de la sangre, tenía Anemia A plástica, fue el diagnóstico médico. La familia decide intervenir y lo trasladan a Torreón, donde fallece; alguien le escribió a Carlos el siguiente pensamiento: “Carlos cuando el Señor nos visita a través de la enfermedad, se nos presenta oculto tras una densa bruma, pero con la luz de la fe se penetra esa obscuridad y se descubre el Rostro del Señor, resplandeciente”.
Y, el 28 de septiembre de 1989, a la una de la mañana, el rostro le palideció, con palidez total, prueba de que había terminado su tarea en este mundo.
Su espíritu de FE, manifestado principalmente en su arduo seguimiento del Señor Jesús; su espíritu de CELO, palpable en las actividades escolares de su trabajo diario, nos muestran a un auténtico Hermano de las Escuelas Cristianas de nuestro tiempo que, en sus 39 años de vida y en sus 10 años de pertenencia al Instituto, fue probado en el crisol y encontrado en el peso específico, exacto, para entrar a formar pare de los elegidos.
Su partida deja un vacío irreparable entre todos nosotros: Hermanos, alumnos, amigos, pero la certeza de estar junto al Señor de La Salle nos da la esperanza firme de que muchas vocaciones florezcan por su valiosa intercesión.
“Los que enseñen a mucho la justicia, brillarán como estrellas por toda la eternidad”[Dn 12, 3].
Su funeral lo realizó su familia en la ciudad de Torreón y, de parte de ellos hubo sentimientos encontrados, en cuanto al cuidado que se le dio al Hermano, razón por la cual sus restos descansan en la Iglesia de San José, de Torreón. Los Hermanos estuvieron presentes en esos momentos difíciles y ofrecieron a la familia la oración de los Hermanos y cualquier ayuda que requirieran.
Hno. Juan Ignacio Alba Ornelas