*15 nov1918 (San Antonio, Tex.)
+ 02 sep 2005 (Guadalajara Jal.)
1932 Ingresó al Aspirantado menor.
1934 Toma de Hábito.
1935 Emisión de Primeros votos.
1944 Profesión perpetua.
La familia Narro es de vieja raigambre en la ciudad de Saltillo. En el Archivo Municipal se encuentra un amplio documento donde se señala a los Narro como una de las primeras familias residentes en la Villa de Santiago del Saltillo y, siendo descendientes, sin duda, de la casa de “Don Francisco Alonso del Narro y Angulo, originario de la villa Villar del Castilla, (…..) quien en 1724 contrajo matrimonio con doña Isabel Martínez Guajardo y Montes de Oca, chozna del capitán Juan Navarro y de doña María Rodríguez de Sosa, ésta última, hija del también Capitán don Baltasar de Sosa, fundador de Saltillo”.
Los Narro Siller, a causa del movimiento revolucionario, que en especial en Coahuila tuvo una fuerza muy grande, por el levantamiento de Carranza, hace que muchas familias busquen horizontes más seguros para sus hijos; es quizá ésta la razón por la que la familia se traslada a San Antonio, Tex., ciudad donde nuestro querido Hermano Leopoldo Humberto ve por primera vez la luz el 15 de noviembre de 1918.
Sus padres, Federico Narro Valdés (*30 agosto de 1880 - +30 abril de 1947) y la señora María del Refugio Siller Almaguer, se casaron el 12 de enero de 1910 y formaron un cristiano matrimonio con grandes ideales y una fuerte vivencia cristiana en el hogar, viéndose coronada esta familia con el gozo de ver su mesa rodeada de 10 hijos: 7 varones y tres mujercitas. El papá no había podido realizar su deseo ser jesuita y su mamá pertenecía a la tercera orden de San Agustín.
La casa de la familia Narro se vio bendecida con muchos hijos, de los cuales tres fueron Hermanos de las Escuelas Cristianas(1): los Hermanos Federico (Andrés Francisco), Andrés (Andrés María) (+ 8 de enero de 1952 y nuestro biografiado, Leopoldo. Además, dos de las hijas se consagraron como religiosas.
No sabemos cuando regresa la familia a la Patria, lo que sí sabemos es que, de inmediato no regresan a Saltillo, sino a la Capital del País, donde encontraremos a Leopoldo como alumno del Colegio Francés del Zacatito. Un compañero de escuela nos dice lo siguiente: “Conocí a Polito cuando éramos alumnos del Zacatito, él vivía en San Ángel y recuerdo muy bien el accidente que sufrimos.
El vigilante del camión era el Hermano Mena; como había un poco de desorden en el fondo del camión, el Hermano se cambió de lugar y ahí fueron a sentarse los niños Jorge Couturier y Leopoldo Narro. Corría la carretera paralela a la vía del tren y, en un momento la cruzaba. Había una persona, quien con una bandera roja avisaba si venía el tren y, con una verde, si había paso libre… se distrajo el señor y dio la señal equivocada(2) ¿Las consecuencias? Dios no permitió que la catástrofe fuera peor. Escogió a un angelito para el cielo y dio al Instituto a un miembro más al hacer factible la curación de Leopoldo. Este hecho sucedió el 30 de abril de 1929, a las seis y media de la tarde(3).
Un compañero de escuela de Polito, hoy Hermano, nos cuenta: “El Hno. Juan Fromental, ‘El Camarón’, era nuestro profesor e iba a visitar a Polito en el hospital, le llevaba cuentos, que nosotros le enviábamos y, muchas veces se ponía a jugar canicas con Polito, para distraerlo y hacerle pasar un buen rato(2).
Este accidente marcó la vida de nuestro Hermano con la cruz del dolor, marca indeleble que lo acompañó toda la vida y, con ella el dolor, casi siempre presente pero, que con paciencia y generosa entrega supo superar y no dar muestra alguna, ni en su carácter, siempre acogedor y amable, ni por su palabra, ya que nunca se quejó.
El colegio Francés del Zacatito se distinguió por ser un semillero de vocaciones para nuestro Instituto, cada año ingresaban muy buenos elementos. El año de 1932 no fue excepción, ya que ingresaron al Noviciado Menor de San José, en Tacubaya, un muy buen número de futuros Hermanos, entre ellos: Enrique Navarro, Ernesto Pizarro, Leopoldo Narro, Enrique Pizarro, Ignacio Navarro. Polito tenía 14 años cuando decide consagrarse a Dios.
En el Noviciado Menor se va encontrar Hermanos notables, como el Hno. Dosas Lucien, director de la casa, cuando Polito ingresó al Instituto, Antonio María, Ángel Gálvez, José Jesús Muñoz, Adilbert, Agustín Cárabez…
Les tocó vivir tiempos difíciles, fue la época de la educación socialista, en la cual, cualquier manifestación religiosa era poner en riesgo la Casa de Formación; en lo educativo, eran tiempos de la clandestinidad, en que la escuela católica no era tolerada; los Hermanos fueron audaces al pertenecer a los sindicatos oficiales, o bien al cambiar, por la noche, los bancos de una casa a otra para despistar a inspectores. La casa del Noviciado Menor de Tacubaya también tuvo que ocultar 4 su identidad; la capilla era una sala de estar, el Santísimo estaba dentro de la caja de un reloj de péndulo y los libros de oraciones se guardaban en algún escondite en el jardín; a la vez, eran tiempos de mucha autenticidad, de gran decisión y de entrega al servicio del Señor, en que no importaba dejar la Patria para alcanzar el ideal de la vocación religiosa.
El Hermano lo es, no porque predica a Jesús, sino porque actúa como Jesús, al estilo de La Salle.
En 1934 inicia su noviciado bajo la dirección del Hermano Benildo Justino, gran formador de varias generaciones de Hermanos. En la finca de los Amores, situada en la colonia del Valle, D.F., contigua al Colegio de San Borja, se realiza su Toma de Hábito, era el 24 de diciembre de 1934.
Una ceremonia íntima, con la prudencia que los tiempos exigían: el santo hábito sólo se usó en el momento de la ceremonia y, después, a guardarse, o más bien a esconderse, algún canto en voz baja, acompañados de unos pocos Hermanos y ni pensar en que los familiares estuvieran presentes.
La prudencia y la confiscación del San Borja contiguo a los Amores, hacen que los superiores decidan enviar el Noviciado a Lafayette, La. a la casa de Magnolia, donde el Distrito de Santa Fe – New Orleans tiene su noviciado y con el cual se tienen muchos lazos en común, ya que fue fundado por muchos Hermanos que iniciaron el Distrito de México.
Al fin de este tiempo de profundización de la mística de la vida religiosa, antes de la primera Profesión, los superiores dieron el siguiente juicio sobre nuestro Hermano: “temperamento nervioso, flemático, bastante inteligente, piadoso, buen juicio, tímido, generoso”(4), características que le van acompañar durante toda su vida y, algunas que parecen limitaciones fueron para él oportunidad de crecimiento y de acercarse a la gente por su sencillez y candor. En esta casa emite sus Primeros Votos el 25 de diciembre de 1935.
Su preparación pedagógica la recibe en los Estados Unidos, en las Vegas, Nuevo México, a donde, por causa de la persecución religiosa, había emigrado el Escolasticado.
“Fuimos compañeros Polito y yo en el Noviciado Menor y después lo alcancé, tanto en el Noviciado como en el Escolasticado, ya que era un año mayor que yo. Polito fue un estudiante dedicado, aprendió muy bien el francés y el inglés. Durante su escolásticado tuvo un problema grave de salud, como secuela de su accidente: En las Vegas, New Mexico, había dos dormitorios, de unas ocho camas cada uno; estábamos, tanto Polito como yo enfermos y, de pronto se levantó y se puso a patear el piso, le pregunté que, qué le pasaba, volteó a verme y se salió corriendo del dormitorio; en realidad lo que tenía era un ataque".
ESCOLASTICADO DE LAS VEGAS.
Fila de atrás, de izquierda a derecha: el cuarto es el Hno. José Aceves, el sexto es el Hno. Bautista Fernando, Dtr., Rafael Martínez, Leopoldo Narro, Javier Bordes. Primera fila: el segundo es el Hermano Pedro Córdoba y el cuarto el Hermano Alfredo Sánchez Navarrete.
El Hermano Rafael Martínez nos llevaba la cena y le dije que Polito se había salido y fue de inmediato a buscarlo y lo regresó al dormitorio; lo que había pasado es que el callo del hueso roto le presionaba el cerebro y le producía ataques, tipo epilépticos. Se curó, gracias a una medicina descubierta por un médico mexicano y que le enviaba de México”(2).
Felices los que tienen la audacia de soñar y están dispuestos a pagar el precio para que sus sueños puedan hacerse realidad en la historia de los hombres». Cardenal Leo Jozef Suenens
Su labor educativa la inicia en el Noviciado Menor de Tacubaya como profesor y vigilante. Al año siguiente la obediencia lo envía a la tierra de sus ancestros, Saltillo, a donde los Hermanos habían regresado en 1937 y, en el mes de enero de 1938 abren la Academia Comercial ‘Nicolás Bravo’ y la Escuela Primaria, siendo el Hermano Leopoldo miembro del grupo de los primeros maestros de la misma; en esta escuela sólo permanece el año de 1938.
Nuevamente el Noviciado Menor de Tacubaya lo recibe por tres cursos escolares 1939, 40 y 41, regresando al año siguiente a realizar su labor apostólica en la ciudad de Puebla, durante dos cursos escolares y, con esta estancia terminaría su labor en los colegios, para iniciar una larga y fecunda estancia en la Casa de Formación: 17 años de labor ardua y callada, de generoso servicio y presencia en medio de los novicios menores, a los cuales alentaba en el ideal de llegar a ser Hermano de las Escuelas Cristianas.
Grupo del Noviciado Menor de Tlalpan, enero de 1953 2ª. fila, (de sotana): Hnos.: López Bonilla, Benjamín Rojas, César Rangel, Luis Lozano, Bernardo Grousset, Agustín Mendoza, Manuel Pacheco, Hno. Polito.
Durante este tiempo le toca el cambio de casa de Tacubaya a Tlalpan, ser pionero de esa casa y participar en el gozo de la novedad del nuevo edificio pero, también en ayudar a completar detalles que, necesariamente no estaban del todo terminados y requerían la mano de obra de los habitantes de la casa. Esta propiedad estaba dotada de una hermosa huerta de frutales, de espacios para conejos, vacas y también de un espacio para poner un apiario, al cual nuestro Hermano dedicó mucho tiempo de atención a estos animalitos y, además, inició estudios sobre las abejas, sus costumbres y hábitos, el manejo de las mismas, su reproducción y la obtención de la miel, llegando a ser un experto en esta materia, aprendizaje que compartió con los novicios menores de ese tiempo y, más tarde con los campesinos.
En enero de 1945 entra al Instituto su hermano Andrés (Hno. Andrés María).
El 30 de abril de 1947, muere santamente, en Saltillo, su papá, y queda su mamá muy delicada de salud, pero él generosamente, e igualmente sus hermanos, no dudan en que su camino es la vocación de Hermano (1).
El Hermano Pedro Córdoba lo recuerda como un Hermano servicial, siempre muy atento con los Novicios Menores y muy paciente.
Como maestro no las tuvo todas consigo ya que batalló siempre con la disciplina y, es aquí donde inicia su interés por la apicultura, interés que se convertirá en un trabajo admirable y, a la vez en un apostolado jamás soñado por él mismo, ya que nunca se imaginó el bien que haría a tanta gente del campo con sus conocimientos sobre las abejas y, lo que en un inició fue una ayuda para la casa del Noviciado Menor (*), más tarde se convirtió en fuente de recursos y de ayuda a mucha gente, a la que no le regaló abejas o miel, sino que les enseñó a producir y cultivar las colmenas. Las abejas fueron para él una terapia y una pasión.
En las Casas de Formación, en ese tiempo, el trabajo era de los 365 días, ya que no existían vacaciones para los novicios menores; el único tiempo de ausencia de la Casa de formación eran los días de retiro para el Hermano; en vacaciones eran campamento y cursos complementarios.
Las clases que impartió el Hermano Leopoldo fueron la Botánica, la Zoología y la Geografía. Siempre se distinguió por las clases bien preparadas y la paciente y clara explicación, muchas veces sirviéndose de cuadros sinópticos, escritos con anterioridad en el pizarrón. A tanta delicadeza y fina preparación, no siempre los alumnos respondieron con excelente comportamiento, hubo algunos que lo ejercitaron en la paciencia y en hacerle ganar méritos para el cielo. He aquí algunos testimonios:
“Aunque estoy consciente de que yo fui una piedra en el zapato del pobre Hno. Polito, durante mis años de Noviciado Menor, nunca he dejado de admirarlo por lo siguiente:
Preparaba con muchísimo cuidado sus clases.
- Se esmeraba muchísimo en los cuadros sinópticos que nos presentaba en el pizarrón.
- Multiplicaba los métodos pedagógicos para tenernos quietos y atentos: tapaba parte de lo escrito en el pizarrón para, poco a poco irlo descubriendo, empleaba gises de colores, nos estimulaba (o buscaba estimularnos!!!!) fomentando el espíritu de equipo, dándonos “victorias” a las filas mejor portadas y recompensas sencillas, pero para los mejores los estímulos eran: estampitas, pensamientos edificantes.
- Preparaba especialmente bien sus reflexiones y clases de catequesis, multiplicando ejemplos de santos, anécdotas de la Revolución y de la persecución religiosa, fábulas, historias… - Sumamente puntual y responsable, cuidaba los menores detalles.
- Paciente en grande, comprensivo y nada, pero nada rencoroso. Ejemplo de humildad.
- Cuando harto yo de clases le pedía que me expulsara … me exhortaba, me trataba de convencer por las buenas… y, luego, viendo su esfuerzo no respondido … ante mi mal comportamiento en clase, con toda paz y tranquilidad me expulsaba de clase… para mi gran gozo… y su pena. Me aceptaba gustoso cuando había de nuevo clase, sin reprochar mis jugarretas.
- Hermano convencido de su vocación. Hablaba siempre de su consagración con gran fervor y convencimiento.
- Como responsable de uno de los dos dormitorios de Tlalpan era muy discreto y cuidadoso en la vigilancia.
- Y era verdadero ejemplo en la capilla de puntualidad, oración, sencillez.
Pasados los años, jamás me mostró rencilla ni molestia. Siempre me recibió, no sólo fraternalmente, sino con cariño e interés por mi persona y por lo que hacía.
Sé que lo hice batallar mucho y en él descargué gran parte de mi rebeldía de adolescente, pero él me supo sobrellevar, nunca me exasperó, ni nunca suscitó en mí sentimientos negativos contra él.
Que él me perdone lo que lo hice sufrir y el Señor lo recompense ampliamente en el cielo (5).
Durante su estancia en el Noviciado Menor de Tlalpan, tubo la gracia de asistir al Segundo Noviciado en Caracas, Venezuela, bajo la dirección del Hno Valerio Valeri, Visitador general, gracia que siempre apreció.
En noviembre de 1959 establece en el Noviciado Menor de León un pequeño colmenar y enseña a algunos novicios menores este arte, para que cuiden las colmenas, que él supervisará con visitas periódicas, asegurando el desarrollo del colmenar; nos enseñó cómo cosechar y obtener la miel, poner las laminillas de cera para la construcción de nuevos alvéolos y así facilitar a las abejas que acumularan miel, habilitó un lugar apropiado para la obtención de la miel y adquirió una camioneta, el ‘Aguila montañera’, que después fue el primer vehículo del noviciado, para la atención de colmenares ya fuera de la casa; estas visitas siguieron siendo periódicas, hasta que llegó el Hno. Bautista Roberto (Vicente Camacho) que se encargó de las abejas hasta la llegada del Hno. Benildo Justino, Hermano francés, de los iniciadores del Distrito y último Hermano Visitador del Distrito Antillas - México, que tomó el cuidado de estos laboriosos animalitos.
En 1960 es fundador de la comunidad de la Granja, Santa María y hará comunidad con los HH. Luis Lozano, Dtr y Alberto Cárabez; fue una propiedad adquirida por el Hno Luis Lozano, en San Bartolo Amayalco, D.F.; contaba con un buen establo, con pausterizadora, gallineros, zahúrdas, una huerta de ciruelos en producción, en una extensión de 45,000 m2 (6). Al ser electo el Hno Luis Lozano, como visitador auxiliar, sólo quedan en la comunidad los Hermanos Polito y Alberto Cárabez y, al año siguiente se vende, terminando así esta obra que tenía como finalidad generar recursos para el Distrito.
Nuestro buen Hermano Polito regresa al Noviciado Menor de Tlalpan, como auxiliar, permaneciendo dos años en esta casa, hasta que se inicia la obra de la Misión del Mezquital en 1967.
Soy hombre de esperanza, y no por razones humanas o por optimismo natural, sino simplemente, porque creo que el Espíritu Santo actúa en el mundo, incluso allí donde es ignorado.
Integrante de una nueva fundación en el Valle del Mezquital, en el estado de Hidalgo, el Hermano Polito forma comunidad con el Hno. Manuel Villalba y con el Hermano Alberto Cárabez, compañero de muchos años en el Noviciado Menor y en la Granja, Santa María. Esta fundación es una misión entre los indígenas otomíes y, constituyó realmente una aventura pues, aunque un grupo de Hermanos de la Capital estuvieron visitando y haciendo obras en el Valle, se desconocía la lengua de la población, sus costumbres y tradiciones. A favor de estos niños y jóvenes, nuestro Hermano trabajo con denuedo y generosidad, no correspondiendo los resultados al esfuerzo realizado y a la buena voluntad de hacer el bien, ya que se requería una pedagogía adaptada a la población autóctona y, sobre todo, el conocimiento amplio de la lengua. Su duración fue corta y, en 1972 cerró sus puertas.
Estando el Hermano Polito en el Valle del Mezquital, en el año 69, fue a Monterrey y Saltillo para conseguir fondos para esta obra de indígenas; tenía la esperanza de que le dieran una respuesta amplia, de acuerdo a las necesidades de la obra; visitó amistades, familiares y personas altruistas pero, tristemente, los resultados fueron muy pobres en comparación de lo esperado y tuvo un quebranto fuerte de su salud en Monterrey pero, gracias a Dios, pronto lo superó.
Una nueva etapa y una época de crisis… y testimonios
Me presento ante ti como barro fresco, para que me des forma de nuevo. Me presento ante ti como cuaderno usado, para estrenar página nueva contigo. Me presento ante ti, lleno de mí, para que me vacíes y seas tú la presencia que me habita en el fondo.
En 1972 llegó a León, no era el Hno. Polito alegre y comunicativo, estaba serio, no quería comer con la comunidad, sino que prefería tomar sus alimentos en un pequeño comedor destinado a alguna familia, cuando teníamos visitas, era asiduo visitante de las salas de cine, cosa que nunca había hecho, se le notaba sin interés y algo deprimido, en cierta forma se sentía fracasado de que no había respondido al sueño con que se inició la Misión del Mezquital.
Poco a poco fue regresando a la normalidad, volvió a sus abejas, se relacionó con los apicultores de la región leonesa, inició a participar en la vida del Noviciado Menor, funda un club de apicultura para que los novicios menores aprendieran el cuidado de las colmenas.
Algunos testimonios de antiguos aspirantes de esa época, que ciertamente no perseveraron como Hermanos, pero que el testimonio y la presencia del Hno. Polito los marcó.
“Recuerdo su gran sensibilidad para el dibujo. En cierta ocasión el Hno. Polito nos dio una clase de dibujo, que solíamos tomar con el Hermano Gabriel Caballero (Chevalier), pero esa vez no pudo, así que Hno. Polito entró al quite. Recuerdo que tomó un gran pliego de papel estraza... pero era un gran pliego, como de 2 X 2 m. Como no había espacio en el salón, nos llevó al pasillo y empezó a hacer algunos trazos con una brocha gorda... nosotros veíamos entre asombrados y extrañados que aquello pudiera tomar forma, pues él animosamente, aventaba brochazos a diestra y siniestra. Llegó la conclusión de la clase y el Hno. Polito aún no terminaba. Serena y cariñosamente (como siempre fue) nos indicó que nos fuéramos a nuestra siguiente actividad, que era deportes y, nosotros, obedientes, nos retiramos del lugar comentando en secreto aquella “cosa extraña” que el Hno. Polito estaba haciendo. Algunos dijimos “seguro nos tomó el pelo y nada más quiso entretenernos durante la clase”. Bueno, pues terminamos nuestro partido de fut, y al encaminarnos hacia las regaderas, vimos extasiados la obra de arte que el Hno. Polito había hecho. Y no es que hubiera hecho grandes arreglos. ¡Eran los mismos “brochazos” (agregó unos cuantos más) que, a la distancia le daban una gran perspectiva y podía admirarse un bello paisaje! Yo me acerqué para decirle al Hermano Polito lo increíble que resultaba el efecto y, él, una vez más, con su voz y mirada serena y cariñosa me dijo: “A veces, cuando la vida nos parece fea, sin sentido, hay que buscar otra perspectiva y verás cómo la apreciarás mejor”. Aquella clase de dibujo, se convirtió para mí, en una gran lección de vida”(7).
“Una de las primeras lecciones de vida las recibí del Hermano Polito en León; fue en su fábrica de miel, o sea con las abejas, al preguntarle si con tantos años de trabajar las abejas no se aburría. Por mi pregunta detuvo su labor, me tomó de los hombros y se sentó conmigo para garantizar que lo que me diría nunca se me olvi dara y me dijo lo siguiente: “mira, todo lo que hagas dedicado a quien más quieres jamás te aburrirá y, en mi caso, toda mi labor se la dedico a Dios, y es imposible que, dedicado a Dios sienta pereza, aburrimiento o desdén, sino por el contrario, me motiva y me da fuerza para hacerlo mejor y con mucho amor. Y agregó: que nunca se te olvide, y te darás cuenta que Él es quien nos motiva siempre; me da una palmada en el hombro y seguimos el trabajo”(8).
“Al conocer la noticia de su muerte, recordé su rostro, las lecciones de apicultura, su paciencia, su paz; del Hermano Polito recibí muchas enseñanzas, que a la fecha sigo aplicando en mi vida, sentí siempre una admiración especial por él, además de que conviví mucho con él, pues tomé el club de apicultura; esta actividad me apasionó desde entonces e, inclusive, en algún momento de mi vida exploté comercialmente esta actividad, junto con mi hermano Luis y, amablemente, el Hermano Polito se prestó a ayudarnos a comercializar la miel y darnos muchos detalles y enseñanzas en la materia. El conoció personalmente a mis padres y a mi familia; en varias ocasiones, cuando era niño, pude convivir con él antes de ingresar al aspirantado. ¡Que Dios lo guarde en su gloria!”(9).
El Hermano Polito apicultor
El fascinante mundo de la colmena y las labores allí tan meticulosamente desarrolladas: geometría de los panales, número de abejas, su estructura orgánica, división social del trabajo cautivaron su alma y fueron fuente de servicio y apostolado.
Tlalpan fue donde inició el Hermano Leopoldo su labor de apicultor, fue un autodidacta que, poco a poco se fue haciendo un experto en el
arte del cuidado de las abejas y en los secretos que tienen, fue conociendo las formas de comportamiento “ad intra” y “ad extra”, las funciones de la reina, obrera y zánganos, dentro del panal, sus virtudes y la interesante división del trabajo en la colmena, así como los productos que se pueden obtener como son: miel, polen, cera, jalea real, propóleos… las diversas épocas de cosecha y las plantas productoras de la miel, como son el mezquite, el varaduz y la producción de la floración de la hierba de otoño, etc…
La primera intención del Hermano apicultor fue proporcionar la miel para las meriendas de los Novicios Menores pero, poco a poco fue tomando conciencia que podría ser un buen negocio y una fuente de ayuda económica para las Casas de 12 Formación; con ello inicia la producción de reinas, para multiplicar los colmenares, traer reinas de Yucatán, para mejorar la especie, por otra parte, inicia la producción de la jalea real “Stella”, la cual preparaba con esmero y minuciosidad, siempre con un letrero de “registro en trámite”, el cual nunca llegó y tuvo un final triste, pues un envío de jalea, a la ciudad de Monterrey, fue confiscado por creer que era droga; se tuvo que seguir un proceso judicial, hasta que con ayuda de algunos abogados amigos, quedó arreglado, demostrándose que era jalea en lecitina, terminándose así la comercialización de la jalea real y, con el susto que se llevaron los Hermanos Polito y Alberto Flores.
La producción de miel y de colmenas fue un éxito, llegando a tener más de mil colmenas en producción, exportando la miel a Europa, en especial a Alemania. Además, inicia en León, pero en Lagos de Moreno su labor se acrecienta y ahí realizó una gran obra educativa a través de la apicultura, difundiendo y enseñando este arte del cuidado de las abejas, organiza cooperativas, enseña técnicas, da, con su experiencia, consejos y facilita que cientos de campesinos tengan una nueva actividad, que les ayude en su precaria economía. Enseñanza siempre salpicada de alguna frase o reflexión sacada del Evangelio o de la Sagrada Escritura.
En el Noviciado construye un local para la extracción de miel y, aprovechamiento de la cera, logrando laminarla y estamparla para colocarla en las alzas de producción. Ese local sirvió durante mucho tiempo para la extracción de la miel de los apicultores de Lagos y, uniendo fuerzas, lograron tener una mayor producción y mejor comercialización de la miel.
En un congreso sobre un “PROYECTO DE ESTUDIO EPIZOOTIOLÓGICO DE LAS ENFERMEDADES DE LAS ABEJAS” se le cita varias veces, tanto en el texto del estudio, como en la bibliografía del tema como: “Narro-Siller, Leopoldo, ‘comunicación personal’, o sea, fueron apuntes personales que nunca llegaron a publicarse como un folleto, pero sí aportaron datos importantes en este tópico del cuidado y salud de los colmenares. En la revista La Salle en México, octubre de 1999, se publica un artículo, en ocho partes, sobre “El maravilloso mundo de las abejas”, escrito por el Hermano Leopoldo, constituyendo el único documento que da fe de su sabiduría en el campo de la Apicultura; es una pena no haber conservado sus apuntes y haberle propuesto que publicara algunos folletos que dieran a conocer sus conocimientos, adquiridos a lo largo de años de trabajo y experiencia con sus amadas abejas.
Recibía revistas en inglés y francés, pues él estaba en contacto y al día con la ciencia y la cultura apícola. Asistió a varios Congresos Internacionales de “Apimondia”, en Francia.
El gobierno Federal, por medio de la Secretaria de Agricultura y Gana- dería, reconoció su encomiable labor, al mismo tiempo que le invitaron a llevar ponencia a Congre- sos Nacionales de Apicultura, sabiduría adquirida sí en los libros, pero sobre todo en el duro y arduo trabajo diario en los colmenares. El Hno. Juan Francisco Barba da testimonio de un homenaje y de una medalla entregada por el gobierno de Jalisco al Hermano Leopoldo (10).
En un artículo de la Revista La Salle en México Norte, el Hermano Leopoldo escribe un artículo sobre el polen, en el cual señala las ventajas del mismo, pero también es una reflexión sobre la mano providente de Dios para con el ser humano; he aquí una parte de este escrito:”Otro regalo de las abejas a la humanidad es el polen, que beneficia a la gente. ¿cuándo llegaremos a conocer ese granito de polen, invisible a nuestros ojos? Ese granito de polen, con un peso de 70 millonésimas de gramo, que lleva en sí la fuerza de la vida de una planta o de un árbol que, multiplicando sus granos seguirá brindando a las generaciones futuras abundantes alimentos. Ese granito invisible a nuestros ojos, es nuestro bienhechor.
El SEÑOR nos entrega el polen de las flores para que aprovechemos de los grandes bienes que en él encerró, y que vamos a tratar de vislumbrar parcialmente en este trabajo, ante todo, para reconocer la gloria del Señor en sus obras, agradecerle sus beneficios y aprender a emplearlos con provecho.
Las abejas, al recoger el finísimo polvillo de polen, lo reúnen y aglutinan con néctar, y forman unas pelotitas de polen, de vistosos y atractivos colores, que acumulan en sus patitas para transportarlo. …
Pero, como la Divina Providencia coloca siempre en nuestro camino algo que aliviar, mejorar o curar accidentales procesos, tuve a mi alcance vario s frascos de polen, elaborado por las abejas y, decidí experimentar en mi persona. Realmente expongo que no esperaba tan rápidos y efectivos resultados, por lo que me interesé en prestar atención y proseguir investigando.
El interés que nació en el Hermano Polito por la apicultura, ciencia en la cual llegó a ser un gran experto, fue también una ocasión de descubrir la mano de Dios, de ver en estos animalitos el amor providente del Señor y una forma de extasiarse y de llegar a un camino de oración y de sencillez mística, que le hizo caminar en la presencia del Señor y, de trasmitir, por medio de su bondad, humildad, servicio, amabilidad, la divina , tanto a los apicultores que lo visitaban como a los Hermanos y formandos que convivían con él.
El trabajo se extendió por toda la región de Lagos de Moreno y Encarnación de Díaz, en Jalisco y León, Guanajuato; llegó a tener dos vehículos y 4 trabajadores. Alcanzó a atender un volumen grande de colmenas, más de 600 (cajones, como diría la gente de campo).Ya era demasiado trabajo para su edad y para su salud.
Porque es tarde, Dios mío, porque anochece ya y se nubla el camino; porque temo perder las huellas que he seguido, no me dejes tan solo .
En los años 1997-98, el Hermano Polito sufre, en Lagos de Moreno, problemas del corazón, con todo lo que conlleva, presión arterial inestable, que más tarde provocará una embolia, que le impedirá el habla y le dejará la parte derecha del cuerpo paralizada. Inicia una etapa de dependencia y de desprendimiento, pues sus movimientos serán lentos, hasta llegar a una parálisis de sus piernas, a buscar la comunicación por medio de la escritura y la sonrisa y sus manos, que fueron el canal de la expresión de sus sentimientos y sus necesidades, su sonrisa y su rostro mostraban la alegría del encuentro con el hermano, así como la aceptación de la voluntad de Dios en su vida; siempre se mostró atento, seguía todas las conversaciones, aseveraba cuando estaba de acuerdo, la risa brotaba cuando oía una frase chusca, o algún chiste; para negar usaba sus manos y, en momentos con energía, cuando no estaba de acuerdo.
Un Hermano de la comunidad del Noviciado nos hace el siguiente relato: “Sábado por la tarde, no hay ni un alma en el Noviciado; se fueron todos a la doctrina.
Los Hermanos Polito y Barba están en la tele, viendo un juego de básquet de la NBA. Polito se levanta y me dice: voy a una meriendita, respondiéndole: al ratito te alcanzo. Como a los cinco minutos me voy y, Polito, al extremo de la mesa, sentado, me miraba, me miraba cual lechuza, pelando los ojos, pero sólo con un sonido sospechoso… la hemiplejia se había presentado: mitad del cuerpo, brazo, pierna sin ningún movimiento… además del daño del cerebro”(10).
“Nació para ser gloria de Cristo, murió escuchando su llamada”
En esta última etapa fue peregrino, ya que siempre fue un Hermano que duró muchos años en las diferentes comunidades que estuvo.
En Lagos de Moreno, al ser Casa de For- mación, no se le podían brindar todos los cuidados y es trasladado a Guadalajara,
donde permanecerá poco tiempo, al ver los superiores que en Gómez Palacio, estaba el Hermano Bautista Roberto y que tenía personas que le cuidaban durante el día y, por la noche un enfermero, se pensó en llevar a Polito a la Laguna. Es recibido con mucho cariño por la Comunidad de Hermanos; el Hermano Bautista se siente feliz y va a ser guía de Polito, habla con él, rezan juntos, le expresa las ventajas de que lo cuiden con detalles hasta, podríamos decir en detalles prosaicos, como el que usara el pañal.
Su estancia en Gómez Palacio, Dgo. fue penosa, a causa del clima: el invierno no le favoreció mucho; en el primer invierno que pasó en esas tierras tuvo una neumonía que le puso al filo de la muerte, que después de unos días de hospitalización y su naturaleza aún fuerte lo superó, pero también lo obligó a enclaustrarse en su cuarto durante todos los inviernos subsiguientes, cosa que lo aisló de la comunidad, pero la presencia del Hermano Bautista alegraba su día, éste lo invitaba a rezar; todas las tardes rezaban el oficio, largas letanías y terminaban cantando, en algunos de ellos participaba en otros sólo seguía la voz quebrada del cohermano.
A la muerte de éste queda solo y se juzga conveniente trasladarlo a Guadalajara.
En esta ciudad encontrará una mejor atención ya que el personal son enfermeras, el clima es benigno, inicia incluso terapias para buscar volverle el movimiento, logra pararse por sí mismo dentro del agua, pero fuera ya sus piernas no responden y, poco a poco su salud declina, pasa unos días en el hospital por un problema pulmonar y una pérdida de sangre en el tracto digestivo, se le atiende con esmero, recibe varias transfusiones de sangre que, generosamente aportaron los Postulantes, vuelve a casa, pero cada día su estado se vuelve más delicado y, en las primeras horas del día 2 de septiembre de 2008 tiene una crisis, se recupera, aparentemente, y pasa un día tranquilo, al anochecer vuelve la crisis, se presentan estertores y, poco a poco se va apagando; la comunidad encomienda su alma al Señor y él tranquilamente deja este mundo, tranquilo y en paz; como vivió murió.
El Hermano Polito fue un hombre de Dios, supo descubrir que la fuente de su vida era el amor, en dos dimensiones: a sus semejantes y en ellos a Dios; desde su silencio llegó a descubrir en su interior la fuente del Espíritu Divino, una fuente que nunca se seca por ser divina y que le permitió vivir con alegría las limitaciones,
contemplar los problemas cotidianos y percibir lo que realmente era importante, Fue un hombre místico, no con una mística que se retira del mundo, sino que con ella lleva a Dios al mundo.
Fue un Hermano marcado por el dolor físico, desde el accidente de su niñez y, más al final de su vida, con las limitaciones del habla y para desplazarse; otro dolor profundo, interior, que lo llevó muy dentro, fue la sali da del Instituto de su hermano Federico, para irse a Sevilla, con los Carmelitas de la Santa Faz, secta herética y separada de la Iglesia Católica ; este sufrimiento fue siempre llevado con paciencia, alegría y en un silencio profundo, pero no por eso menos doloroso.
La alegría que denotaba tu sonrisa, la atención para contestar con una seña, o asumir una conversación, en la cual tus manos participaban activas, como el más bello lenguaje, eran una muestra de tu amor a los Hermanos y el interés por la Comunidad y, en ella anunciabas, con tus obras, de tu relación con Cristo, a quien veías en tus Hermanos, reunidos en su nombre.
El alma de todo entregada a Dios debe vivir y estar animada por el Espíritu de Dios. (Colección 16,3)
El Hermano Polito fue un hombre de oración, un Hermano de gran sensibilidad espiritual, amante de la lectura espiritual. “Lui et moi” fue uno de sus libros de cabecera, además, se interesaba por leer libros sobre apariciones y revelaciones, sobre todo las referentes a la Santísima Virgen, algunas de ellas particulares, sin ser aun aprobadas por la Iglesia, pero esas revelaciones le encantaban y le llegaban a lo profundo de su sensibilidad espiritual y se transformaba en propagador. De su gran devoción a María Santísima nadie lo puede dudar, rezaba sus quince misterios, los reflexionaba y meditaba. El cultivo de sus abejas siempre estuvo unido a la oración, en voz baja o mentalmente rezaba el rosario, y elevaba desde su labor de trabajo su corazón y su mente a Dios… Los novicios del tiempo que vivió en el Noviciado en Lagos de Moreno Jal. y algunos de nosotros que trabajamos con él en las abejas, rezábamos con él mientras trabajábamos… su vista se extasiaba ante el sagrario, sus manos juntas y su actitud, revelaba su cercanía al Señor.
Cuando hablaba de la Santísima Virgen su voz era dulce, su mirada transparente, sus gestos amables invitaban a escucharlo y tomar en serio el mensaje que estaba transmitiendo.
Hombre tierno que encontró en María Santísima la fuente de su ternura, acudía a Ella con amor filial, la invocaba continuamente, en su trabajo con las abejas, entre alzas, cámaras de cría y ahumadores, siempre en sus labios estaba la oración del Ave María y, paso a paso, desgranaba el Rosario y, con qué gusto cantaba el “Prends mon Coeur le voilà”, como un acto de entrega a María Santísima; hombre de fe, de oración, de cercanía al Señor, por medio de la meditación de su palabra.
Hoy te pedimos que intercedas ante el Señor por nosotros, para que seamos Hermanos de oración, para que cuidemos del necesitado, para que sepamos descubrir la voluntad de Dios en nuestro diario vivir…
Gracias, Hermano Polito, por tu ejemplo, gracias por tu vida al serviciodel Señor como Hermano de las Escuelas Cristianas.
(1) Notice Necrologique janvier 1952 Page 319 "après une telle Passion, un tel Calvaire..."
(2) Testimonio del Hermano Víctor Pedro Córdoba, compañero de clase del hno Polito.
(3) La Salle en México II
(4) Procés- Verbal á Lafayette, La le 24 novembre 1935
(5) Hermano Lorenzo González Kipper Secretario General del Instituto..
(6) La Salle en México 1960
(7) Heriberto
(8) Fernando Cortés (
9) Gasca, sobrino del Hno Francisco De Alva
(10) La Salle en México Norte, noviembre 2008 pág 34
(11) El Noviciado Menor fue una casa que San Juan Bautista de la Salle donde recibía a jóvenes menores 15 años a los que les asigno un reglamento diferente al de los Her-manos; él mismo los acompañaba en muchos momentos. en especial las navidades y practicaba con ellos emotivamente la consagración al Niño Jesús; la fecha de estableci-miento de esta casa fue, probablemente en 1686. El Capitulo General de 1976 cambió el nombre de Noviciado Menor por el de Aspirantado.