Pensé en cómo un gesto pequeño puede hacer una gran diferencia. Muchas personas en mi entorno no suelen a veces comer debido a que están trabajando. Decidí regalar el postre que hice como un acto de amabilidad y compartir con ellos mi nueva experiencia al hacer un postre, para ello es importante mencionar que es un proyecto de la escuela debido a que a veces por desconfianza no aceptan la comida que regala la gente.
Debido a que había echo un postre planeé cuántas porciones iba a hacer y a quién se las iba a regalar. Partí 9 pedazos grandes para regalar a los trabajadores que a veces no pueden salir por su comida porque trabajan. Y pensé en que cada porción que iba a dar les iba a decir: “¡Que tengas un dulce día!” además de explicar el por qué del detalle debido a que se puede confundir con una venta de postre.
Para esta gran experiencia, primero hice el postre el cual ya mostré el procedimiento en el apartado de creatividad, posteriormente con un cuchillo lo corté y lo fui regalando a las personas que iban caminando después de su trabajo o a las personas que se encontraban en las gasolineras, debido a que ellos muchas veces no comer nada durante todo el día por estar trabajando.
Me gustó mucho ayudar a las personas, ya que algunos de ellos nos comentaron que iba a ser su primera comida del día y me gustó mucho poder sacarles una sonrisa como se ve en las fotos, además que un señor que solo vive de vender limpiaparabrisas me dijo que estaba muy agradecido porque creía que ese día no iba a comer nada, algo que me partió el corazón ya que a veces solemos ser muy injustos con las personas y es por ello que esta experiencia me enseñó a valorar la comida que tengo, ya que algunas personas no tienen nada o comen solo una o dos veces al día. Me sentí muy feliz por ayudarlos.