Los santos son testimonios y signos vivos de la presencia de nuestro Señor Jesucristo en el mundo y son dichosos porque han escuchado la palabra de Dios y permanecen fieles hasta la muerte en su amor.
Judas es un nombre hebreo que significa “alabanzas sean dadas a Dios” y Tadeo, su sobrenombre, que en arameo quiere decir “magnánimo, de corazón ancho”, le fue dado para distinguirlo y alejarlo de la sombra de Judas Iscariote, el traidor.
Se cree que San Judas Tadeo nació en Caná, Galilea, pero también se dice que nació en Odesa. Tenía lazos de parentesco cercanos con Jesús provenientes de que era sobrino nieto de San Joaquín y de Santa Ana, los padres de la Virgen María y cuando Jesús comenzó su vida pública, Judas dejó todo lo que tenía por seguirlo, para después predicar junto con Simón en Persia y finalmente, en Suanir, Persia, fue martirizado hasta la muerte.
Las imágenes religiosas dedicadas a San Judas Tadeo poseen casi siempre los mismos elementos que se relacionan con algún pasaje de su vida y en ellas se observan: la figura del Santo portando un libro que representa la epístola que escribió y que está incluida en los libros del Nuevo Testamento de la Sagrada Biblia; un medallón en el pecho con la efigie de Cristo atestiguando su parentesco con él así como el parecido físico que dice la leyenda que existía entre ambos; un garrote que es el objeto con el que se cree que se le dio martirio, y una llama sobre su cabeza que es el símbolo de la presencia del Espíritu Santo, de su fe y de su celo ardiente por su vocación apostólica.
San Judas Tadeo aceptó incondicionalmente el llamado divino para convertirse en apóstol y así entregarse a la misión evangelizadora, dispuesto a ofrecer hasta la última gota de su sangre para realizar esa sublime tarea y finalmente poder exclamar desde el fondo de su corazón y con verdadera alegría “ya no vivo yo, sino es Cristo quien vive en mí”.
La Iglesia Católica goza y proclama a sus santos con auténtica alegría, pues sin duda son ellos una clara confirmación del amor de Dios por sus hijos. Es el caso de San Judas Tadeo, quien actualmente tiene innumerables devotos en muchas partes del mundo, que agradecidos reconocen su valiosa intervención para alcanzar de parte de Dios la ayuda y el consuelo implorados.