Historia de los "Nacimientos" (Belenes) del Perú

 
 
 
Los antiguos
‘Nacimientos’
del Perú

 

 

 

 

Por: César COLOMA PORCARI

 

Presidente del Instituto Latinoamericano de Cultura y Desarrollo

 

 

 

 
En estas fiestas navideñas queremos recordar como eran los tradicionales “Nacimientos”, pintorescos e ingenuos, que con mucho entusiasmo, todas las familias armaban en sus  casas.

 

El gran artista don José Sabogal, en su obra “El desván de la imaginería peruana” (Lima, Talleres gráficos P. L. Villanueva S. A., 1956, páginas 65-70) afirma que “el ‘Nacimiento’, de antigua solera latina traído por España, arraigó profundamente en la sensibilidad criolla y también en la india y fue manantial de ternura y amor por estos lares”. 
 
 
 
 
En América Latina fueron muy apreciados los “Nacimientos”, y constituían el elemento principal de las festividades navideñas, en todos los hogares, sin importar su condición social o económica.

 

La diferencia se daba en la calidad de las imágenes, en el armado de los “pesebres” y en la cantidad de elementos de apoyo, que eran la parte más curiosa del conjunto.

 

Cuenta el maestro Sabogal que “En la sala grande de la casa (...) se alzaba el armazón, se trabajaba la escenografía escultórica (...), así como se estudiaba la ruta que llevarían los Reyes Magos, lo que permitiría moverlos después cómodamente, conforme a itinerario”.

 

Es importante resaltar que se elegía un espacio amplio, dentro de la casa, para poder armar el Nacimiento con todos los elementos necesarios para que tuviera la ambientación requerida.

 

La observación de Sabogal sobre el tamaño de las imágenes empleadas y la extremada falta de perspectiva en el conjunto, es muy importante y precisa. Cuenta él que  “El establo lo realizaban en proporción a las figuras del ‘misterio’, que siempre resultaban muy grandes en comparación con las figuritas de los campos”.

 

El resultado de ello era un conjunto ingenuo, nada académico pero muy romántico, por la gran cantidad de elementos dispares que eran colocados uno al lado del otro. Las ovejas eran más grandes que los elefantes y un pastor resaltaba por su tamaño al estar colocado junto a una casita, cuyo tejado le llegaba a los hombros. 

 

Sabogal cuenta que “Había Niños Jesús grandes, casi como de la talla de la Virgen, pero muy hermosos, brillantes, sonrosados y risueños”. Además, estaban “San José y la Virgen, de pie, en traje flamante y lujoso; atrás el manso buey y el burrito tradicionales; en la parte alta, una cinta azul con las palabras ‘Gloria in excelsis Deo’, sostenida por ángeles con las alas desplegadas”.

 

Algo muy curioso y a la vez ingenuo era que el Niño Dios, como lo decía Sabogal, muchas veces era muy grande, casi del tamaño de sus “padres”. Tal vez, lo que se buscaba era darle más importancia, como “Hijo de Dios”, aunque resultaba un gigante al estar junto a la Virgen y a San José.

 
 
 
 
El punto focal del “Nacimiento” era el “pesebre”, llamado también el “portal de Belén”, y alrededor de éste se construía una escenografía más o menos bien lograda, dependiendo del gusto de sus propietarios. Se levantaban cerros, con telas ordinarias, se incluía algunas plantas naturales o artificiales e inclusive se formaba pequeñas lagunas con agua natural. Quienes no podían hacerlas se contentaban con utilizar un espejo, sobre el cual colocaban patos y cisnes, como si nadaran allí. 

 

Estas montañas de artificio estaban pobladas por ovejas, de todos los tamaños, así como de pastores y algo muy importante, construcciones de apariencia ruinosa, aquí y allá.

 

Sabogal dice que “todos, cuando niños, hemos intervenido en la realización artística de esta obra casera y espontánea del ‘Nacimiento’. Hemos explorado nuestra propia campiña buscando los elementos que ofrece la naturaleza, para la composición del gran paisaje; hemos modelado figuras de arcilla, confeccionado iglesitas y chozas indígenas. También remedábamos una bravía peña o un lago con patitos tornasolados o praderas con rientes sembríos de trigo o de cebada. Hemos construido caminos, puentes y también vías férreas. Las niñas vestían a las indiecitas de pasta y confeccionaban, con maderitas y algodón, abundante ganado lanar”.

 

Algunas veces, cuando existían mayores recursos económicos o más entusiasmo, se recreaban, dentro del “Nacimiento”, diversas escenas de la historia sagrada, como la Anunciación, la huida a Egipto o a Adán y Eva en el paraíso terrenal.

 

Lo que debe haber sido muy atractivo para los niños de antaño es, como lo afirmara Sabogal, que “En el ‘Nacimiento’ funcionan elementos e invenciones de todos los tiempos, una locomotora saliendo de un túnel, un puente metálico (...), lindas figuras antiguas en piedra de Huamanga o en madera y pasta al lado de las feas producciones de la industria, de celuloide o de goma. En un ambiente frondoso, con pavos reales y leones, están nuestros primeros padres Adán y Eva, al pie del legendario manzanero con la astuta serpiente enroscada a su tronco”.

 

Estas figuras, en muchos casos, son de muy buena calidad artística y fueron elaboradas en diversos lugares del Perú, como Lima, Huamanga, el Cuzco o Arequipa, por artesanos dedicados a la imaginería religiosa.

 

Aún individualmente, estas imágenes, muchas veces, son verdaderas obras de arte, y fueron fabricadas en maguey, madera o pasta, algunas acabadas con tela encolada e inclusive con cabello natural.

 

Las imágenes de los Reyes Magos eran notables, también. Se acostumbraba hacerlos montados a caballo, con trajes lujosos de un estilo que podríamos llamar musulmán. También se los fabricaba de pie o arrodillados. De esta manera el dueño de casa podía escoger entre todos estos modelos. 

 

A veces, cuando el “Nacimiento” era muy grande, se utilizaba las imágenes de los Reyes Magos montadas a caballo, para ponerlos lejos del “pesebre”, en los cerros que habían hecho, en actitud de dirigir su marcha hacia donde estaba el Niño Dios. Estas figuras las hacían avanzar conforme pasaban los días, como ya se ha dicho.

 

Cuando ya se acercaba la fiesta de la Epifanía y los Reyes Magos a caballo ya habían llegado al “portal de Belén”, eran retirados del “Nacimiento” y reemplazados por las imágenes de pie o de rodillas, que eran colocados junto al Niño Dios.

 

Sabogal cuenta que “El día 6 de enero, la argentada estrella guiadora se había detenido en el cielo, sobre el pesebre. Las cabalgaduras, sin sus jinetes, se encontraban a reverente distancia y los Reyes Magos, envueltos en sus brillantes ropajes orientales, de rodillas, ante el Niño Dios, le ofrecían, en brillantes redomas, las simbólicas ofendas traídas de sus misteriosos países”.

 

El maestro Sabogal afirma también que “Toda familia criolla conservaba celosamente las figuras básicas del Belén, el llamado ‘Misterio’, San José, la Virgen y el Niño Jesús. Una rivalidad amable existía entre las familias, creyéndose poseedoras cada cual del mejor ‘Misterio’ de la villa; otras se enorgullecían de poseer los mejores Reyes Magos y, otros, de ser propietarias de las más lindas y numerosas figuras de nacimiento”.
 
 
 
 
 
Muchas veces se tenía los “Nacimientos” instalados en bellas urnas de espejos o de madera tallada y dorada. En ese caso, se lucían permanentemente en las casas, y no solo en los meses de diciembre y enero.

 

Existían hábiles artesanos que fabricaban estas urnas, en diversos lugares del Perú, siendo tal vez las más vistosas las cubiertas con espejos, cortados de diversas formas.

 

Dentro de las urnas se armaba el “Nacimiento”, teniendo como punto central de interés al Niño Dios. Otras veces se lucía únicamente un gran “Niño Manuelito”, que es como se llamaba, en algunos lugares del Perú, a la imagen del Niño Jesús.

 

Dentro de las urnas se ha conservado mejor las imágenes, su vistoso vestuario y las joyas, ya que, por estar dotadas de vidrios, no permiten el contacto con la intemperie ni el polvo del ambiente.

 

Actualmente los “Nacimientos”, generalmente, están compuestos por ordinarísimas y endebles figuras de yeso, vaciadas en moldes y pintadas con los colores más antiestéticos. Además los arman en una especie de cuevas fabricadas pon papeles salpicados de verde y marrón, con los que hacen unos enormes y horribles armatostes. 

 

Es muy lamentable, por ello, que exista hoy una diferencia tan abismal con la antigua producción artesanal peruana.

 

Felizmente en el Cuzco y en Huamanga, algunos artesanos han continuando elaborando la imaginería religiosa tradicional, con los mismos materiales y dándoles un acabado algo semejante al tradicional.

 

Ojalá estos productores tuvieran más apoyo y más compradores, para que no olviden sus técnicas ancestrales, que forman parte del acervo cultural del Perú.   
 
 
(Publicado en "Voces", Revista Cultural de Lima, año 9, N° 35, Lima, 2008, páginas 48-51).
 
 
  
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